La reina se corona en el palacio madrileño

La primera vez que Queen tocó en este recinto fue hace 14 años, en la vuelta del renovado palacio, el tiempo ha pasado de mil formas distintas, pero la esencia sigue siendo la misma. La gira The Rhapsody Tour ha recalado dos días en la capital, si bien al menos el miércoles el recinto no estaba a rebosar, el ambiente fue el esperado.

Escasos cinco minutos sobre hora prevista con casi la puntualidad de la que presumen, la corona que hace lo propio con el flamante escenario que han montado para esta promoción se ilumina ante los acordes de Innuendo en formato casi orquestal, un elegante teatro aparece antes nuestros ojos.

Now I´m Here sirve de apertura, tan bien interpretada que parece todo grabado y arreglado, un Adam Lambert deslumbrante luciendo sombrero de copa, despliega su magnetismo escénico sin medida. Luces y baterías, porque hay dos sobre el escenario, se unen al son para soltar Tear It Up muy propia para este momento.

De Seven Seas of Rhye solo nos dejaron una leve pincelada, llegaba el momento de uno de mis temas tops, Hammer to Fall, bien cubierto en los coros, Adam defiende el tema a pesar de que lo suyo es más lo lírico, Roger y Brian siguen llevando el rock dentro y aquí lo han sacado a relucir.

Seguimos dentro de los tonos rojos aterciopelados, que acompañan a Lambert al piano para interpretar un magistral Somebody to Love, no hay discusión es una diva escénica. Roger a la batería sigue ejerciendo de director de orquesta sin un despiste.

Hablar de los clásicos de la banda, es mucho hablar porque nos faltan dedos en las manos, pero no nos vamos a cansar de escucharlos. Killer Queen sus marcados tiempos piden paso y participación del respetable. Adam abre su abanico fucsia, se sienta en el piano, espera que las pantallas luzcan en rosa y su rollazo invade todo.

Pidiendo un aplauso para sus compañeros de escenario, nos recuerda que lleva diez años teniendo el honor de acompañarlos, admitiendo no ser Freddie y para celebrarlo, abanico en mano se arranca con la frenética Don´t Stop Me Now cubierto por un interminable túnel proyectado en las pantallas y haciendo que nadie pare quieto en el palacio.

El piano y vuelva a cobrar protagonismo con In the Lap of the Gods que da una especie de respirito a tanto impacto, y con esto dan por concluido esta especie de primer acto en el que han dividido el show.

Un timbre de bicicleta deja claro el siguiente tema y una espectacular moto aparece al borde de la pasarela para lucimiento de Adam, unen Fat Bottomed Girls con movimiento de trasero final del gran frontman incluido y nos meten de lleno en la dinámica para seguir con el momento más disco de la noche con Another One Bites the Dust y Adam haciendo girar sus cuerdas vocales sin problemas.

Un escenario en llamas nos prepara para uno de mis momentos, I Want It All revienta entre las cuatro paredes del palacio, me ha faltado que metieran una marcha más para lapidarme, pero durante un tiempo, recordare con la piel erizada esta canción, la réplica de May va a tener algo que ver y su fogoso solo, también, el gesto de dejar la guitarra para llevarse la mano al corazón y soltarse en su castellano más que aceptable, remató el instante. ¿Hemos dado hoy gracias a la música por todo lo que nos da?

Cambiamos de ambiente para abrir el B-Stage, que es nada más y nada menos que un trance acústico en la pasarela, con un sensacional Brian May dispuesto a “maltratarnos” sin piedad con Love Of My Life para empezar, el sumun es ver a Freddie Mercury proyectado en las pantallas al final de la canción, miles de voces coreando su nombre, otro momento para recordar. 39 tiene el papelón de seguirla envuelta en palmas, en las pantallas se empieza a replegar el rollo cósmico que tan bien representa al astrofísico británico, un rollo cowboy azucarado extraño pero agradable.

Roger Taylor se une a esa pasarela poniendo voz a These Are the Days Of Our Lives otra emotiva sorpresa, que jóvenes lucen en las pantallas. Ya con Lambert al micro y una batería salida del suelo, cae Crazy Little Thing Call Love piano piano enlazan con el mítico bajo de Under Pressure, que sinvivir de himnos estamos viviendo.

Que poder compositor tuvieron estos astros, A Kind of Magic siguen conservando su magia. Brian nos busca con la mirada, agradeciendo el trabajo a todo el equipo que lleva detrás, y presentando a la banda que en compensación aportan cada uno su correspondiente solo. 

La cascada de clásicos continua y I Want To Break Free reclama su espacio directo y certero. La intro de You Take My Breath Away hace eso justo y sin respiro la estrofa de Who Wants To Life Forever pone de punta los pelos de miles de almas provocando más de una inevitable lágrima, lo de esta canción es para vivirlo, no hay palabras.

Pensaba que nos iban a dejar un momento de respiro para recuperarnos, pero el tercer acto se inicia con algo tan esperado como el solo de guitarra del maestro, dentro de un ambiente astral, subido en un figurado meteorito se viene muy arriba y nos deja desorbitados, como no podía ser de otra forma, ni sé los minutos que ha estado siendo el centro del universo. 

El big bang no cesa, Tie Your Mother Down, nos devuelve al estado normal de pulsaciones de un concierto como este, The Show Must Go On tiene pinta de que va a acabar con nosotros, de la mejor forma posible por supuesto, Adam en los momentos agudos se sale, es su registro estrella y le saca total partido.

Si claro, falta Radio Ga Ga y si, damos palmas y recordamos el exitoso musical dedicado a la banda. El siguiente tema trae a nuestras mentes el recuerdo de una biopic, la obra maestra llegaba, Bohemian Rhapsody inunda un palacio embriagado de gozo. ¿Hemos dado las gracias a Mercury por componerla?

Siempre pienso que la gente que no siente pasión por la música no sabe lo que se pierde, Queen es el ejemplo perfecto.

Dos horas han tardado en apagarse las luces, sin tiempo para mucho, el mítico grito de Freddie Mercury en Wembley abre los bises Ay-Oh nos hace viajar a entonces. Faltan las dos “We” perfectamente fusionadas entre ellas y con nuestras manos sobre las cabezas, patadas y coros, con la poca voz que nos quedaba para entonces. We Will Rock You y We Are The Champions nos hacían regresar a la cruda realidad, la función estaba dando a su fin.

Freddie Mercury es único, Adam Lambert tiene nombre propio y arte suficiente como para llevar esto a su manera, extravagante y excesiva pero colosal. Desde la última vez que los vi, ha ganado en consistencia y credibilidad. El show como tal, en sí mismo ya merece la pena presenciarlo, musicalmente nos ha dejado a los afortunados que llenamos el palacio tocados para unos días.

Tal cual se despiden pienso, God Save The Queen.