El sábado 21 teníamos una cita muy especial: una nueva edición del festival coruñés 981. Con un cartel que prometía mucho y todo un día por delante, nos disponíamos a disfrutar de una jornada a la que le teníamos muchísimas ganas. Desde primera hora se respiraba un ambiente inmejorable, de esos que ya te hacen intuir que va a ser un gran día. Con este arranque, solo quedaba dejarse llevar y disfrutar de todas las bandas que iban a pasar por el escenario.

Schwarzenegger

La primera banda en subirse fue Schwarzenegger y, la verdad, un auténtico sorpresón. Con una actitud relajada, sin artificios, pero con una seguridad tremenda, resultaban hiperdisfrutables de ver. Supieron meterse al público en el bolsillo sin necesidad de grandes alardes. Aunque su set no fue demasiado largo, les bastó para calentar motores y dejar claro su calidad sobre el escenario. Son de esas bandas que, cuando terminan, te dejan con ganas de más. Nunca pensé que vería a un grupo haciendo sentadillas mientras tocaba, pero ahí estaban. Os invito a pegarles una escucha y, de paso, echar un vistazo a su web y a las portadas de sus trabajos, porque su maravilloso sentido del humor impregna absolutamente todo lo que hacen. Todo un descubrimiento.

Demenzia Sozial

Seguimos con Demenzia Sozial, y ya desde el segundo grupo era genial ver la sala con tanto público y tan entregado. Ver a bandas tan jóvenes sobre el escenario y, aun así, ofrecer un directo tan contundente y lleno de actitud es siempre de agradecer. Desde el primer tema, el público respondió con una energía brutal: el pogo se formó casi al instante y se mantuvo durante todo el concierto. Siempre ayuda jugar en casa, y eso se notó. Sonaron estupendamente y, en cuanto pasó el primer tema, todo empezó a fluir con naturalidad. Su punk rock bien saturado funcionó a la perfección. Otro grupo que fue una sorpresa en directo y que, en mi opinión, gana muchísimo sobre el escenario. Prometen, y mucho.

 

Not Yet

La siguiente banda en salir fue Not Yet, y voy a ser franco: el sonido que sacaron desde el inicio fue tremendo. En cuestión de segundos llenaron el escenario con su presencia. Se mueven con una naturalidad envidiable y, en especial, su vocalista era una pasada de ver, por la facilidad con la que conectaba con el público. Aun así, toda la banda compartía ese carisma tan orgánico que hace que tocar música parezca lo más fácil del mundo. Lo cierto es que, diga lo que diga, lo mejor es verlos en directo y juzgar por uno mismo. Su concierto, de principio a fin, fue una gozada y, en lo personal, el mejor descubrimiento del día.

 

Syberia

Tocaba uno de mis momentos más esperados: Syberia, una de mis bandas favoritas en directo. La verdad es que no sé qué decir de ellos que no haya dicho ya. Era la cuarta vez que los veía y, como siempre, fueron impecables. Su energía es arrolladora y sigue pareciéndome increíble cómo, con el primer acorde de guitarra, son capaces de llenar toda la sala. Me quedo completamente embobado, dejándome llevar por el viaje que proponen con su música. Consiguen crear algo muy emocional sin necesidad de vocalista, y eso tiene un mérito enorme. Su propuesta puramente instrumental es una auténtica gozada, especialmente en directo, donde todo se eleva aún más. Siempre habrá un hueco en mi corazón de músico para bandas como esta. Entiendo que no es un estilo para todo el mundo, pero, si tenéis la oportunidad de verlos en directo y dejaros llevar, os invito a hacerlo. Puede que descubráis una banda que os acompañe durante mucho tiempo y que disfrutéis con tanta ilusión, o al menos la mitad que la mía.

Guilt Trip

Después de un pequeño descanso y una cena rápida, tocaba ver a Guilt Trip. Fue probablemente el momento en el que la sala estaba más llena, algo que se notaba especialmente por el movimiento constante entre el público y el calor. Era la segunda vez que los veía en directo y es una banda que no deja de ganar adeptos. Y la verdad, una vez los ves, entiendes perfectamente por qué. Su música es contundente y su directo está a la altura de lo que se espera: intensidad, energía y cero concesiones. Ideal para soltar toda la adrenalina acumulada. Su vocalista, desde el inicio, se encargó de mover al público y de que nadie se quedara quieto. El sonido fue impecable en todo momento y la banda se mostró perfectamente sincronizada. Profesionalidad pura y dura al servicio de un directo demoledor. Un concierto hiperdisfrutable que dejó a la sala completamente entregada.

Fuet

Y llegábamos al tramo final con la banda a la que más ganas teníamos de ver ese día: Fuet. Un grupo que empezó con aspiraciones más modestas y que ha terminado convirtiéndose en uno de los proyectos más interesantes que me he cruzado en los últimos años. Todo en ellos está cuidado al detalle: su estética, sus videoclips y, por supuesto, su música, que desborda personalidad y carisma. Pero vamos a lo importante: ¿qué tal en directo? Pues increíbles. Poco más que añadir. Su energía es contagiosa desde el primer segundo y tienen una presencia escénica muy única. Su vocalista tiene una actitud completamente atrapante, capaz de conectar con el público de forma inmediata. Incluso se atrevió a cantarnos la intro de Doomed sin micrófono, demostrando una seguridad y cercanía brutales. Aunque no solo de un vocalista vive un grupo, la banda al completo tenía esa naturalidad, esa facilidad para meterte en su música. Compositivamente hablando, son una maravilla de hardcore mezclado con cosas (esto va un poco como con la paella), donde hay un poco de todo lo que me gusta. El directo que llevan es simplemente la guinda perfecta para una propuesta musical brillante. Un cierre perfecto.

 

 

En definitiva, una edición del 981 que dejó el listón muy alto. Buen ambiente, grandes descubrimientos y confirmaciones de bandas que nunca fallan. De esos días que te recuerdan por qué te gusta tanto la música en directo.

Fotos: Melanie Silva