The Black Crowes sobrevuelan el cielo de Madrid rememorando íntegro su magnífico debut, Shake Your Money Maker
Cálidamente a la hora a la que nos habían convocado, los jóvenes neerlandeses DeWolff hacían acto de presencia abriendo con Night Train, y menuda presencia en el escenario del Wizink Center de Madrid. El trío llena el escenario, Luka van de Poel a la batería, su hermano, Pablo Van de Poel a la guitarra y voz y Robin Piso a los teclados y la voz, componen la esencia de esta sorprendente formación.

Su rollo es tan inconfundible como incomparable, vintage hippie, retro, psicodélicos, de alma negra. A pesar de su juventud han sido muy prolíficos desde que comenzaron su ascendente carrera allá por el 2008, y muy originales Tasca Tapes, su anterior trabajo, se dice que fue grabado con un simple sampler mientras giraban en la furgoneta. Gran progresión en su música, su último trabajo largo Wolffpack, así lo confirma.

Pablo demostró su cariño por nuestro país, el cual visitan a menudo, dando rienda suelta a sus conocimientos del castellano presentando a Robin como grandes pelotas de fuego. Arriesgando en los solos e interactuando con un público que tardó algo en llegar, pero llenó el palacio de buen ambiente setentero, acabó subido al órgano a lo divo absoluto.

Nada de estrés en su oferta, mucho órgano que llenaba los solos. recuerdan a Bee Gees a veces en los tonos y en la apariencia. El planteamiento es todo un zasca para quien dice que no hay futuro ni vuelta al pasado de calidad. Anunciaron su vuelta por aquí en febrero, habrá que estar pendientes.
The Black Crowes
Era el año 90, mi mejor amiga y yo ahorramos para comprar vinilos a medias, esta vez le tocaba a ella elegir, The Black Crowes, Shake Your Money Maker, hubiera preferido otro, recuerdo que ni me lo grabè en el cassette que también compramos a medias. Poco a poco me convencieron y los pájaros volaron bastante por mi cabeza. Unos años después, nos hemos encontrado a lo grande.

Una jukebox protagoniza el preludio del show en una barra de bar en la esquina los músicos toman algo en modo relax Su rock sureño tirando a blues en la oscuridad no parece pasado de fecha, su tenacidad ha podido con sus diferencias y los hermanos Robinson siguen aunando masas en pos del arte Un paraguas llevado con clase por Chris rompe nuestros esquemas, y todo empieza.

El especial setlist evidentemente fue adaptado para la ocasión, a pesar del retraso en la celebración por culpa de la pandemia, los congregados, sentimos el homenaje como si fuera hoy. Tocar un álbum entero tiene sus riesgos, mantener la tensión en todos los temas está al alcance de pocos discos largos.

El sonido delante, funcionó bastante mejor que por la parte final de la pista, y extrañó que al final del concierto aparecieran un par de acoples no esperados, el resto, fue pura seda. La banda que arropa a los hermanos Robinson es tan compacta como discreta, Sven Pipien al bajo, Isaiah Mitchell a la guitarra, Joel Robinow a los teclados y Brian Griffin a la batería.

Las guitarras tienen un importante papel, si eres músico, habrás flipado de ver el despliegue de modelos y las distorsiones creadas con cada uno de ellos, buen sonido para llegar a entender cada nota esculpida por Rich.

Chris por su parte a veces parece aquel chico de pueblo buscando fama por bares de la candidez que expresa al entonar con sus gestos y la energía que le pone al asunto sin dejar atrás una presencia escénica que solo puede dar el paso de los años, ni un pero a su nivel vocal. Pasamos a los temas del disco protagonista.

Twice as Hard es tan escurridiza y sibilina como en el disco, Jealous Again puso la pista del palacio a bailar cual bar de carretera. La rigidez del setlist peligraba, Sister Luck, una pronta balada, podía romper el ritmo, pero Could I’ve Been So Blind compensa. La armonía de Seeing Things cuadró por ese piano y la lima vocal de Chris arropada a lo gospel por ese coro, Madrid fue blues por un rato, melódicamente espeluznante

Mi cabeza dio la vuelta virtual a ese mítico vinilo para dejar caer ese éxito que tanto juego de palabras ha dado, Hard to Handle, perfecto, nos volaron la cabeza literal. Thick n’ Thin a lo ZZ Top me recordó que esta cara B me llenaba más y es que quien se resiste a She Talks to Angels, hay canciones eternas y etéreas, y luego está esta genialidad. Stuttin´ Blues nos devuelve las pulsaciones requeridas en un show de rock. Esta parte del concierto llegaba a su fin, evidentemente con Stare It Cold, aquello era todo menos frío.

Chris nos amenazaba diciendo que ya que había agitado el disco demasiado y ahora tocaba agitarse de otra forma, privilegiados, pudimos disfrutar de un poco más de su encanto, de regalo tocaron la versión Papa Was a Rollin Stone. Los acompañan dos coristas que dan un toque gospel a la parte más hard. La armónica de Chris es hipnotizante, no entiendo como no se usa más.
Llegaba la parte improvisada o libre del concierto. Durante la gira han jugado con los temas de fuera del disco homenajeado, pero Wiser Time, Thorn In My Side, Sting Me y Remedy se han mantenido fijos por necesarios. Las teclas sensualizan Wiser Time, Chris arrastra estrofas con desgana. Para la espinosa Thorn In My Side tiramos de órgano, sensibilidad y lo que haga falta para rematarlos. Remedy alivia los males del fin del concierto con la presencia de nuevo de ese coro femenino.
Volvieron en nada para cerrar con otra cover clásica y especial, Rocks Off, magistral final con un Chris despojado de su chaqueta y camisa luciendo una sudorosa camiseta. Las caras de quienes llenamos el palacio, lo decían todo.
Que interactúan poco, puede, que eso no influye en la atmósfera que rodea al resultado, cierto. Cuánto hay de amor entre hermanos y cuánto de negocio, eso ya es para otro debate. Esto no es un remake del bueno el feo y el malo, sino una exaltación de buena música y una celebración de algo que fue importante y merece su momento de culto compartido. Sueño cumplido, disfrutar por completo de uno de los discos de nuestras vidas.







