Reseña : Bunbury – “Expectativas”

Hablar de una figura como Enrique Bunbury exige de una constante contextualización. Su extensa carrera tanto en solitario como en Héroes del Silencio ha parido más de 13 álbums de estudio, por no hablar de los incontables discos en directo y recopilaciones que tiene también en su haber. Me cuesta encontrar en España una figura que a la edad de 50 años tenga una producción similar, tan extensa, convincente y con tanta repercusión.

El maño ha sido y es un culo inquieto, un torrente de creatividad que no se conforma nunca con ser condescendiente con un sector de su público -realmente conservador y a veces fanático, en mi opinión- y siempre hace suyo eso de ir hacia adelante. Quizás lo que menos sorprenda actualmente de él sea precisamente eso: con Expectativas no iba a ser menos.

Expectativas suena actual y contundente en lo musical. Y muy comprometido en lo lírico. Los Santos Inocentes suenan cada vez más compactos y creíbles. Bunbury ha conseguido reunir una banda de rock con personalidad y no una asociación de mercenarios musicales sumisos. Y eso se nota , y mucho, en el resultado final.

Bunbury

La apertura del álbum con La ceremonia de la confusión es realmente majestuosa, con uno de los mejores temas que ha facturado en años y con un texto verdaderamente desolador. La contundencia de la batería de Ramón Gacias es una constante en todo el álbum. Los sintetizadores de Jorge “Rebe” Rebenaque y las capas sonoras de producción exquisita también nos avisan de que Bunbury está en medio de una nueva etapa que comenzó con Palosanto y que le aleja de la anterior de rock con raíz americana. Atrás quedó la producción orgánica de El tiempo de las cerezas, Hellville Deluxe y Las consecuencias, por no hablar del cabaret , los sonidos mediterráneos o los guiños a sudámerica, sonoridades con los que nos deleitó con su anterior banda El Huracán Ambulante y que han dejado una huella imborrable en su extensísima discografía.

Pronto advertimos que Los Santos Inocentes tienen dos nuevos miembros. Erin Memento a los coros y Santi del Campo al saxo. Éste último tiene un papel crucial en todo el álbum, con momentos en los que es realmente protagonista, dotando de ambientes freejazz en algunos solos verdaderamente frescos y novedosos. Inevitablemente me viene a la cabeza Blackstar de Bowie, tanto por la sonoridad como por la producción. Estoy seguro de que la (artística) muerte de “El Duque Blanco” ha influenciado el concepto estético y sonoro de este disco.

Otro contundente ritmo de batería da comienzo a La actitud correcta. No tengo claro si Bunbury dedica el irónico texto a algún grupo de la actualidad o simplemente recuerda algo que le dedicó parte de la crítica musical en su día (y que registró también de forma satírica con Héroes del Silencio en el artwork del imprescindible Senda 91). Las concretas y pulcras guitarras de Alvaro Suite y Jordi Mena abren Cuna Caín, cuyo texto parece retratar la realidad que está atravesando España en este momento. Nos hace reflexionar sobre la posibilidad de que forme parte de la idiosincrasia de los que la habitamos. Es en Bandeja de plata donde el mensaje enojado de “Expectativas” cobra más contundencia: “nada ocurre por casualidad, no puede un retrasado mental estar al frente de todo”. Parece que el aragonés errante no está en un momento de introducir sus inquietudes con paños calientes. Y, sinceramente, se agradece. Parecemos tontos es uno de los momentos álgidos del largo. Con un pulso más soul, una instrumentación mucho más orgánica, Enrique consigue una interpretación a la altura de sus mejores momentos expresivos. Se despacha con uno de los temas que seguro que va a formar parte de los más memorables e imprescindibles del cancionero del maño.

 

Lugares comunes, frases hechas suena a indie de estadio en lo musical, con un mensaje mucho más crítico del que acostumbra este estilo, y constituye el ecuador de Expectativas. Es En el filo de un cuchillo donde la temática de las canciones empieza a ser más reflexiva y personal. Este tema recuerda mucho a las aventuras que experimentó Bunbury junto a Shuarma, Morti y Carlos Ann en Bushido, ese pedazo de disco de culto que trataron – injustamente – como obra menor. El texto de Bartleby (mis dominios) parece estar basado en “Bartleby, el escribiente”, de Herman Melville, junto a algunas reflexiones personales sobre la posibilidad de disfrutar del retiro, de la desconexión y de la dedicación absoluta a la contemplación. Parece buen plan, la verdad. El bajo de Robert Castellanos conduce el desarrollo de Mi libertad, introspectiva canción con uno de los mejores solos de la acertada aportación de Santi del Campo a “Los Santos Inocentes”. El momento más “baladista” del disco lo constituye La constante, canción que parece estar sacada de las sesiones de Las consecuencias y que contiene una “consciente y libre” declaración de amor. Cierra magistralmente Supongo, una atípica canción con desarrollos que te llevan por pasajes progresivos y que a un servidor le han recordado a los últimos Standstill de Enric Montefusco.

En definitiva, Enrique Bunbury vuelve a mudar de piel de la mano de su magnífico estado personal y de su banda. Es posible que sus mejores momentos creativos ya nos los haya ofrecido y, pudiendo perfectamente acomodarse en un personaje y repetir una y otra vez fórmula, decide que su marca personal siga siendo dar saltos hacia adelante. Seguimos apreciando un mimo especial por el oficio del compositor de canciones y del productor de discos. Gracias por tanto cariño.

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