Crónica AMFest 2020

Crónica AMFest 2020, un privilegio en tiempos de pandemia

Este fin de semana hemos tenido el privilegio de poder asistir a una extraña pero genial edición del AMFest. El festival catalán, no sin haberse enfrentado a todo tipo de dificultades, se celebró del 4 al 6 de diciembre en la bonita localización que es el Castell de Montjuïc, dentro del patio de armas. Desde el primer momento en que me personé allí pude empezar a comprender la importancia de lo que allí acontecería en el fin de semana; algunas de las bandas más influyentes y prometedoras se iban a congregar allí, la mayoría de ellas, incluso, presentando material. Para aquelles que somos amantes del post aquello suponía un evento que no quieres perderte por nada del mundo. En mi caso concreto y con gran pesar, tuve que vender mi entrada adquirida nada más enterarme del anuncio del festival, suerte que trabajo en un medio maravilloso y cuento con un equipo más maravilloso aún y pude, finalmente, asistir al tan ansiado evento.

Quizá algo a destacar, además de la música en la que luego centraré debidamente, fueron las condiciones meteorológicas que sufrimos, siendo el sábado el punto álgido de frío y viento. Ninguno de los 3 días estuvo exento de estas desagradables condiciones, tanto para bandas como para quienes presenciamos los conciertos, pero aquello, ni mucho menos, consiguió derrumbar la comunión entre artistas, música y público. Esa conexión no la rompe ni el peor frío de la Rusia más profunda.

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No quiero enrollarme de más ni terminar el artículo dejando sensación de mal rollo así que hablaré de lo que, para mí, fue lo peor del festival, y no es otra cosa sino las medidas del Procicat, todo lo que hay detrás de ello y lo que conlleva (algo totalmente ajeno al festival, por otra parte). Lo dicho, sin ánimo de entrar en una profunda reflexión de por qué siempre somos los mismos quienes quedamos desamparados, tan solo mencionar que es injusto celebrar un festival con unas medidas envidiables y de las cuales tomar nota y aprender con un miedo constante en el cuerpo a que no se celebre. A quedar desamparados por millonésima vez ante un sistema y una forma de funcionar que siempre deja fuera a los mismos.

 

Vayamos ya con lo verdaderamente importante, lo que todos queremos leer, cómo fue reencontrarnos en un festivalazo, qué hicieron las bandas y cómo las vivimos:

Viernes: IOU3R, Sara Zozaya y Boïra

Abrieron el primer día IOU3R, un trío de personas que pudimos comprobar bellísimas y con unas ideas y manera de ejecutarlas brillante. La formación barcelonesa se presentaba ante el frío y la difícil tarea de abrir boca en un festival cuya mala predisposición y desconocimiento hizo pasar a la mayoría de público asistente una vez empezado el primer bolo, factor que se repitió durante los tres días. Más allá de eso, IOU3R hicieron las delicias del público y, personalmente, se me hicieron bastante cortos. Crearon unas atmósferas más que interesantes e inmersivas, cargadas de energía y cambios que podían quebrarte la cabeza si no estabas atento. Todo un cocktail de sensaciones que supieron desarrollar y desenvolver con la gracia de aquellos que conocen el género y se conocen entre sí. Una gran capacidad improvisativa e intuitiva se apoderaba de las canciones y, con ello, de nosotros.

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Sara Zozaya sería la siguiente en hacer las delicias de los allí presentes. La apuesta del trío vasco se basaba en una combinación entre elementos minimalistas y de carácter atmosférico y unas partes más bien post-rockeras acompañadas por la voz de Sara que, en apariencia frágil y delicada, escondía una fuerza y técnica impresionantes, la cual daba un halo a la banda totalmente único y distintivo. Si bien era una banda desconocida para mí, después de verlas actuar y tras una breve pero interesante charla, me di cuenta de que nos encontramos frente a una banda con inmenso potencial y a la cual, espero, el AMFest haya supuesto uno de los muchos grandes eventos en los que se lleguen a encontrar.

Cerraba el día Böira, una banda que tenía una tarea nada fácil, y era la de sustituir a los tan queridos Viva Belgrado. Si bien esto pudo suponer una incitación al nerviosismo, más bien parece que ni se lo plantearon de ese modo y, simplemente, se dedicaron a dar un conciertazo que nos rompió las cervicales a más de uno. No conocía a esta banda y me habían hablado muy bien de ella. Ya en la primera canción me di cuenta de por qué. Si bien la banda barcelonesa plantea un post-rock no tan enrevesado, son los detalles y el conocer lo que estás haciendo lo que termina de conformar a una banda y su sonido. Supieron meter en calor a un público en todo momento muy agradecido con la labor de las bandas; un derroche de energía y vitalidad, acompañados de una calidad musical envidiable que los allí presentes disfrutamos a más no poder. Disfruté muchísimo del quinteto catalán y se lo quiero recomendar a cualquiera que le interese un poquito el post o que, directamente, tenga sentido del oído.

Sábado: Linelab, Jardín de la Croix y Obsidian Kingdom

Linalab era la encargada de abrir el segundo día e, insisto, más frío. Nacida en Bogotá e instalada en la ciudad condal, Linalab nos ofrecía unos sonidos basados en la ambientación y que, en ciertos momentos, coqueteaba entre la paz y la tensión. Una apuesta arriesgada pero ganadora. Se nos ofrecieron 30 minutos de atmósferas más bien pausadas pero en las cuales podías sumergirte con mucha facilidad. Resultaban fáciles de comprender y fácil reinmersión en caso de que te hubieses ido a pasear por tu mente en algún momento. Sin duda, Linalab supo ganarse el calor y cariño del público. Posteriormente nos comentaba que para ella también fue una experiencia muy enriquecedora y que las condiciones le ayudaron a representar mucho mejor su música. Sin duda, alguien a quien tener muy en cuenta si te gustan la ambientación y la experimentación.

Jardín de la Croix eran los siguientes en aparecer en escena. Si bien la banda originaria de Madrid tiene una trayectoria brutal, en el AMFest podríamos disfrutar por primera vez en directo de su mini EP sacado este año Letargo. Fue un concierto maravilloso, como nos tienen acostumbrados. Si bien técnicamente no los vi tan finos como otras veces, aquello no fue impedimento para disfrutar de un concierto casi impecable. Es un placer disfrutar de bandas como Jardín de la Croix, las cuales disponen de una técnica y un aprovechamiento de sus numerosos recursos muy inteligente, los cuales te balancean de un lado a otro sin piedad para devolverte los pies a la tierra acompañados de una sensación de calor y paz que, no nos engañemos, ojalá tener siempre dentro. La energía que desprende el cuarteto madrileño fue suficiente para encender a un público que los adora. Mencionar, como anécdota graciosa, que los estaba viviendo tanto que hasta me tuvieron que llamar la atención porque parecía un asistente que se había levantado de la silla y se había puesto a cabecear ahí en medio poseída por el ritmo math-rockero ragatanga.

Obsidian Kingdom cerrarían este emocionante y bello día con su apuesta tan personal y encarnizada. Presentando Meat Machine por primera vez en directo, el quinteto catalán asaltaba el escenario del AMFest tocando los temas del mencionado álbum nuevo y deleitándonos también con temas de sus trabajos anteriores Mantiis y A Year With No Summer. El muro de sonido y ambiente creados, las proyecciones fuertes y genialmente escogidas y la rápida captación del público hicieron que el bolo de Obsidian Kingdom fuera uno de los mejores del festival. Técnicamente (y a pesar de las condiciones) perfectos y arrolladores, con un juego de luces especialmente preparado y acondicionado al setlist y al recinto… son este tipo de detalles los que engrandecen a una banda y, aunque parece que nos cueste reconocer lo que tenemos en nuestro propio país, Obsidian Kingdom es una banda tan integrada nacional e internacionalmente que este tipo de actuaciones no deberían sorprendernos. Pero lo hacen. Y para muy bien.

Domingo: Murina, Gyoza y Ànteros

Murina eran las encargadas de abrir el tercer y último día del festival. El dúo compuesto por Laura y Martina nos ofrecía un punk experimental abrasivo y despiadado, con mucha energía de la vieja escuela, transmitido a través de una voz, un bajo y una batería. Pese a los pocos elementos instrumentales sonaban muy completas. El carisma que supieron transmitir consiguió enganchar a un cada vez más instalado público, que las supo apreciar, valorar y abrazar (no literalmente) como merecían. La energía de su show me hizo sentir en una okupa, rodeado de punkis y viviendo el buen rollo como en pocas ocasiones se puede vivir.

Gyoza se convirtieron en la sorpresa del festival en mi caso. Si bien había escuchado su disco poquito antes de verlos, ya sabía que me iba a encontrar un bolo de una calidad inmensa. Lo que no sabía es que tanta. Gyoza es una banda barcelonesa que practica unos sonidos bien parecidos a los de bandas míticas como Deftones o Refused, pero que conservan unas estructuras de rock e indie de lo más convencional. Quizá sea esta sencillez, unida al caos en el que te sumergen sus canciones, los que los hace un grupo tan característico. En el AMFest demostraron una energía y saber hacer dignos de las bandas más consagradas y, estoy segura, no solo me volaron la cabeza a mí. Cabe decir que les tiré todos mis dineros a la cara y que, sin duda alguna, lo volveré a hacer.

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Y llegamos a la guinda del pastel. En prácticamente todos los sentidos, además. Ànteros se encargaban de cerrar esta extraña pero espectacular edición del AMFest que, un año más, ha logrado transmitir muchas cosas tan bonitas como necesarias a mucha gente. La banda de Barcelona presentaba su nuevo disco … Y en la paz oscuridad frente a un público que les tenía tantas ganas como ellos de comerse el escenario. Y así lo hicieron. Iniciando con canciones del álbum mencionado y pasando también por canciones anteriores y ya míticas como pueden ser Luna o Polaris, el quinteto catalán (acompañado por Eloi Martínez, batería de Viven) nos elevaron a unos paisajes maravillosos compuestos a partir de un post-rock intenso y de vibraciones tristes y melancólicas. Obviamente es una combinación letal a muchos niveles y si, además de eso, lo acompañas con un muro de sonido brutal, tienes la mezcla perfecta para disfrutar y perderte por rincones de placer sensorial maravillosos.

A modo de despedida decir que ojalá tengamos muchos años de AMFest. El empeño y las ganas de hacer las cosas bien son muy meritorias en los tiempos que corren y teniendo el percal que tenemos, pero este tipo de acciones motivan y empujan a seguir luchando por un sueño que cada vez parece más imposible, y es el de ocupar el sitio que nos corresponde, desde lo musical hasta lo institucional.

10 Compases Torcidos: Especial AMFest

https://youtu.be/moJ-dMvbxc0

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