Nile + Hideous Divinity + Intrepid + Monastery en sala Salamadra de Barcelona: Una noche mítica con los faraones del death metal y sus soldados
Maquinando desde las profundidades de la tierra, el pasado martes 17 de septiembre los anfitriones de la noche se encargaron de transformar la sala Salamandra en una pirámide egípcia para ofrecernos una muestra de lo que su reino ofrece para nuestros oídos. La banda norteamericana Nile encabezó un cartel de cuatro agrupaciones provenientes de diferentes partes del mundo, uniéndose para adentrarnos en lo que serían cuatro horas de death metal técnico y brutal de calidad faraónica. Esta vez, los estadounidenses de Carolina del Sur vinieron a promocionar su último disco de estudio llamado The Underworld Awaits us All, lanzado hace muy pocas semanas, y del cual puedes leer su reseña en Rock Culture. Esto se suma a una trayectoria de lanzamientos de estudio, los que ascienden a diez desde su formación en 1993, publicando su primer disco, Amongst the Catacombs of Nephren-Ka en 1998. De ese momento en adelante, Nile se ha transformado en un referente del género del death metal por haber desarrollado un estilo muy propio dentro del género, incorporando en su concepto temáticas del antiguo Egipto, y un tecnicismo brutal a su música, destacando los juegos de velocidad, los guturales profundos y a nivel general el manejo instrumental de todos sus integrantes.
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Primera parada: Monastery
Es hora de empezar, y lo primero que vemos al apagarse las luces son cinco cabezas imponentes donde la camiseta de la banda Aborted de su frontman, Roland Kovács, nos deja ver sus influencias. Es la banda Monastery, quienes vienen desde Hungría para adentrarnos en las tinieblas con un death metal agresivo.
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Así comienzan las primeras notas de Faceless Nothing, comenzando el descenso al inframundo con una introducción que nos presenta lo que viene, con riffs de guitarra que juegan con las atmósferas al ir aumentando lentamente su velocidad hasta darnos guitarras agresivas, baterías marcadas que sincronizan con el bajo y unos guturales profundos y a momentos espeluznantes. El camino sigue con su nuevo single lanzado este año, Fall Apart, dejando claro el sonido que está siguiendo la banda formada en 1989, que luego de su primero álbum, Far From Christ de 1992, entraron en las profundidades para hibernar hasta salir para presentar su segundo disco en 2022, Divine Damnation, y luego From Blood en 2023, siendo su último larga duración. Finalmente, luego de repasar un repertorio centrado en su último lanzamiento, los húngaros cerraron con Divine Damnation la que da nombre a su segunda publicación.
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Destacan de esta banda los cambios de velocidad, con pasajes rápidos más clásicos de este genero, para luego dar espacio a sonidos más lentos (pero no menos pesados) que aportan dinamismo a la desgarradora performance de los instrumentos, que con riffs rápidos con arreglos rítmicos y melódicos muy bien logrados, una batería que sabe marcar los cambios de velocidad con precisión manteniendo la rapidez, con growls que a ratos alternan entre lo grave y agudo con tintes del black metal, cautivaron a los asistentes que llegaban a esta sala en proceso de metamorfosis piramidal, donde enérgicamente nos van adentrando en la energía de este aquelarre metalero. Lamentablemente el horario de su presentación hizo que muchos no pudieran disfrutar de lo que Monastery pudo ofrecernos en nuestra bajada al submundo y que definitivamente mantuvo más tranquila la pista, sin embargo, cuando estaban terminando ya se veía que varios corrían para entrar y para no perderse el llamado al peregrinaje a las catacumbas del death metal.
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Segunda parada: Intrepid
Luego de una breve parada para recoger a los que se sumaban al ritual, puntualmente se escucha el llamado a continuar el camino, sonando Blood Means Nothing, la que abre el show de la banda de Estonia, Intrepid, quienes acaban de lanzar un EP llamado Slaying of Sanity / Murder of the Mind, de 2023, el que sigue a su primer disco de estudio llamado Unused Imaginative Capacity, publicado en 2020. Así, la banda nos ofreció seis temas cargados de un sonido bien vieja escuela floridiana, donde destaca Mesmerism de su último lanzamiento.
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La presentación estuvo intensa, donde el juego de luces acompañó los ritmos veloces proporcionados por todos sus integrantes, quienes parecían hasta uniformados con un estilo que remonta al antaño del death metal de Florida, sumado a los rugidos de su vocalista Raiko Rajalaane (quien vestía una camiseta de los grandes de Emperor), recordando con sus dreadlocks y guturales a Chris Barnes, sabiendo mantener un show que incluso con un pequeño problema técnico con una guitarra, no tuvo desperdicio.
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La energía de Intrepid nos muestra que tienen la intención de seguir un gran camino hacia adelante para continuar sus ocho años desde su formación trayéndonos más brutalidad a nuestros oídos.
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Tercera parada: Hideous Divinity
En nuestra casi última parada en nuestro viaje hacia el abismo nos topamos con un demonio horrible que se presenta ante nosotros, entre una guitarra pesada que crece con la batería de fondo, aparece Enrico Di Lorenzo pidiéndonos que gritemos para recibir a este ser, llamado Hideous Divinity.
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Este cuarteto italiano nacido en 2007 tiene cinco publicaciones de estudio, siendo la última la recientemente lanzada Unextinct, de la cual tocaron cinco composiciones, destacando The Numinous One y Mysterium Tremendum, y repasaron sus otros discos con The Deaden Room (del álbum Simulacrum de 2019), Angel of Revolution (Adveniens de 2017), cerrando su presentación con Cobra Verde, del disco del mismo nombre, publicado en 2014.![]()
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La presentación estuvo cargada de intensidad, con un sonido que se asemeja a las bandas anteriores pero que muestra una faceta más moderna, alternando los growls guturales con otras técnicas vocales, pudiendo reconocer el trabajo de su guitarrista Enrico Schettino, que, en conjunto con el bajo de Stefano Franceschini y la batería de Edoadro Di Santo supieron mantener siempre solidez, sin extrañar una segunda guitarra en el escenario, pero que sin embargo nos hace pensar en cuanto podrían lograr si incorporaran a otro compañero para complementar a las seis cuerdas. Siendo así, alcanzaron que el público siguiera las intrucciones que nos daban para armar caos al centro de la Salamandra.
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Esta banda nos entregó un show que muestra la propuesta de los italianos a la hora de definirse dentro del subgénero metalero, donde, manteniendo las influencias del sonido clásico, logran desarrollar un death metal que evoluciona hacia la modernidad del subgénero en una puesta en escena vertiginosa que no dejó a nadie sin al menos cuestionarse si saltaba al circle pit.
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Así, esta horrible divinidad fue nuestro último respiro antes de entregarnos al poder de los faraones, aprovechando los breves minutos para prepararnos a lo que viene.
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Parada final: Nile
La gente lo pide a gritos, se empieza a sentir la intensidad, la espera está llegando a su fin y con eso las ansias aumentan, acomodándose varios lo más cerca posible del escenario con caras expectantes, apostando a qué canción abrirá el show.
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Vemos a los grandes llegar al escenario, comenzando con su famosa Sacrifice Unto Sebek del disco de 2005, Anihilation of the Wicked, la que luego de unos breves acordes de preparación nos introducen en lo que será un show cargado de rapidez, brutalidad y una puesta en escena mitológica. Es así como Karl Sanders con sus guitarras técnicas y veloces, sumado a unos guturales profundos que hacen levantarse al mismísimo Ramses, junto al mítico George Kollias en la batería marcando el paso, Dan Vadim Von en el bajo y unas agresivas voces, y Zach Jeter en la guitarra y aportando una tercera voz, comienzan nuestro descenso final al inframundo.
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Lamentablemente, el quinteto no pudo contar con el guitarrista y también vocalista Brian Kingsland, sin embargo, eso no los detuvo para reventar nuestras cabezas durante un set de trece canciones que recorren lo mejor de su carrera continuando con Defiling the Gates of Ishtar del disco Black Seeds of Vengeance del año 2000, con sus voces espeluznantes y blast beats de Kollias que no dan tregua a nadie. El descenso nos trae To Strike with Secret Fang de su último disco, para luego tocar el clásico tema Kafir! del álbum Those Whom the Gods Detest de 2009, el que tal como la banda ha mencionado en alguna ocasión, está prohibido en sus presentaciones en algunos países, siendo nosotros muy afortunados de poder escucharla en vivo. A los gritos de “there is no god” los asistentes comienzan a sentir la posesión faraónica, girando al centro de la pista mientras sus cabezas van de arriba hacia abajo preparándose, sin saberlo, para el caos con Call to Destruction, de What Should Not Be Unearthed del año 2015. Luego, pidiéndonos que los sigamos con su ritual de bajada hacia ese lugar que solo Nile conoce, nos presentan la canción que le da nombre al disco de 2019, la intensa Vile Nilotic Rites, llevando a varios a empezar a perder la cordura entre gritos y cabezazos.
Hasta el momento, la calidad de los músicos ha sido espectacular, con muchísima potencia y un desplante grupal increíble, viendo a Sanders, Vadim Von, y Jeter tocar sus instrumentos con una velocidad y precisión impecables mientras se turnan o se complementan en las voces, dando un dinamismo enorme a las interpretaciones. Y ni hablar de la batería de Kollias que se luce como siempre en el escenario manteniéndose impecablemente durante el espectáculo.
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Estamos llegando a la mitad del show, expectantes por lo que se viene, y continuamos con una muestra de lo nuevo de Nile, invocando a Stelae of Vultures de su recién lanzado disco, dando una muestra de que a pesar de que su sonido ha ido envejeciendo lo hace solo para mejorar constantemente, como un vino bien guardado, con las clásicas vertiginosas guitarras de Sanders, acompañadas de unos músicos de nivel que se ve que han sabido sumarse con honores a esta banda, lo que se puede ver en su conexión y una excelente presentación en el escenario. Sonando las últimas notas, escuchamos un llamado místico y seguimos con In the Name of Amun, que con sus blast beats que suenan como metralletas nos va teletransportando a una batalla campal por la destrucción de sus enemigos, haciéndonos parte de la lucha. Terminando, vemos a algunos heridos reponerse con una sonrisa de vencedores, continuando a la espera de lo que la banda ha decidido mostrarnos, donde volvemos al pasado con Lashed to the Slave Stick y Sarcophagus (esta última del disco de 2002, In Their Darkened Shrines), siendo la última un momento para reponerse para la tirada final, que sigue con Long Shadows of Dread en una interpretación pesada y profunda.
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En el proceso de llegar al fondo del inframundo, la banda nos ha ido dando potentes temas de toda su historia, gritos de motivación y hasta vimos a Sanders tirando púas al público como cual emperador da de comer a sus vasallos (siendo quien escribe uno de los afortunados que recibió una), viendo como se abalanzan unos encima de otros para poder sentir de cerca el poder de la banda. De esta forma, llegando ya al final del descenso, y todos con las manos arriba a petición de Vadim Von, recibimos Anihilation of the Wicked con un publico sobre revolucionado, donde algunos aprovechan de acercarse un poco más al podio real para estar cerca de los faraones y rendirles tributo, mientras otros toman un respiro más atrás, sin parar de mover sus cabezas al son de este largo temazo que nos ofrece tanto momentos de calma (si calma le podemos llamar a la ralentización clásica de algunas canciones de la agrupación), así como de frenética locura. Luego, finalmente y para tristeza de muchos, la banda anuncia su canción final (una que ya es un clásico y que todos cantaron y gritaron en un último respiro antes de llegar al fondo), Black Seeds of Vengeance, del disco de 2000 del mismo nombre, llena de una brutal y agresiva potencia, logrando que todos sigan el estribillo entre el continuo metralletazo de la batería, que dejan en visto que el conjunto norteamericano tiene para rato, lo que nos alegra de sobremanera.
Al salir la banda, algunos se quedan pegados en su sitio, no se si en estado de shock, o esperando a ver si aparecen nuevamente para una última vuelta. Sin embargo, a los pocos minutos ya se encienden las luces y vemos que el viaje ha terminado, volviendo la Salamandra a su forma original.
Cabe destacar la calidad de los músicos, que aun cuando faltaba un guitarrista, lograron poner un show potente, lleno de tecnicismo y virtuosismo en la interpretación de los intrumentos, articulados con unos guturales que complementan entre los tres de la primera línea, completándose con los ritmos intensos de la batería. En esta misma línea, se ve la complicidad de los músicos en el escenario, razón que le da esa potencia e intensidad a sus presentaciones, con una presencia imponente que no permite sacar las miradas del frente.
Definitivamente tuvimos un largo viaje lleno de muestras del mejor del subgénero metalero, destacando claramente la presentación de Nile, quienes nos dejaron en claro que son y seguirán siendo los faraones del death metal.


