The Rasmus en Barcelona: una noche para los weirdos
Cuando un concierto cambia a un recinto más grande, suele ser una buena señal. En el caso de The Rasmus, fue la confirmación de que Barcelona llevaba demasiado tiempo esperando este reencuentro después de 14 años.
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Cuando llegué a Apolo, la sala ya estaba llena. El cambio de La 2 a la sala principal había quedado más que justificado. Mientras esperaba, escuché a alguien comentar que había viajado desde Londres solo para verlos. Me hizo pensar en todo lo que puede mover una banda incluso después de tantos años.
A las 20:30 las luces se apagaron y la sala quedó en silencio durante apenas unos segundos. En cuanto The Rasmus apareció sobre el escenario, la espera se convirtió en una ovación. Hubo algo extraño y lindo en tener delante a una banda con la que muchos crecimos viendo videoclips y escuchando discos que terminaron formando parte de nuestra adolescencia. De repente, esas canciones dejaban de ser un recuerdo para convertirse en algo que estaba ocurriendo frente a nosotros.
Con Break These Chains dio inicio el set, que se compuso por 22 canciones y duro aproximadamente 1h y 30, la siguiente Guilty, mi favorita, la banda se veía muy cómoda en el escenario y también transmitían alegría de estar allí, incluso en un momento Lauri se disculpo por el tiempo que habían tardado en regresar a Barcelona. No sonó como algo que dicen en cada ciudad; más bien como alguien consciente de que había una deuda pendiente con un público que llevaba años esperando volver a verlos.
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Esa cercanía se mantuvo durante toda la noche. Entre canción y canción, Lauri compartió una anécdota sobre una visita anterior a Barcelona, recordando que había pasado parte de ese tiempo componiendo junto a su guitarra. No era una historia especialmente larga, pero sí suficiente para transmitir que la ciudad ocupaba un lugar especial en su memoria y que aquel regreso tenía un significado más allá de una parada más de la gira.
Uno de los mensajes que mejor resumió el concierto fue cuando Lauri habló sobre Weirdo, el álbum que da nombre a la gira. Antes de interpretar una de las canciones, recordó que, en sus conciertos, nadie debía sentirse juzgado porque, al final, todos somos weirdos. En una época en la que resulta tan fácil sentir que uno no encaja, escuchar a miles de personas responder con entusiasmo fue algo reconfortante. Encontramos nuestro lugar por unas horas.
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También hubo espacio para esos momentos espontáneos, En un momento una chica del publico le dijo a Eero que estaba de cumpleaños, y la banda empezó a cantarle, Entre risas, Lauri preguntó si alguien más estaba celebrando su cumpleaños esa noche y, para sorpresa de todos, varias personas levantaron la mano. «¡Qué coincidencia!», comentó divertido, Poco después, una fan consiguió entregarle una pluma negra, un pequeño gesto que el recibió con una sonrisa.
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Aunque hacía tiempo que no seguía de cerca sus más recientes trabajos, me sorprendió ver a tantas personas cantando las canciones de Weirdo con la misma entrega que los clásicos. Pues The Rasmus no se ha quedado anclado en la nostalgia. Más de dos décadas después, la banda sigue sumando nuevas canciones a la historia que comparten con sus seguidores. a juzgar por lo vivido en Apolo, todavía tienen mucho camino por recorrer.





