Volbeat es una de esas bandas que sirven como encuentro de personas con diferentes gustos musicales tanto dentro como fuera del metal. Te puedes encontrar en un concierto desde el hardcoreta más puro con calcetines altos hasta señores con camisa que parecen sacados de un bolo de Julio Iglesias. Eso es precisamente lo genial de esta banda: son el nexo de unión de mucha gente y ya de varias generaciones.
Los daneses, con su noveno disco bajo el brazo, nos trajeron a España tres auténticos conciertazos enmarcados en su gira Greatest Of All Tours. Acompañados por las británicas Witch Fever y los geniales Bush.
![]()
La noche de Halloween hizo mella en el aforo a primera hora del Palacio Vistalegre. Se ve que los padres y madres estaban aún acompañando a sus hijos a eso de ir a pedir caramelos. Y vaya si se notó en el concierto de Witch Fever; poquita gente para el sold out que se avecinaba. El cuarteto de Manchester, como no podía ser de otra manera, salieron disfrazadas acorde a la ocasión y, la verdad que no levantaron muchas pasiones, pero lo dieron todo sobre el escenario a un volumen ingente. Ya lo decían en el Guitar Hero: el volumen nunca está demasiado alto.
![]()
Poco a poco se iba llenando la pista y algo más lentas las gradas, pero se notaba que Bush era un gran aliciente para no perderse esa cita con el metal. Comenzaron con Everything Zen, su más que mítico primer single de allá por 1995. Creo que nadie se imagina que Bush hubiera llegado donde está sin Gavin Rossdale: Virtuoso, carismático y muy pero que muy talentoso. Llevó el ritmo del concierto a la perfección hablando tímidamente en español y citándonos el verano que viene con la banda. Repasaron temas como Machinehead, Swallowed o Identity. A más de uno se nos quedó corto el concierto así que esperaremos pacientemente noticias de los británicos.
![]()
Ahora sí que sí, se ve que en este país nos gusta apurar la cerveza hasta el final antes de entrar al recinto a ver a los cabezas de cartel. Vistalegre a reventar y de fondo un enorme telón con las siluetas del cuarteto danés. Llegó el momento que algunos llevábamos esperando desde su anterior visita en noviembre del 22. The Devil’s Bleeding Crown fue el himno elegido por Volbeat para empezar esta gira y sigue sonando tan bien como en 2016. Impecable la voz de Michael Poulsen y la actuación del recién llegado Flemming C. Lund. Totalmente integrado y con gran compenetración con sus compañeros, transmitía algo poco habitual en bandas de este calibre: una sensación genuina de disfrute.
Sonaron temazos del nuevo disco God of Angels Trust como Demonic Depression o la impronunciable, con chistecito incluido por parte de Poulsen: In the Barn of the Goat Giving Birth to Satan’s Spawn in a Dying World of Doom. Los miles de personas que estábamos en Vistalegre nos la gozamos tema tras tema, bailes, pogos, coros… fue una comunión perfecta entre banda y público como pocas veces he visto.
Creo que existen varias baladas legendarias que marcan a cada generación. Podemos hablar de las más clásicas como Angie, Still Loving You en los 70s/80s algo más moderno como Nothing Else Matters o November Rain para la generación de los 90s o Snuff y With Arms Wide Open de Creed para los más dosmileros. Y, efectivamente, Volbeat ha sacado una balada que pasará a la historia: Time Will Heal. En directo fue uno de los momentos más emotivos de la noche, parejas abrazadas, manos acariciándose y alguna que otra lágrima. Todo eso aderezado por esa magnífica melodía de guitarra y esa letra tan preciosa: “Time will heal the open wounds, but the heart will always decide”.
![]()
De repente todos los asistentes aprendimos danés y nos cantamos For Evigt a todo pulmón, como no podría ser de otra manera. Terminaron con Still Counting una hora y media de conciertazo donde todo sonó a la perfección: voces, guitarras, batería, bajo y público.
Hay conciertos que te marcan para siempre, que te hacen salir con el alma más ligera y el corazón un poco roto porque ya se acabaron. Esa es la magia de la música, y en especial de Volbeat: convertir una simple noche en un recuerdo imborrable. En Madrid, la noche de brujas fue algo más que mágica y demoniaca; fue humana, intensa y, sobre todo, inolvidable.
Texto: Oliver Heras | Fotos: Beatriz Blanco
























