Con el fallecimiento del dictador Franco en 1975, se inauguraba una época de ilusión y cambio en España que hacía imaginar un devenir de tiempos mejores. La industria musical y el ámbito que la rodeaba no quería desaprovechar la oportunidad de equipararse al resto del mundo en cuanto a organización de grandes festivales como fueron el de Woodstock o la Isla de Man. Los jóvenes querían vivir en primera persona lo que habían visto por la televisión o en el cine. Lo que deseaban eran grandes festivales en torno a grupos de rock, y es aquí donde aparece la personalidad de un peculiar individuo nacido en León.
Hablar de José Luis Fernández de Córdoba es hablar de los comienzos del rock en España. Desde el primer disco de Miguel Ríos (Mike Ríos por aquel entonces) ya se codiciaba como “manager-representante”. Por allá a los comienzos de los años setenta intuyó que la revolución musical de esa época sería el rock, y más concretamente la música progresiva que apadrinó en sus labores como representante de Máquina y Smash. Se trataba, sin duda, de un “personaje” muy peculiar, de frondosa barba y pantalones acampanados de la época. De no ser por él, los primeros festivales de música multitudinarios en nuestro país no habrían salido adelante.
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Como continuación de las “Primeras 15 Horas de Pop Ciudad de Burgos” de 1975, se organizó en León el “Primer Enrollamiento Internacional del Rock Ciudad de León” el 26 de junio de 1976, tratándose así del primer gran festival en España tras el fallecimiento del dictador y el primero también de temática rockera. Si bien en anteriores festivales se había disfrutado de la música rock, no fue sino en León donde todo el cartel compartía estilo, dejando a un lado a cantautores, orquestas y grupos pop. Fue J.L. Fernández junto a la revista Popular 1 y el Ayuntamiento de León, que aportó un millón de la época de las antiguas pesetas, quien con sus enlaces y contactos en el mundo del rock, y un gran interés demostrado en la organización, consiguió el mejor cartel posible de grupos nacionales de rock de ese momento.
Iceberg, Triana, Bloque, Pau Riba, Brakamán, Flamenco, Traidor Inconfeso y Mártir, Coz, Atila y Asfalto pusieron las notas y acordes nacionales del festival, que hicieron las delicias de los cuatro mil asistentes que pagaron 350 pesetas por sus entradas (no todos, claro está, que siempre hay quien aprovecha un descuido de la seguridad en los accesos al recinto). Lo de “internacional” del cartel fue por la asistencia de la cantante alemana Nico, afincada en Ibiza en aquellos tiempos. Y es que aunque hubiera formado parte de la Velvet Underground de Lou Reed, su actuación no duró más de un cuarto de hora ante los abucheos del público y algún que otro lanzamiento de vasos de cristal sobre el escenario, por lo que tuvo que salir del mismo por la puerta trasera. Su voz tenue, plana, apagada y acompañada tan sólo de un pequeño teclado, contrastaba en demasía con el rock sinfónico y melódico del resto del cartel. Estaba claro que era algo extraño comparado con el resto del programa.
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Los asistentes al festival disfrutaron de más de 12 horas de rock en el Palacio Municipal de los Deportes de León. Todo con la tranquilidad de que el tío “Paco” no iba a molestar más. De ahí que los corrillos de hippies en el suelo proliferaran por todo el pabellón, cada uno de ellos acompañado de su nube particular por las sustancias allí fumadas, y es que el hachís y la marihuana eran las consumiciones preferidas de los jóvenes del momento, saltando al LSD los más atrevidos o pudientes para obtenerlo. Por eso la prensa de esos días calificaron a León como la “capital de la mugre”, como hizo el Diario de León. Todo lo contrario que en festivales anteriores, no toda la prensa defenestró con malas palabras al evento. “El enrollamiento fue un éxito” fue cabecera de algunos pequeños diarios locales y regionales, aunque sí se reconocía la existencia de una docena de detenidos por consumo y tráfico de drogas.
Tras la huida de Nico del escenario, nuestro héroe particular J.L. Fernández de Córdoba salió al escenario con micrófono en mano y gestó de su voz el grito más deseado para los asistentes del festival: “¿Qué pasa, queréis rock, queréis rock? ¡¡Aquí tenéis rock!!». Ese grito ha saltado épocas y sigue siendo un ideal y un modo de vida para muchos que ni siquiera habíamos nacido en aquel entonces. Y es que el Primer Enrollamiento fue eso, el primero, la génesis del rollo del rock nacional. Pero no todo el mundo lo entiende …..


