Resulta bastante curioso ver como principal reclamo para un concierto a un grupo tributo, quizás es algo a lo que nos tengamos que ir acostumbrando tal y como está el panorama actualmente. Aunque también es verdad que tras disfrutar del directo de The Great Southern no sorprende tanto. Este grupo tributo a Pantera son unos auténticos animales con calidad y carisma suficiente como para llenar una sala y dejar satisfecho al más true metalero. Pero, vayamos por partes, porque la noche dio mucho de sí antes de que salieran los cowboys del infierno murciano.
La noche comenzaba con fuerza con Iraka que dieron un magnífico concierto con la sala aún a medio gas. Los madrileños se consideran una banda de directo y realmente lo demuestran sobre las tablas, algo que se personifica en gran parte en la figura de Rober, su vocalista, que lo dio todo sobre el escenario. Indiferente fue la elegida para romper el hielo. A partir de ahí, pudimos asistir a una buena descarga de metal sustentada por la guitarra de Santi, la batería de Charlee, la percusión de Mon y el bajo de Pablo. Temas como Status o Gritos de Ira seguían caldeando el ambiente del Garaje entre mensajes críticos con el sistema como «Porque todas las putas banderas representan muros» o un «Jódete Pedro Sanchez» mensaje de cariño al ex secretario general de PSOE que había dimitido esa misma tarde.
Fin del concierto con Rober por el suelo luchando contra sus demonios y con un público más que satisfecho con la descarga de Iraka.

Con las pilas puestas tras la descarga de Iraka, tocaba el turno de enfrentarnos a una auténtica bestia, un grupo que perfectamente podría haber sido el cabeza de cartel de la noche: Childrain. Los vascos venían presentando su último discos Matheria, publicado a finales de 2015, un trabajo que confirma la consagración del grupo.
El grupo abrió el show repasando algunos de los temas de A Fairy Tale for the Dissent su disco de 2013, como The Wolf, Confined o In Defiance Of. Desde el primer minuto se les vio muy cómodos sobre el escenario, se notan las tablas que les ha dado girar con grupos de la talla de Hatebreed, Hamlet o Soziedad Alkohólika.
El grupo gozó de un sonido atronador, lo que unido a sus potentes riffs y sus elaboradas composiciones hizo que su descarga fuera una auténtica pasada. Aunque ese plus que hace que salgas de un concierto con ganas de más, con ganas de volver a verlos en directo o de llegar a casa y no dejar de escucharlos durante una semana, ese plus es la actitud, y de eso van sobrados.
La segunda parte del concierto se centró en Matheria, comenzando con The Farewell Parade, seguida del Matheria Act I y finalizando con el Act II.
Un concierto con el que Childrain se fueron a Vitoria con un buen puñado de nuevos seguidores.

El Garaje ya contaba con una buena afluencia de público cuando salieron a escena The Great Southern, el grupo tributo a Pantera formado por miembros de bandas como Vendetta Fucking Metal, ex-Ktulu, Exquisite Pus, Achokarlos o Dark Confessions. Una buena presentación que nos indica que no estamos ante el típico grupo que vive sólo de las canciones que otros han compuesto.
Experiencia, técnica y un buen puñado de clásicos de uno de los grupos más querido del metal de los años noventa, nada podía salir mal.
Nada más salir a escena y escuchar los primeros acordes de A New Level, ya entendemos la razón de que su nombre destaque en el cartel, y 5 Minutes Alone nos lo confirma. A parte de sonar de lujo, de mantener una muy buena presencia sobre el escenario, se dejan la piel para animar el ambiente. Que la gente está fría, pues Jacob se baja del escenario para montar un circle pit con el público mientras que Carlos clava el riff de Mouth of War sobre la barra de la sala.
El grupo no se deja un clásico de Pantera en el tintero durante sus dos horas de actuación: I’m Broken, Fucking Hostile, This Love, Revolution is my Name.
Cuando ya había perdido la cuenta de los temas que habían interpretado y no veía la manera de mejorar lo visto hasta el momento, suben aún más el nivel a ritmo de guitarrazos. Probablemente unos de los riffs más míticos de la historia del metal, el del Raining Blood de Slayer, precede a Walk, directamente enlazada con un bestial solo de guitarra.
Casi las tres y media de la madrugada, el grupo se despide, pero aún falta algo. Carlos sale atabiado con un sombrero de cowboy para terminar de quemar la sala con el Cowboys from Hell.
Después de tal espectáculo, sólo me queda decir una cosa, grupo tributo así, sí!







