Una legión de seres en estado terminal repta entre los escombros de lo que antaño pudo ser un barrio cualquiera. Ahora solo quedan edificios en ruinas y personas envueltas por la bruma de la miseria y la metanfetamina. Son los fantasmas que nadie quiere ver. Estamos en el corazón del capitalismo tardío, en New York, en la cara oculta de la ilusión del progreso.

Methods of Human Disposal, primer disco de los neoyorkinos Gravesend, es la banda sonora de este abismo post-capitalista. Una tremenda sacudida sonora impregnada de odio y desesperanza, en la intersección entre el grindcore y el black metal. Gravesend saben que para narrar paisajes oscuros no necesitan bosques fantásticos o imágenes tolkinianas. El infierno es real y convive con nosotros; el infierno es el material del que están hechas las pesadillas de la ingeniería social. En una onda muy black, su música destila rencor y perdición pero también mugre cosmopolita.

Desde un punto de vista estilístico, el sonido de Methods of Human Disposal está en algún lugar entre el The Return… de Bathory y el Scum de Napalm Death. De una propuesta así solo podéis esperar malsanos riffs con esencia hardcore crust, empaquetados en un áspero y oscurísimo envoltorio. A su vez, las composiciones siguen los patrones del grindcore: ráfagas de blast beats, breakdowns con cierto sentido del groove y vuelta a empezar. Sin piedad. Y, por supuesto, casi ningún tema pasa de los 2 minutos. Pese su intensidad, la música de Gravesend es esencialmente primitiva y, por ejemplo, los blast beats no son ultraveloces sino machacones, generando un ambiente más de maldición que de catarsis. Methods of Human Disposal es un disco exultante pero al mismo tiempo agrio hasta los tuétanos. Es el rencor escupiéndonos en la cara desde la cara oculta.

Tanto si eres de grindcore como de black metal, este disco es una apuesta segura. Y si te gustan ambos géneros te llevas extra bonus, doble gustazo. Es la magia del crossover. Porque esto es grindcore de alto voltaje cargado de oscuridad y mala leche, pero también es un black metal especial, más deudor de la primera ola que de la segunda, más cercano al punk que al heavy metal. Es como si Quorthon hubiese cambiado a The Exploited y GBH por Extreme Noise Terror en sus influencias. Por mi parte, no puedo pedir más. Este pepinazo va directo a mis favoritos del año.

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