Bad Religion nos devuelven 45 años de juventud a su paso por Valencia.
Hay días que tienen un aura especial. Esos días en los que la noche de antes tienes esa especie de cosquilleo en la tripa similar a cuando de pequeño tenías excursión con el colegio al día siguiente. Esto, por desgracia, es algo raro y excepcional porque, cuando uno lleva años peinando canas y escribiendo crónicas, esa sensación de “otro día en la oficina” es inevitable que aparezca, por muy “chula” que sea la oficina. Pero hoy era un día distinto. Hoy tocaba ver a Bad Religion 25 años después de la última vez que los vi y era como reencontrarte con ese amor de juventud que te volvía loco en el instituto. Con una mezcla entre ilusión, incertidumbre y miedo a la decepción (que era una de las posibilidades), pues el tiempo no pasa en vano y un cuarto de siglo siempre deja marca.
Aquella última vez hace 25 años fue uno de los conciertos más especiales que recuerdo y me gusta pensar que para Bad Religion también lo fue pues, aunque están curtidos en mil batallas, siempre hay algunas que permanecen en la memoria de las grandes bandas.
Sin entrar mucho en detalles ni batallitas del “abuelo de los Simpson”, aquel día tocaban en la plaza de toros de Murcia. Se canceló por una tormenta tremenda y allí quedamos bajo la lluvia cuatro idiotas con la esperanza viva de que se pudiera hacerse el concierto. Cuando todo parecía imposible, el manager comunicó que la banda quería tocar y lo harían en una sala, siendo válida la entrada hasta completar aforo (y al resto se devolvería el dinero). Aquellos Bad Religion actuaron en la sala Gamma saliendo ellos mismos de teloneros de sí mismos, pero cambiándose los instrumentos y los roles. Recuerdo a un Greg “tocando” la batería y a Jay cantando y tocando la guitarra…
Terminada la broma, por fin salieron como Bad Religion. Cada uno en su sitio, haciendo un concierto que será recordado de por vida por los asistentes. No había seguridad ninguna, ni foso ni nada parecido, pero lo que sí había era mucho respeto hacia la banda, que dejaba subir al escenario a cantar a los fans y ellos bajaban a mezclarse con el público.
El concierto se sostenía un delicado equilibrio casi milagroso en el que todos, banda y público, éramos conscientes de que aquello era algo tan extraordinario que sólo podía funcionar con la colaboración de ambas partes y que, en cualquier momento, se podía desmadrar. Por suerte, no hubo ningún incidente y la noche acabó con parte de aquella banda en el coche de alguno, saliendo de fiesta por lo bares de Murcia y mi fiel compañero de conciertos de aquella época y un servidor viviendo esa locura en primera persona.
Esos Bad Religion son “el viejo amor del instituto”, una imagen idealizada con el paso de los años, quizá mitificada. Y, con esa imagen en la cabeza, me subí en el coche camino de Valencia, con una mezcla de ilusión, esperanza y miedo ante la incertidumbre de lo que nos íbamos a encontrar.
Al llegar, la primera sensación fue de un frío poco común para un mes de mayo. Las sudaderas de todos los grupos se agotaron pronto en los puestos de merchan. El recinto tenía un acceso cómodo, con parking vigilado al lado de la entrada. La organización excelente por parte de HFMN Crew, donde todos los grupos que formaban el cartel tocaron con puntualidad. Buen sonido en líneas generales, menos cuando soplaba el viento gélido racheado que “se llevaba el sonido” a ratos. Pero, evidentemente, de esto no tiene culpa nadie, es algo inevitable que puede ocurrir en conciertos al aire libre y es uno de los mayores miedos de técnicos de sonido. Pese a ello, ponemos un notable alto en cuanto al sonido.
Belvedere
Los canadienses Belvedere eran los encargados de abrir el cartel. Con el sol directo sobre sus rostros, supieron aprovechar cada uno de los treinta minutos de actuación de que disponían. Nos supo a poco para un grupo que en su día estuvieron muy presentes en los históricos Vans Warped Tour que recorrían USA y Canadá a finales de los 90 y que seguíamos con cierta envidia desde España por la MTV tristemente caída en desgracia.


Una banda sólida, muy técnica y muy limpia en la ejecución. Algo nada fácil cuando el metrónomo va en modo taquicardia. Una gozada para el disfrute de los “madrugadores” que estaban a primera hora por la Marina Norte de Valencia.


Two minutes for looking so Good, nunca fue tan premonitoria una canción, en esta ocasión no fueron dos minutos. Fueron treinta, pero se les vio bien. ¡Muy bien!
CRIM
Han pasado unos pocos años desde que vimos a Crim abriendo para Toy Dolls. En su día, las sensaciones fueron muy buenas y, a tenor de lo que hemos visto hoy, la banda ha crecido todavía más. Suenan a gran banda y es que Adri, Quim, Marc y Javier se conocen a la perfección y en el escenario se ve esa complicidad que hace que todo vaya rodado.




En Crim hay sitio para todos. No vienen a repartir Carnets de Punk (su nuevo sencillo) como hacen algunas bandas de la escena que juzgan a ver si eres lo suficientemente punk o no. Crim suenan frescos, “duro y a la encía” como dirían mis queridos Def Con Dos. No cabe duda de que en Tarragona el punk rock es tan bueno como en cualquier punto de la hwy1 californiana. Inexplicablemente, en algunos puntos de la geografía peninsular se les reprocha que “cantan en catalán”, como si eso fuera un problema, mientras se encumbra a bandas que cantan en “inglés” y la mitad de los fans no entienden las letras de las canciones en inglés y acaban cantando el “huevos con aceite”. Qué país, qué paisaje y qué paisanaje, que diría Unamuno. De Rammstein hablamos otro día… En resumen, gran concierto de unos grandes Crim.
Strung Out
Strung out, la banda californiana del condado de Ventura, llevan dando caña con su punk rock con toques thrash made in California desde 1989. Once discos a sus espaldas son garantía perfecta de que saben lo que llevan entre manos, luchando en un estilo donde hemos visto aparecer y caer en el olvido cientos de bandas.


De la formación original quedan Jason Cruz (cantante y frontman) y el inagotable Rob Ramos a la guitarra, aunque la formación actual es de una excelente calidad, con mención especial a Chris Aiken, que es todo un showman en directo y un refuerzo de lujo a la guitarra. La verdad es que entre Rob y Chris se ganaron al público con su música y su actitud sobre el escenario, mostrándose muy cercanos en todo momento. Por su parte, Jason tenía total libertad para moverse por el escenario y ocupar el resto de espacios, muy centrado en el apartado vocal, resolviendo notablemente un concierto impecable.


Los afilados riffs de guitarra cortaban el escenario como un serrucho con un ritmo constante. Era imposible que no movieses la cabeza. Y es que se nota que ambos guitarristas tienen claras influencias del thrash de los 80. Por si alguien tenía alguna duda de esto, decidieron dejarlo bien claro incluyendo a modo de guiño unos cuantos (bastantes) compases del Walk de Pantera en un momento del concierto.


No perdieron la ocasión de presentar su nuevo álbum Dead Rebellion publicado el pasado abril, al tiempo que repasaban grandes clásico de la banda. Seguramente, fue el concierto que más disfruté en lo personal junto con Bad Religion. Lo dejaron en lo alto para un público ansioso de Bad Religion, pero todavía faltaba por ver a Agnostic Front, con una propuesta totalmente distinta desde Nueva York. ¡Qué gran banda Strung Out!
AGNOSTIC FRONT
Si la mayoría de los allí presentes peinábamos canas (o no teníamos nada que peinar), sorprende todavía más lo de Agnostic Front. Los neoyorkinos podrían ser los padres de alguno de los presentes (incluso los abuelos de alguno) y, sin embargo, mostraron una energía desde el minuto uno de concierto que muchos de 20 años quisieran. Y es que no es lo mismo tocar blues con casi 70 años que hardcore mientras corres y saltas e incluso te lanzas al público, como ha hecho en esta gira en alguna sala el bueno de Vinnie Stigma, guitarrista y líder de Agnostic Front o Roger Miret, que fue capaz de cantar sin mostrar el más mínimo signo de fatiga mientras daba saltos imposibles y corría de un lado a otro. Al final, va a ser verdad eso de que los neoyorkinos están hechos de otra pasta…


Como abanderados del sonido New York Hardcore, demostraron por qué siguen siendo los jefes de esto. Temas como My life My Way, Gotta go o Crucified sonaron potentes, desatando los primero “bailes regionales” en las primeras filas del respetable.


A Stigma se le veía carrete como para estar ahí “dando cera” tres horas más, mientras Roger animaba a un público echando más leña al fuego. Pocos descansos entre canción y canción y un pequeño corte de sonido (solventado rápidamente por la organización del evento) y cuando nos quisimos dar cuenta el concierto estaba llegando a su fin, poniendo el broche de oro con su particular versión de Blitzkrieg Bop de sus vecinos Ramones.


BAD RELIGION
Un telón rojo con el nombre de la banda fue todo lo necesario para que se nos erizase la piel a más de uno de los presentes. Había llegado la hora. Sólo había pasado un cuarto de siglo desde aquella ultima vez con la que empezaba este relato. El doctor Greg Graffin salía al escenario con paso firme, su polo habitual y ese aspecto más cercano a un profesor universitario (que lo es) que a un rock star (que también lo es). Su icónica imagen seguía igual, los años habían pasado para todos, pero a él se le notaba mucho menos. A su lado, su fiel escudero Jay Bentley. Sombrero de ala ancha, igual de espigado, con el bajo en la mano y recibiendo el cariño de los presentes que les devolvían el cariño sabiendo que junto a Greg son los dos únicos miembros de la formación original que siguen girando.
El resto de la formación la completaban Jaimie Miller a la batería, Mike Dimkich a la guitarra rítmica y Brian Baker como guitarrista principal. Pese a que algún medio nombraba a Brett Gurewitz, Mr Brett no gira habitualmente con la banda, estando más ocupado con producciones o como dueño de Epitaph Records.


Los primeros acordes de Recipe for Hate abrían el concierto rugiendo desde la guitarra de Brian Baker y, automáticamente, todos los presentes nos quitamos 20 años de encima. Es la magia de la música, que te transporta a lugares y épocas guardados en algún lugar de la memoria. La voz de Greg sonaba igual que siempre, y es que Greg es un tipo que, sin ser un prodigio de voz, es posiblemente de los cantantes que mejor afinan y tiene la facultad de cantar exactamente igual en disco y en directo.


Jay en su sitio, llevando la base rítmica con su Fender conectado a la “nevera” de cabezales Orange y reforzando coros cuando toca hacerlo. Su presencia es imponente. Es un tipo feliz, siempre con su media sonrisa gamberra. Y, mientras Greg sigue a lo suyo, como cantaba Barricada “las mismas caras, los mismos gestos”, ese es “mi Greg”, con los brazos abiertos, siempre con una mano extendida al público. Es el hombre tranquilo. Greg es irreverente con sus letras, capaces de incomodar a todo un país, pero su actitud sigue siendo la de un tipo entrañable.
You are (the Goverment), de 1998, suena más actual que nunca y, seguramente, más necesaria que nunca también. Sería bueno volver a emitirla en las emisoras de Estados Unidos para despertar alguna conciencia. El concierto avanza enlazando un tema tras otro. La pausa la pone Struck a Nerve, donde Greg muestra que sigue en un excelente momento vocal. Realmente el setlist es una montaña rusa donde se encadenan temas de todas sus épocas, como no podría ser de otra manera, en una gira que celebra el 45 aniversario de la banda.
I Want to Conquer de World irrumpe en mitad del setlist con una fuerza increíble. Vuelven los “bailes regionales” a las primeras filas, al ritmo desquiciante de los riffs de Mike y Brian, mientras Jay mira desde el escenario la que han liado en las primeras filas con su sonrisa maliciosa. Si antes nos habíamos quitado 20 años los asistentes, ahora se los había quitado él, que miraba a Greg como diciendo “la que has liao pollito”. Cuando alguno todavía estaba recuperándose de los pogos, suena el himno Generator, posiblemente de los mejores temas de su carrera.


El concierto se encamina a su recta final con 21st Century (Digital Boy), Infected. Más de uno se plantea volver a comprar un monopatín pese a tener dos hernias y el menisco hecho caldo… Pero es que con esta banda sonora de nuestras vidas nos está volviendo la insensatez de la juventud. Qué maravilla. ¡Que no acabe nunca por favor! Pero Greg agarra el micrófono y dice “la siguiente canción la escribí por mi padre” y sabes que va a sonar Sorrow y que igual se te escapa una lagrimita cantando a pleno pulmón como si la banda te fuese a escuchar…
American Jesus pone el broche de oro a un gran concierto. Nos ha faltado algún clásico, pero, sinceramente, con este mundo que nos está quedando, no hay canción mejor para dejar un mensaje final que American Jesus.
![]()
![]()
Esta vez no habrá fiesta por los bares después del concierto. Dudo que a estas alturas Bad Religion se vayan a subir en el coche de unos desconocidos para salir de “farra”. 25 años no son nada (o algo así cantaba Gardel, creo que eran 20) pero lo cierto es que sí lo son… Aunque, si lo piensas, son casi la mitad de la carrera de Bad Religion, cuando sucedió aquel concierto loco de Murcia.
Me voy feliz, sabiendo que “aquel amor de juventud” sigue haciendo que sienta lo mismo, pese a todo lo vivido. Gracias Bad Religion.
























