Y se obró el milagro: Crónica de Viva Belgrado y Standstill en el Antioxidante de Bullas

Este sábado tuve el privilegio de asistir a una de las citas más vibrantes del Antioxidante, este nuevo y acertado ciclo de conciertos que se lleva celebrando en la localidad de Bullas (Murcia) desde marzo y que llegará a su fin en diciembre de 2024.

Cuando llegamos al Centro Juvenil La Almazara de Bullas estaba probando sonido Standstill. En la puerta, donde había una barra y una terraza repleta de seguidores que esperaban (cerveza en mano) que se abrieran las puertas, sonaban también por los altavoces los de Barcelona. La fiesta temática estaba asegurada, lo cual me pareció entrañable.

Habíamos reservado para cenar en una conocida hamburguesería de Bullas y tuvimos que irnos antes de que abrieran las puertas del recinto. Esto me impidió escuchar a Donuts Hole, la primera banda de la noche y la más metalera. Veníamos escuchando su potente single La tristeza quiere matarme y la verdad es que me apetecía comprobar cómo suena el combo barcelonés en directo. Tendrá que ser en otra ocasión.

Llegamos a mitad del segundo grupo de la noche, Flyingpigmatanza. No conocía al trío alicantino y no me disgustaron en absoluto. Su potente pop ejecutado tan solamente con voz, piano, bajo y batería sonaba de lo más sugerente. El sonido era perfecto. Pude comprobar que el tratamiento acústico que había en el techo de La Almazara no era “postureo” y que el equipo de sonido instalado no era cualquier cosa. Escuchando posteriormente Los buenos momentos y Flyingpigmatanza, las dos referencias publicadas de la banda por el sello Bcore, he reconocido (o igual me equivoco) que sonaron Impulsos eléctricos y Calles y Avenidas. En cualquier caso, todo lo que sonó conectó con todos los que acudimos esa noche pues andábamos de lo más “disfrutones”.

Tras algunas visitas a la barra, donde pude comprobar que realmente habían precios populares, empezó uno de los platos fuertes de la noche: los cordobeses Viva Belgrado. Tras unos psicodélicos arpegios de guitarra de Cándido Gálvez, comenzaron sin contemplaciones con Una Soga, para mi una de sus mejores canciones y toda una declaración de intenciones.

Se subieron al escenario para saludar a su afición, cogerla de la pechera y no soltarla en una hora de actuación. Cerecita Blues, también de su inmenso Bellavista (2020 Aloud Music), le siguió para pasar a Chéjov y las Gaviotas, la primera canción de la noche perteneciente a Cancionero de los Cielos (2024 Fueled by Salmorejo), último disco del cuarteto.

En este momento yo ya estaba completamente absorto por el sonido, que era de matrícula de honor. Y por la desgarradora forma de interpretar. Se notaba que la maquinaria del grupo no podía estar más engrasada. Esas tablas cogidas en la gira europea de la que venían son oro puro. Con la intensidad de Un relato, las primeras filas empezaron ya ser un constante “pogo” únicamente suavizado con las excelentes Júpiter and Beyond the Infinite, Ranchera de la Mina o Más Triste que Shinji Ikari, canciones que ofrecen otra interesante cara de la banda, más melódica y experimental.

Excelente concierto de una banda en estado de gracia que, en mi opinión, recoge perfectamente aquel espíritu “emocore” que tanto nos llenó hace ya más de 20 años. Los cuarentones y cincuentones que nos agolpábamos allí fuimos infectados todos por unos primeros Standstill y las bandas que venían por aquellos entonces del sello barcelonés BCore. Me alegra comprobar que esta forma de hacer música siga conectando con generaciones más jóvenes. Todo un acierto que precedieran a Standstill. Espero de verdad que se repita esta asociación todas las veces que sea posible.

Gracias al último “pogo” del concierto de Viva Belgrado, acabé literalmente en primera fila. Decidí no moverme de allí y ver de cerca la resurrección de una de las bandas más especiales e inclasificables que ha dado la escena alternativa patria. Y se obró el milagro. ¡Allí estaban otra vez Ricky Lavado, Piti Elvira, Ricky Falkner, Victor Valiente y Enric Montefusco!

La misma formación que anunció en 2015 un parón indefinido, dejándonos a muchos huérfanos de bandas referentes, abrieron su esperado concierto con Me gusta tanto, ese mantra absoluto perteneciente al último disco de estudio de la banda Dentro de la luz (2013, Buena Suerte) que nos llevó emocionados a todos de la mano. Si es que, nos gusta tanto… La enérgica Poema n.º 3, perteneciente a su primer disco en castellano (Standstill, 2004 Bcore), fue ejecutada a continuación en detrimento de las cuerdas vocales de los que nos atrevimos a seguir a Enric cantándola.

Con los ritmos alocados de La risa funesta (Vivalaguerra, 2006 Buena Suerte) todos los presentes recordamos emocionados “un pase de baile que yo me sé”. La estruendosa Adelante, Bonaparte II y la bailonga Moriréis todos los jóvenes (Adelante, Bonaparte, 2010 Buena Suerte) precedieron al primer momento realmente épico de la noche, cuando se arrancaron con ¿Por qué me llamas a estas horas?, canción esencial en la discografía de la banda que les permitió dar un más que merecido salto de repercusión nacional. En ese momento la Almazara era un único elemento.

En esta canción yo ya había retrocedido algunas filas. Aunque siempre es emocionante disfrutar a tus grupos favoritos en primera fila, suele ser el peor sitio para escucharlos, si de verdad quieres apreciar su sonido. En cualquier caso el único aspecto negativo que pude notar del concierto fue que el sonido no era tan claro como en los conciertos anteriores. Pero las canciones son más importantes que mi subjetiva apreciación y la preciosa Familia inventada dio paso a la también bella Hay que parar, canción que Enric explicó que cuando la tocaron hace 9 años, en su último concierto, les dejó cierta sensación triste y que, ahora, parece tomar otra más alegre. Con Feliz en tu día volví a dejarme la voz y, seguramente, gané una contractura en el cuello. La épica de La mirada de los mil metros nos volvió a unir a todos en un único elemento, siendo muchos conscientes de la “infinita complicidad” que supone compartir estos momentos. En 1, 2, 3 Sol, cuando Montefusco canta el mítico “gracias por venir” de la intro, se escuchó más de un “a vosotros por volver”, lo cual elevó las cotas de grandiosidad del momento. Esta canción siempre me ha parecido una danza cosaca y es imposible no cantarla a gritos.

La intensidad de Cuando y la esperanza de Canción sin fin (epílogo) dieron paso a algo que realmente no esperaba y que disfruté de forma inmoral. Cuando vi a Enric dejar su guitarra acústica, coger el pie de micro y decir que estaban muy agradecidos a la cantidad de seguidores “de nuestros inicios” que se habían acercado a Bullas a saludarles intuí que la cosa se iba a poner “hardcore”. Y… En efecto… No recuerdo el orden, pero si que se despacharon seguidas Two minutes song (The Ionic Spell, 2001 BCore) y Ride down the slape (Memories Collector, 2002 Bcore). Me vi arrastrado y absorbido irremediablemente por un “pogo” espacio-temporal del que casi no salgo vivo. Acabé aplastado contra la valla anti-avalancha flipando con lo que acababa de pasar. Millones de gracias por el guiño. ¿Cuánta responsabilidad creéis que tendrá en esto haber tocado junto a Viva Belgrado?

A esta tempestad le siguió Adelante, Bonaparte I, último y esperanzador himno que cerró el concierto. Enric, como respuesta al grito de “otra”, nos dijo que habrán muchas más oportunidades para volver a verlos, no sólo en las fechas anunciadas en festivales, si no en una gira de salas para el otoño a la que no pienso faltar.

El festival fue cerrado por una sesión de Canela Party Djs, que lanzaron una buena muestra de lo que se cocerá este verano en el festival de Torremolinos y al que me encantaría asistir.

Por último me gustaría poner en valor el hecho de realizar un ciclo de conciertos como este en una localidad como Bullas. Es una buena muestra de que la excusa “es que esto es un pueblo” no es válida. Querer es poder. Y muchas veces no se pueden hacer estas cosas porque directamente los que nos gobiernan no quieren. ¿O no?

Mis “dieses” a la organización. Y que vivan los pueblos.