Crónica | Primer Infant y Baloncesto en Madrid: rock y amistad

Antes de meternos en harina, una pregunta al aire sobre la actualidad: ¿puede ser que la calle de la Wurli se haya convertido en una especie de lugar de peregrinaje de los fans de La Revuelta y de Broncano (con fotos a la fachada del teatro incluidas)? Si esto implica publicidad para una de las mejores salas de Madrid, pues miel sobre hojuelas (si se nos permite la viejunada).

¡Dicho esto, nos sumergimos en la música!

Primer Infant

Pasadas las nueve y media se subieron al escenario de la Wurlitzer Ballroom las Primer Infant: música hipnótica con gran presencia, discurriendo entre el shoegaze el synthrock y el dreampop. Aunque en un primer momento el ambiente en la sala era algo frío, el buen rollo se percibía desde las primeras notas y el ambiente creció hasta poner al personal al pie del escenario, bailando y coreando los temas. Incluso hubo un regalo para la afición madrileña: una versión del No puedo vivir sin ti de Coque Malla pasado por el tamiz de Primer Infant.

Al final de la actuación, hablamos con la bajista y cantante principal, y nos dijo que habían empezado bastante nerviosas, pero no se notó para nada. Muy recomendables.

Baloncesto

Y sin mucho tiempo de espera, llegó el momento de sus amigos: Baloncesto. Visiblemente emocionados y agradecidos, presentaban su primer disco Primavera tardía en su ciudad, y eso son palabras mayores. Comenzaron con la pausada y brillante Coming of age (que también abre el disco), y a partir de ahí fue un no parar (rock alternativo de los 90, pop-punk, midwest emo…): Un día especial, Phil Connors (aka Hasta la polla), Vacaciones en el Tíbet, Par móvil 2… Incluso hubo dos violines (¡en la Wurli! como destacaron ellos mismos) en el escenario con Primavera tardía. En algunos temas se subió al escenario un cuarto baloncestista, Christopher, sumando una guitarra que dotaba de mayor empaque aún al directo.

El broche final lo pusieron Llorando en un parque de Barcelona y Multicolor, temas que desataron el baile y el pogo generalizado (damos fe de ello) y el buen ambiente general en la Wurlli. Gran espectáculo.

Lo dicho, fue una gran noche de rock y amistad, una noche de buen rollo que trascendió entre los grupos, los músicos y el público.