Charlando con la cabeza pensante de este proyecto, surgió una idea que nos llevaba al objetivo de que esta reseña no debería ser simplemente publicar por publicar sino concienciar, ayudar y transmitir una sensación de acompañamiento a personas con problemas de salud mental. Lo que equivale un poco a su nuevo disco grabado en Moontower Studios donde se comenzó a grabar en septiembre de 2023 y aunque todavía no se haya plasmado del todo por escrito la intención está ahí para esperar a ser desgranada poco a poco.
Hablamos con una persona que sufrió varias depresiones y trata de plasmarlo en su música. Vestiges trata de eso, antifascistas en cuanto a perspectiva personal. Las letras no tratan de antifascismo ni hay una visión política de por medio sino sobre salud mental. Se consideran antifascistas y reivindican que no se debe dejar a los fascistas apropiarse de lo que nunca ha sido suyo (el black metal) y esto es un llamamiento a que están abiertos a colaboraciones futuras con artistas del género.


Cuatro temas y tres instrumentales componen el disco pero se hace notar muy bien que se pueda apreciar la aparición de mellotrones, arpas, arcos, cuencos tibetanos entre otras cosas que dejaré en la incógnita. Para fans de la nueva ola de las últimas dos décadas de black metal como Deafheaven, Agriculture, Heretoir, Austere, Turia o Emperor de inicio de los 00’s.
El interludio titulado In Perpetuity nos da a entender que a veces llegamos a un punto en el que no recordamos cómo empezó todo y es porque la memoria nos protege. Representar lo que se ha perdido es muy difícil. Esta pieza nace de una breve letanía inspirada en la narrativa cristiana del fin de los tiempos formada por dos versos que no entraron en la canción siguiente del disco.
Se añadió al álbum de forma espontánea durante la grabación. Al descubrir que faltaba una introducción, los instrumentos ya estaban grabados, así que solo se pudo usar voz, guitarra acústica y teclados. Esta limitación llevó a potenciar la atmósfera ambiental del disco. El resultado final incluye casi cuarenta pistas vocales interpretadas por sí mismo pasando por un coro de canto llano que repite los versos, mantras susurrados y gritos entrelazados reflejando el caos de los recuerdos al intentar entender cómo comenzó todo.
Vamos con Echoes of a Fading Lament que surgió en un momento de bloqueo creativo e inseguridad personal. Luis me cuenta que no se sentía realmente parte de la escena del black metal lo que alimentó ese síndrome de impostor. Las ideas eran fragmentarias y dispersas y los versos tomados de escritos antiguos se mantuvieron como pensamientos inconexos volviéndose contra sí mismo. La canción refleja un viaje emocional desde la tristeza hacia la ira y la impotencia. El cierre se distingue por un arreglo delicado de arpa y voz a cargo de una buena amiga suya, que aporta una textura introspectiva y melancólica, ampliando la expresividad de la canción.


And Then, Just Nothingness es una de las canciones más honestas del álbum. Construida a partir de textos escritos años atrás, la pieza conecta pasado y presente sobre cuando su depresión reapareció. La canción se mueve en un terreno introspectivo, marcado por la dualidad y el cansancio mental. Las letras abordan la dificultad de hablar abiertamente sobre la depresión y los pensamientos intrusivos, evitando el dramatismo explícito y apostando por una exposición contenida y directa. El tema deja espacio para otras voces las que acompañan, consuelan y rompen el silencio impuesto por el miedo y el estigma. No pretende ofrecer respuesta, pero sí abrir un espacio de escucha y reconocimiento, convirtiéndose en uno de los momentos más humanos y necesarios del disco.
In Vacuity funciona como un punto de suspensión más que como una canción al uso. Concebida cuando el álbum ya estaba avanzado, la pieza nace de la necesidad de ampliar el discurso atmosférico del disco y de entender el entorno como un elemento narrativo en sí mismo. Desde la composición se percibe una voluntad clara de no avanzar sino de permanecer. La influencia del rock progresivo más conceptual es evidente que trae recuerdos de 666 (The Apocalypse of John, 13/18) de Aphrodite’s Child se filtra aquí no a través de la forma sino del enfoque. Renuncia a estructuras reconocibles para construir un espacio sonoro donde el peso recae en las texturas. Metales que chocan y se arrastran, piedras que se desgastan unas contra otras, coros que emergen como vestigios de una liturgia olvidada.


Cada elemento parece responder a una lógica física, casi arquitectónica, como si el propio paisaje se estuviera desmoronando en tiempo real. La incorporación de los sonidos de buitres, propuesta en fases finales de la producción, añade una dimensión simbólica decisiva. Junto al canto gutural, la pieza adquiere un carácter ritual que remite al entierro celestial budista para así reforzar el concepto de vacuidad del cuerpo tras la muerte. No se trata de una referencia estética superficial sino de un gesto conceptual que conecta directamente con el núcleo temático del disco.
Lejos de ser un simple interludio, In Vacuity actúa como eje atmosférico y conceptual de Vestiges. Un pasaje incómodo, contemplativo y profundamente inmersivo que demuestra que, en ocasiones, el mensaje más contundente no se articula a través del ruido sino del espacio que este deja al desaparecer.
A Shadow Cast on the Void fue la primera composición escrita para Intraether y funciona como eje fundacional del proyecto. En ella se establece una tensión constante entre introspección y agresividad que marcará el desarrollo posterior del álbum. El tema parte de una idea inicial cercana a la balada progresiva. Las progresiones de mellotron remiten al King Crimson más temprano, pero pronto la canción deriva hacia un terreno más extremo, con blastbeats, guitarras en tremolo picking y una interpretación vocal áspera y directa. La crudeza del registro, lejos de ser un defecto, refuerza el carácter urgente y emocional de la pieza. El título sintetiza el núcleo conceptual del tema que es la sensación de invisibilidad y vacío existencial. Las letras evitan el relato explícito y se apoyan en imágenes abstractas y paradójicas que refuerzan la idea de desaparición como estado emocional.
La colaboración vocal de Amelia introduce un contraste significativo con influencias que remiten al folk escandinavo, Enya, Howard Shore y a la música ambiental, aporta una dimensión melódica que equilibra la agresividad del conjunto sin restarle intensidad. Más que una simple canción inaugural. Funciona como una declaración de intenciones, definiendo el tono emocional y estético de Intraether desde su primer movimiento.
Más que un simple ejercicio musical, Reminiscence of I se presenta como una obra profundamente introspectiva en la que Vestiges explora la emoción de la nada existencial desde múltiples perspectivas. Al final es un viaje emocional en el que los recuerdos se agolpan de forma difusa y fragmentada, como restos de identidades pasadas que aún reclaman espacio en la conciencia.
Desde el propio punto de vistadel compositor, se concibe esta pieza como un reflejo de los caminos mentales que desgastan, que conducen a la pérdida y, en ocasiones, a la evocación de lo que fue. A lo largo del proceso creativo, revive la memoria de una gloria perdida, de un esplendor pasado que ya no existe tal como era, pero que sigue dejando huella. En ese tránsito aparece con claridad la metáfora del kintsugi no como una simple exhibición de ruinas emocionales sino como un acto de reconstrucción.
Aunque la obra rinde un tributo evidente al lado más folklórico y acústico del black metal clásico, subraya que su principal influencia proviene de un lugar distinto y más íntimo: la música de Madredeus. El grupo portugués de nueva ola y raíz folk, y en especial su álbum O Espírito da Paz (1994), ha acompañado su vida desde la infancia. La melancolía y la saudade que atraviesan sus melodías, sus voces y sus guitarras marcaron de forma indeleble su sensibilidad artística y emocional, y encuentran eco directo en esta composición.


En el tramo final de la pieza, esa vivencia personal se traduce en un desvanecimiento progresivo del sonido. Los recuerdos se diluyen, las melodías se vuelven borrosas, los acordes se disuelven lentamente. Entre ellos surgen espacios vacíos donde el silencio cobra protagonismo, como si aceptaras que no todo puede ser retenido. Es una confesión sonora que lleva a un testimonio de pérdida, reconstrucción y memoria, narrado desde la experiencia vital de quien ha aprendido a convivir con sus propias grietas.
Llegando ya al final con One With The Hollow, el autor firma una obra que se adentra sin concesiones en los territorios más frágiles de la psiqué humana, pero lo hace evitando una de las trampas más habituales del black metal contemporáneo que es la glorificación del sufrimiento. Lejos de recrearse en la depresión como estética o discurso, el álbum funciona como una exploración honesta del vacío y de sus consecuencias internas.
El disco se articula como un descenso progresivo. A lo largo de sus composiciones, las estructuras se erosionan, las formas pierden definición y la música se convierte en un reflejo directo de un pensamiento en descomposición. El ruido, la disonancia y el caos no aparecen como recursos gratuitos, sino como herramientas narrativas que transmiten confusión, desgaste emocional y una sensación constante de fragilidad. Cada pasaje parece excavado desde dentro, como galerías invisibles que debilitan la superficie hasta hacerla colapsar.
Sin embargo, el autor nunca concibió este viaje como una caída sin salida. En varias ocasiones ha manifestado su rechazo a la etiqueta de “black metal depresivo”, un término que, en su opinión, suele acabar celebrando el dolor psicológico en lugar de trascenderlo. Para él, la catarsis solo tiene sentido si desemboca en liberación; de lo contrario, se convierte en una repetición estéril del sufrimiento.


Esa filosofía se cristaliza en la decisión clave que define el cierre del álbum. Relief, un breve fragmento de Mellotron inicialmente descartado por resultar “demasiado esperanzador”, terminó encontrando su lugar en las últimas fases de producción. Al recuperarlo, el autor entendió que esa pieza no contradice el discurso oscuro del disco, sino que lo completa. Tras el colapso, tras la disolución de formas y el silencio, emerge una respuesta no grandilocuente, no triunfal, pero sí necesaria. El disco no ofrece consuelo inmediato ni soluciones fáciles, pero tampoco se complace en la desesperación.
Es un trabajo que mira de frente al abismo y en lugar de romantizarlo se atreve a insinuar que incluso desde ahí puede surgir una salida. En tiempos donde la oscuridad a menudo se confunde con pose, este disco destaca por su honestidad emocional y por entender el metal extremo como un vehículo de confrontación y, finalmente, de liberación. La liberación al final es la respuesta para pedir ayuda contra los trastornos depresivos.


