Fotos: Miriam Díaz & Álvaro Ayala
El pasado sábado 15 de julio asistíamos en Villena (Alicante) a la que fue la XII edición de la Noche Étnica de Mestizaje organizada por la asociación cultural Somos Anti Xenofobia; una jornada de música, denuncia social y solidaridad encabezada por Raimundo Amador y su Electric Band, pioneros en la fusión del flamenco y el blues. Además del sevillano durante toda la noche también pudimos contar con las actuaciones de Che Sudaka, Balkumbia, Afrikemet, The Fingertips y Rumbo, haciendo gala de ese mestizaje entre Rock, Blues, Flamenco, Punk, Ska y músicas étnicas.
Raimundo abría su concierto hacia las 01:00 de la madrugada con Pa’ Mojar y Candela, tal y como lo hiciera hace ya casi 20 años en ese gran concierto que ofrecía en Las Ventas de Madrid con la colaboración de B.B. King, Juan Perro, El Gran Wyoming, Antonio Carmona o Kiko Veneno entre otros, y que fue registrado en ese disco de directo titulado Noches de Flamenco y Blues (1998). Tras emplazarnos en el recuerdo de aquel mítico directo de la mano de algunos de sus temas más castizos llegábamos a un blues a través del cual Raimundo homenajeaba mediante sus punteos a su amigo, y una de las figuras más importantes en la Historia del Blues mundial, B.B. King, fallecido en 2015 y a quién Amador sigue recordando en cada concierto. Aprovechaba este blues para presentar a los músicos que le acompañan actualmente en su Electric Band: Humberto Girón, magnífico guitarrista que se lució durante todo el concierto con su Hamer Verde y una preciosa
Duesenberg de color rojo purpurina y que dio muestras inequívocas de su gran calidad enriqueciendo y adornando cada nota del maestro con sus ‘voicings’ e intercambiando muy buenos solos con él. Rafa Torres, muy contundente al bajo, creando y desarrollando el colchón perfecto sobre el que se expresaban las dos guitarras eléctricas, soleando de la mano de un incendiario ‘slap’ y construyendo un sólido ‘groove’ con su Duesenberg negro, que era liderado por las baquetas de un David Bao desbordante a la batería y que destiló altas dosis de ‘chops’ de funk fusión.
El concierto prosiguió con el Blues de los niños de los también míticos Pata Negra, despertando la nostalgia de muchos de los presentes, seguido de uno de los himnos de Raimundo, o al menos uno al que le tengo mucho afecto, ese Ay que gustito pa’ mis orejas del álbum Gerundina (1995), del que han salido muchos de los grandes éxitos de este flamenco-rock. Para seguir, y antes de que se diera lugar a una demasiado larga colaboración entre Raimundo y varios componentes de Afrikemet invocando a la hipnótica música tradicional africana, el combo de Raimundo nos sorprendía con una versión blueseada y funkeada del Summertime de George Gershwin, para seguir con la ‘jam session’ junto a Afrikemet y con un blues desgarrador que nos dejaba claro a todos los presentes que “ya se acabó el hechizo”.
Llegados a este punto entraba en escena otra de las colaboraciones de la noche: la nieta de Raimundo Amador, Antonia Amador, que subía al escenario para retomar el repertorio clásico del grupo al canto de Camarón homenajeando a otra de las figuras muy presente en la trayectoria musical de Raimundo Amador. Antonia permanecía en los focos para hacer los coros a su abuelo en la dramática H
oy no estoy pa’ nadie otro de los muy reconocidos temas de Raimundo.
A continuación el concierto nos sorprendía con dos ‘covers’ inauditas en el repertorio de Raimundo: una sobresaliente versión con letra en castellano del Shape of my Heart de Dominic Miller y Sting, y una ‘cover’ en inglés del Back to Black de Amy Winehouse, ambas cantadas por Antonia Amador justo antes de abandonar el escenario.
Para encarar la parte final del concierto Raimundo se sumía en un cachito de ‘solo’ flamenco conducido hacia Tío Diego y que acabó uniendo a la perfección con el genial Blues de la Frontera de Pata Negra sobre el cual David Bao construía un atronador solo de batería rebosante de fuerza y tecnicismos.
Para acabar Raimundo situaba como guindas de la noche a Patapalo y Boyeré. En “Patapalo”, salido de esas “Guitarras Callejeras” de Pata Negra, el sevillano hizo un guiño al respeto que también tiene por Lenny Kravitz, colando unos compases del Are you gonna go my way? que provocaba el ‘headbanging’ de una buena parte de los asistentes. Como colofón sonaba un maduro “Boyeré” que una vez más nos hacía añorar a B.B. King sobre estos acordes, pero que se presentaba lleno de fuerza para poner el punto final a un concierto genial, sencillo y muy variado que ratifica el muy buen estado de forma que siguen conservando Raimundo y su banda, pese a que el público echó en falta temas tan emblemáticos como “Pasa la vida”, “Yo me quedo en Sevilla” o “Gitano de Temporá”, un claro signo de que nos quedamos con ganas de más.






