Reseña | But Here We Are: una elegía anestesiada para tiempos difíciles

En Nothing At All, Grohl nos grita “Now that the feeling is all gone, everything or nothing at all” y en parte este disco se siente así: para algunos lo dice todo y para otros, no lo suficiente. Después de la trágica muerte del queridísimo batería Taylor Hawkins en 2022 y, unos meses después, del fallecimiento de la madre de Grohl, But Here We Are llega como una elegía anestesiada de 10 canciones que podrían haber sido mucho más dramáticas e introspectivas; arañando la rabia y el dolor de una forma más acorde al contexto en el que han sido concebidas. Y no es que sea un mal disco –porque es bastante difícil que Foo Fighters, con incontables temas magistrales bajo el brazo, pueda sacar algo siquiera mediocre–, pero sí me ha dejado con ganas de más.

Hablar del dolor, de la pena, de decir adiós, jamás es fácil y menos si tienes al mundo entero analizando cómo transformas esa vorágine de sentimientos (que son tan inevitables como la vida misma) en arte. Grohl sabe hacer esto muy bien porque lleva hablando sobre la gran tragedia que es la mortalidad desde que formó el grupo en 1994, después de despedirse de su compañero Kurt Cobain. My Hero es el himno por excelencia que ensalza la memoria de quienes ya no están y Everlong, Walk, Home, Times Like These suenan todas desde un dolor crudo y, así mismo, a su manera, convergen en la esperanza ante la adversidad. Pero en But Here We Are, ¿dónde está el “In times like this you learn to live again”? Este disco aunque pretende ser una promesa y un tributo, se siente más como si aún no hubiese estallado el llanto, como si aún no se hubiera materializado la triste realidad. 

Quizá sea así porque Rescued abre el disco con los versos “It came in a flash, it came out of nowhere/ It happened so fast, and then it was over” y una guitarra que te trasporta momentáneamente a los acordes que tanto me recuerdan a los de But, Honestly para romper después y encontrarse en un sonido más clásico y que seguro que cogerá cuerpo en concierto. Le siguen Under You –desde un surf rock que parece sacado de los gloriosos años de la MTV y que también recuerdan a los primeros temas del grupo– y Hearing Voices, donde ya empezamos a entrar en calor, con una guitarra que sigue una línea melódica synth-pop que nos atrapa en un estado pesadillezco y la voz de Grohl reverberando en unas notas góticas que no suelen ser lo habitual en él. 

But Here We Are, la title track de este undécimo álbum, transmite toda la energía que le faltan a los primeros temas con una voz desgarrada y un sonido distorsionado y sucio que sin lugar a dudas es uno de los más propios de los Foo. La forma en la que Grohl grita el “I” en el estribillo suena casi a ruido estático, como si una televisión si hubiese quedado sin señal. Y es que conforme transcurre la canción, la energía va en aumento con la suma de los instrumentos; el bajo dándole cuerpo con unas notas que acompañan a la guitarra y batería en el verso mientras la otra guitarra va por otro lado en un punteo pegadizo. Los coros después del estribillo se sienten como ecos del propio Grohl, que le devuelve eso que tanto ansia “Patience, patience!”. La canción acaba en un estallido instrumental donde la batería se luce en un juego espectacular entre redobles y un bombo descontrolado. 

Después de la tralla que mete But Here We Are, nos quedamos con The Glass, un tema más calmado donde una guitarra acústica acompaña al principio las palabras de Grohl “Waiting for this storm to pass, waiting in this side of the glass”. Con un estribillo en una nota mucho más positiva que el resto de canciones que hemos escuchado hasta este punto del álbum, entran ganas de corearla en concierto en una euforia agridulce aunque la letra no es que sea especialmente alegre. Aunque no es una canción corta, parece que acaba antes de lo que debería, deshinchándose repentinamente el globo de emoción en el que nos hemos metido. 

La voz distorsionada de Grohl se abre paso por la segunda mitad del disco con una canción que suena más a cualquier otro grupo que a los Foo Fighters; aunque realmente no es algo malo, pues es un sonido fresco que les queda bastante bien. En Nothing At All, la progresión que nos lleva al estribillo no suena original y el tema en sí no se adentra en ningún terreno desconocido (aunque a estas alturas resulta difícil reinventarse con un sonido tan consolidado como lo tienen ellos), pero funciona. El pequeño puente instrumental antes del segundo verso es pegadizo gracias a la dupla guitarra y bajo,
pero el tema se queda un poco en la superficie y pasa algo desapercibido entre el resto. 

No suena original y el tema en sí no se adentra en ningún terreno desconocido, pero funciona

Encontramos notas de consuelo en Show Me How, una de las pocas canciones que se mantiene estructurada y que, también, evita caer en el caos instrumental que cierra algunas de los otros temas. Onírica y reminiscente, desde un sonido dulce y reconfortante, la harmonía entre la voz de Grohl y su hija Violet se siente como un abrazo cálido después de un largo día. “I’ll take care of everything from now on” cantan entre acordes pausados y que invitan a cerrar los ojos o, como la misma letra dice “Count all the little black clouds/ Please don’t worry”.

Quizá sea la anticipación que precede a un tema de tal envergadura como lo es The Teacher, pero Beyond Me se siente más interludio que canción. Con una rima versadísima, el estribillo repite “But it’s beyond me, forever young and free” antes de romper con un solo de guitarra que no termina de arrancar y que parece que le va a dar el chute de adrenalina que necesita… para simplemente acabar ahí. Pero todo lo que le falta a este tema, lo compensa el siguiente en un auténtico carrusel de emociones y sonidos que se desenvuelven naturalmente y sin esfuerzo alguno en los 10 minutazos que dura. 

The Teacher es un viaje entre las tumultosas aguas del duelo, que como todo en esta vida, no permanece en un sitio sino que va mutando y adquiriendo diferentes formas. Con un inicio sombrío y desde un lugar etéreo, una voz sinuosa pregunta “Hey, kid, what’s the plan for tomorrow/ Where will I wake up?” antes de que entren el resto de instrumentos. Este tema es especialmente contemplativo aunque juegue con los cambios de ritmos y una agresividad exponencial conforme seguimos escuchándola, pero nos invita a una reflexión sobre el mañana, algo bastante propio de Foo Fighters y que podemos ver en infinidad de temas antiguos y algo más recientes. Con los coros y la voz de Grohl mezclándose entre sí, el puente de esta primera parte se siente como un sueño febril donde las cosas escapan a nuestro control; y, entonces, no parece casualidad que se repitan las palabras “Wake up” a lo largo de la canción porque es precisamente lo que uno siente durante un duelo, que ojalá todo fuera una pesadilla y poder despertar para volver a una realidad en el que la tragedia no ha calado en nuestras vidas. 

Es un viaje entre las tumultosas aguas del duelo, que como todo en esta vida, no permanece en un sitio sino que va mutando y adquiriendo diferentes formas

Entrando en la segunda mitad del tema, los acordes reververantes de una guitarra limpia resuenan mientras unas voces distantes preguntan quién está en la puerta ahora. Pausadas y contemplativas, estas nuevas estrofas se retuercen en un bucle donde la voz principal y los coros parecen responderse, con un break instrumental progresivo que las envuelve. Grohl se despide con un adiós desgarrado sobre una batería que parece no tener fin, transicionando a la última canción del disco con un sonido distorsionado. 

Y aquí está, Rest, la culminación de la desolación. ¿Cuánto dolor puede soportar una persona? ¿Cuánta pérdida podemos retener en nuestro corazón? Quizá sean preguntas que nunca lleguemos a responder, pero lo que sí es inevitable y cierto es que nunca dejaremos de decir adiós. Esta es la canción con la que este álbum cobra sentido, como si el resto de las canciones hubieran sido un preludio, una preparación para el desmorone, para la búsqueda de esa tímida flor entre todos los escombros. Con una voz rozando el susurro casi imperceptible, como una nana que se canta al borde de la cama, Grohl repite “Rest, you can rest now”. Con los coros entrando junto con una guitarra tan distorsionada, la canción te absorve en una pequeña vorágine de sonido blanco, donde todo de repente es borroso y desconcertante pero, a la vez, de alguna forma, extrañamente reconfortante.
Sin duda, Rest es el viaje emocional por autonomasia.

But Here We Are –aunque para mí no es el mejor disco de Foo Fighters– fruto de la experiencia y de la maestría indiscutible del grupo, nos regala dos temas bastante especiales; y es que The Teacher y Rest son dos apuestas arriesgadas en tiempos en los que prima la instantaneidad y las fórmulas que funcionan. Quizá el camino que trazan hasta dejarse sentir se hace algo tedioso en algunos momentos, donde la anticipación (sobre todo si has escuchado el disco ya varias veces y sabes lo que viene) supera el disfrute. Aún así, como siempre, su música es como el tajo que sigue sangrando y esperando sanar. Sanará.