La música, en una de sus muchas vertientes, posee la capacidad de servir como autoterapia. En el caso de Springsteen es algo que viene de lejos, prácticamente desde su Nebraska (1982) y en un caso más reciente en su autobiografía Born To Run que sirve de puente confesional entre el de New Jersey y su fiel público. Hace unas semanas, Springsteen sorprendía al mundo con Hello Sunshine, primer adelanto de su disco homónimo en solitario y ya veíamos en esa canción una hija de capa caída de Devils & Dust. Refugiado en la figura de héroe americano atormentado, se sirve de este disco para continuar esas confesiones, pero con cierta cojera; una mala producción y la notable carencia de la E Street Band. De acuerdo, es un disco en solitario y no hace falta que vaya acompañado del grupo, pero en ciertos momentos quizá mejor recurrir a los viejos amigos para no desviarse en el sonido.
Más cercano a un country moderno que a un folk árido, hace un recorrido de la iconografía norteamericana: bares de carretera, caballos, moteles, trenes. Springsteen quiere apartarse por un rato de esos hits que llenan y retumban en los estadios para seguir la solitaria carretera que viene siguiendo desde sus veladas en Broadway con los monólogos-conciertos nacidos a partir del libro ya mencionado. La calma precede a la tormenta y pese a que Springsteen lleve años dentro de esta calma, tarde o temprano nos arrollará otra vez con aquello que tanto disfrutamos. Desnudarse no es fácil y a él ya no le interesan las pasiones de juventud, los coches o aquellas canciones cinematográficas. Ahora lo que importa es el invierno de la vida, el paso del tiempo y como la muerte afecta al propio individuo. La muerte de Clarence Clemons nunca fue ni será fácil de olvidar y él lo sabe. Quizá Springsteen se sienta como ese autoestopista que retrata en la canción que abre el disco, Hitch Hikin’, ese que siempre lleva lo puesto y sus canciones como motivo de vida. Probablemente, una de las metas de ese disco es intentar encontrar y domar esos caballos salvajes de la tristeza, del vacío, como en Chasin’ Wild Horses para encontrar la salida del sol, la esperanza y ese empuje vital de Hello Sunshine. Otras canciones como There Goes My Miracle sirven como encaje pegadizo y a su vez como relleno pero aquí hemos venido a hablar de lo importante, del vacío que desgrana en Moonlight Motel.
![]()
Este disco ya no se trata de algo musical. Aquí ya no importan las ventas ni tan solo creo que llegue a tocar alguna de estas canciones en directo. Esto ya es algo personal entre Bruce y él mismo. Comparar este trabajo con otros icónicos como Born to Run supura estupidez. Aquí prima lo humano y lo sincero, no lo original. Quizá en un disco más elaborado musicalmente se hubieran quedado rezagadas las ideas que quiere mostrar. No tenemos a un Springsteen que pasará a la historia, pero tenemos testamento de las memorias de aquello que un día fue, y ahora, encerrado en la senectud, quiere ser voz de un silencio.


