Crónica de 091 en el Garaje Beat Club Murcia

091 en Murcia: “Da gusto comprobar que la maquinaria sigue engrasada y que no es un ‘comeback’ forzado”

Había muchas ganas de volver a verlos en acción. La ansiada vuelta a la vida de los granadinos se produjo en el año 2015 con una serie de emotivos conciertos que dejaron registrados en un magnífico disco en directo llamado igual que la gira: Maniobra de resurrección (Warner, 2016).

Aprovecharon también para reeditar la mayoría de sus discos, los cuales se encontraban tristemente descatalogados. Resulta ciertamente incomprensible como una banda de la talla de 091 no obtuvieran en su momento un puesto mucho más elevado de cara a la galería. Aunque la critica siempre los ha tenido en un pedestal, nunca tuvieron las ventas que sus imprescindibles discos merecieron.

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Foto: Diego Montana

Hablemos pues de justicia y del presente. Un abarrotado Garaje Beat Club esperaba con fervor la salida del grupo. Salieron cual 5 forajidos al son de El hombre de la armónica, de Ennio Morricone. Tacho González, batería de la banda desde sus inicios, atacó sin contemplaciones con el contundente ritmo shuffle de Vengo a terminar lo que empecé. Toda una declaración de intenciones que sirve de inmejorable apertura. Le siguió Condenado, también de su último disco La otra vida (Warner, 2019), del que descargaron una buena parte de su contenido.

La gente podría pensar que 091 ha vuelto a girar con un disco menor del que sólo tocarían un par de temas de forma testimonial, pero afortunadamente no es así. La banda ha vuelto con un nuevo trabajo al que no le sobra (ni falta) nada, con una producción perfecta y con una colección de canciones brillante. Y es que, si uno tiene que resucitar, pues resucita en condiciones…

El grueso del show fue desgranando canciones de El baile de la desesperación (Zafiro, 1991), Tormentas imaginarias (Polygram, 1993) – buques insignia de la banda en mi opinión- , Doce canciones sin piedad (Zafiro, 1989) y Todo lo que vendrá después (Big Bang, 1995). Disfrutamos de lo lindo de ver a una conjuntada banda descargar trallazos como Zapatos de pies de caimán, Este es nuestro tiempo , Huellas, Tormentas imaginarias, Cartas en la manga, La noche que la luna salió tarde, En la calle o La noche que la luna salió tarde.

El calor de las distancias cortas con el público de salas como Garaje Beat Club benefician mucho al grupo. La prueba está en ver la envidiable actitud de un siempre carismático José Antonio García que domina la escena como nadie. Da gusto comprobar que la maquinaria sigue engrasada y que no es un “comeback” forzado, como si ha sido en demasiadas ocasiones -por desgracia- para otras bandas… El himno Un cielo color vino nos pone los pelos como escarpias, ayudados por unas luces estupendas que ambientan la canción. La canción del espantapájaros, La torre de la vela y La calle del viento ponen fin a una primera parte del show.

Una de las novedades de la actual formación de 091 es la acertada incorporación de Raúl Bernal a los teclados. Raúl es un experimentado músico de origen murciano que ya formaba parte de la banda de José Ignacio Lapido (y que lideró la banda Jean Paul, con varios discos de los que aprovecho el momento para recomendar el magnífico Breve historia universal, publicado en 2009). En canciones como Soy el rey, que se encarga de abrir los primeros bises, es donde más saboreamos su labor. Le sigue Leerme el pensamiento, otra redonda canción que hubiera hecho que Tom Petty se interesara por la banda de haber caído por Granada, como hizo en los ochenta Joe Strummer.

Esta noche precede a la locura punk desatada en Qué fue del siglo XX, canción que pone el broche de oro a lo que parecía ser ya el final del concierto. Pero la banda aparece por tercera vez para descargar una intensa, mística y contundente Otros como yo. Esta canción ha sido siempre mi favorita de la banda. Un tratamiento tan especial de la misma me alegró considerablemente y, por lo que comprobé, también a muchos más seguidores. Y es que, aunque 091 siempre se han caracterizado por ser muy concretos y sencillos en lo musical, esta canción sirvió para que pudiéramos comprobar los elegantes detalles de las guitarras de los hermanos Jose Ignacio y Victor García Lapido, la contundencia de la base rítmica de Tacho González y Jacinto Ríos, los interesantes desarrollos de Raúl Bernal y el envidiable estado de forma de la voz de un front-man de matrícula de honor como es José Antonio García. Algo parecido ocurre con La vida qué mala es, uno de los mayores éxitos de la banda – con un groove funk fantástico- y que sirvió para cerrar felizmente tan especial velada.

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Foto: Diego Montana

Me marché de la sala pensando en que la vida, además de ser mala, también se ocupa a veces de repartir cierta justicia para trovadores insignes del rock como ellos. En este caso pienso que 091 están recogiendo por fin el reconocimiento que siempre se han merecido, aunque por sorpresa y de forma tardía. Este país es así… José Antonio García se encargó de agradecernos constantemente que, si habían resucitado, era por las numerosas peticiones del público. Nunca estará de más ser agradecido.

Aprovechemos, por tanto, la otra vida.

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