Celeste + Ikarie en Barcelona: Una noche de tormenta colorada
El 16 del presente mes La Nau cobró un tono rojo con la llegada de un metal particular proveniente desde Francia. Hablamos de la banda Celeste, quienes junto a los locales de Ikarie trajeron el doom, sludge, black, y las influencias post a nuestras presencias en el recinto barcelonés.

A los pocos minutos de abrir las puertas, La Nau ya estaba mostrando la alta concurrencia. El stand de merch, activo desde el comienzo, atrajo a los fans de ambas bandas a obtener un memento de lo que se vendría. Al rato, la nave ya está llenándose de pasajeros dispuestos a entrar en las profundidades del doom de Ikarie, banda española formada en 2019, y que ya cuenta con dos discos de estudio (Cuerpos en sombra de 2021, y Arde de 2023), quienes se encargaron de preparar al público para una noche de trance extremo.
Ikarie
Se apagan las luces y escuchamos una voz envuelta en una atmósfera fúnebre. Seis misteriosas sombras aparecen en el escenario y la cosa poco a poco toma intensidad, empezando el show con Arde y la desgarradora Tomie, ambas de su reciente lanzamiento. La imponente presencia de Ikarie en el escenario, junto con la iluminación, ayudaron a empezar el trance, en una hipnótica sinfonía de ritmos pesados y fangosos, acompañados de los espeluznantes guturales de Pablo Egido, vocalista de la banda, quien con la canción Redención ya estallaba en lamentos viscerales de ultratumba. Los cuerpos y cabezas de los asistenes van y vienen en un vaivén meditativo, tal como pudimos ver a los guitarristas Paco Porcel y Luis Albadalejo, quienes moviéndose al lento tempo daban distorsión a Santa Sangre, para luego aportar notas más suaves en Despertar, la que se sintió como un respiro de aire fresco a mitad del show, que ya rebozaba de una aplastante intensidad.

Continua el show con la densidad de La Criatura, que con una narcótica introducción revienta en un emocionante climax para seguir con Barro, entre cabeceos donde vuelan los pelos largos de Pablo y de su guitarrista y compositor/productor Daniel Gil, junto al bajo de María V. Riaño, quien aporta a la banda no solo con las cuatro cuerdas, sino que, con sus profundas letras, las que con la interpretación gutural de Egido logran transmitir el mensaje con una potencia increíble que a cualquiera le genera cosquillas vertebrales.
El show va llegando a su fin, aun cuando a muchos les hubiese gustado tenerlos un poco más en el escenario (a pesar de la ansiedad que desborda para ver a Celeste). Así, en pleno estado de elevación mental viene la desoladora Cenizas, con sus melodías hermosas, donde destaca la pesada e intensa batería de Dom Santoro, para luego dar cierre, al igual que a su primer disco, con La Herencia, una hermosa melodía que nos hace volver a nuestros sentidos nuevamente.


El show estuvo sólido y poderoso, definitivamente los seis músicos lograron generar la atmósfera particular que ofrece la banda, al más puro estilo del doom, que de una manera imponente y cautivadora se llevaron los aplausos de todos los presentes.
Al despedirse la banda, nos tomamos un descanso para comentar la experiencia, y estirar nuestro cuerpo tomado por las garras del doom, mientras esperamos a que den el vamos para volver al ruedo con el plato principal de la noche.
Celeste, formada en 2005, ya se ha hecho un nombre con su estilo particular de un black y sludge metal que genera una mezcla de penumbra y viscosidad sonora única, con las influencias del hardcore que vienen con la trayectoria de sus miembros. En sus casi 20 años de historia han lanzado 6 discos de estudio (Nihiliste(s) de 2008, Misanthrope(s) de 2009, Morte(s) nee(s) de 2010, Animale(s) de 2013, Infidèle(s) de 2017, y Assassine(s), lanzado en 2022), los que traen temas que han marcado de rojo los escenarios de todo el mundo, gracias a su característica iluminación y linternas rojas en sus cabezas, las que generan el ambiente adecuado para expresar la emocionalidad de sus presentaciones.

Al poco rato, todos se dirigen hacia el escenario expectantes debido al movimiento, bajan las luces y ya nos mentalizamos para empezar nuevamente el trance, esta vez, al rojo vivo.
Celeste
Suenan las primeras melodías de (A), suavizando durante unos minutos antes de reventar en la fuerza carácterística de su propuesta, con blast beats que se acompañan de atmósferas melódicas que se sienten como arenas movedizas en De tes yeux bleus perlés, la que tiñe la Nau de color rojo, como acostumbran a hacer los franceses en sus shows, con esas luces coloradas que constantemente nos apuntan como si nos descubrieran patrulleros de las tinieblas, asegurándose que nadie quede fuera de la experiencia que nos traen para nuestro disfrute.

El cuarteto avanza con Des torrents de coups en un desplante ardiente, entre sombras rojizas y siluetas coloridas nos lanzan los guturales de Johan Guirardieu, su vocalista y bajista, quien desgarra sus letras en francés de tal forma que aún sin entender nada, la crudeza de su expresión nos permite comprenderlo, apelando a los aspectos más profundos y primitivos de nuestra condición humana, lo que nos llevó a un estado profundo de hipnosis que continuó acompañado de Il a tant rêvé d’elles, canción de su último disco.

La presencia de la banda en el escenario es singular, sin mayor interacción verbal con el público, pero con un desplante que finalmente sin cruzar palabra alguna logró comunicar muchísimo, usando el lenguaje de las emociones, con el cual todos podemos comunciarnos sin importar el idioma. Las luces y linternas rojas dan una atmósfera especial, lo que se mezcla con el humo provocando una neblina que difumina a la banda, dejando ver solo siluetas con un imponente ojo rojo que apunta hacia el público. Por otro lado, las guitarras de Guillaume Rieth y Sébastien Ducotté logran generar ese sonido pesado y a la vez bello que colorea sus oscuras composiciones. Y obviamente, la batería, con Antoine Royer encargado de aplicar el ritmo e intensidad visceral a cada canción.


El setlist siguió con Nonchalantes de beauté, Elle se répète froidment, y Le cœur noir charbon, las tres de su último disco Assassine(s), completando así el álbum durante su presentación, pero en un orden diferente, lo que hace de este show algo muy interesante, habiendo podido escuchar en directo el disco en una versión distinta, como una historia en otro orden.
La alta intensidad del show no bajó en ningún momento, en juegos de tonos lumínicos a ratos pudimos ver con claridad a la banda, mientras que a momentos se sentía como estar en un mundo post apocalíptico. Así, entre el repertorio variado incluyeron dos temas de su último EP Epilogue(s), Plisse les yeux jusqu’au sang, una muestra de mayor crudeza, y también With Idle Hands, que hace un contrapeso con su sonido más cercano al shoegaze o al blackgaze de Alcest, pero con la oscuridad característica de Celeste.

Sale la banda, nos quedamos estáticos esperando como siempre, a ver si aún nos queda un poquito más. Los minutos nos dan la razón, llegando de regalo Comme des amants en reflet de su disco Infidèle(s), y finalmente Ces belles de rêve aux verres embués, la que abre Morte(s) née(s), paradójicamente cerrando un show atómico y cortando el trance al cual nos llevaron desde el comienzo.

Definitivamente la noche estuvo intensa, pero en el buen sentido, entre cabeceos y gritos, entre lamentos fúnebres y catarsis caótica, y con un público hechizado por la oscuridad y emoción de las dos tremendas bandas que se lucieron en un desplante que a ratos puso los pelos de punta. Y lo mejor de todo, considerando lo presenciado, el buen metal tanto España como Francia está en llamas.







