Crónica | Sonic Blast ‘24: «De lo apolíneo frente a lo dionisíaco»
Crónica Sonic Blast’2024 – Primera parte
DIA II.
Con la adrenalina latente y los cuerpos ansiosos, llegó el momento de prepararse para la siguiente ronda.
Empezamos la jornada con los daneses Causa Sui. La banda ideal para ir entrando en sintonía después de un intenso primer contacto con el festival. Un grupo que te permite cerrar los ojos y teletransportarte al Edén a través de sus triposos e infinitos riffs con los que entretejen una red de melodías que te penetran en lo más hondo del ser.
Como si de un meteorito se tratasen, llegaron los australianos C.O.F.F.I.N (Children of Finland fighting in Norway), con una energía avasalladora para dar el relevo a los psicodélicos Causa Sui. El batería Ben Portnoy es también el cantante de la banda, una disposición poco común, al que se le suman dos guitarristas y el bajo. Nos sorprende su manifiesto compromiso con su ascendencia, ya que en más de una canción como White Dog hacen apología del ecologismo y concienciación de la herencia aborigen de las tierras. Además, es fácil reconocer la influencia de los míticos AC/DC y Airbourne.

Saltamos nuevamente al main stage 1 para recibir a uno de los mejores grupos en lo suyo, Colour Haze. Quienes consiguieron teñir el recinto con su particular magia psicodélica. Unos solos compuestos a fuego lento que son una absoluta caricia al alma. Para nosotros unos auténticos alquimistas del sonido, capaces de crear su propio universo complejo, denso y con infinidad de capas.

Escuchar a Colour Haze es comenzar un viaje sin retorno. Honestamente, no es de extrañar que sea uno de los grupos que arrastre a uno de los fandom más entregados.
Se colaron de stoner para ser un poco tostoner
Con una cerveza en cada mano, nos posicionamos para ver a TruckFighter, legendario grupo de stoner, los cuales irradian una fuerza increíble. Pero no vamos a mentir, el concierto se sintió un poco ladrillo; canciones muy homogéneas y sin ningún tipo de variación. Se colaron de stoner para ser un poco tostoner.
Cerrando la ración de stoner, tenemos a 1000 Mods quienes nos regalaron una hora de absoluto deleite. Consiguieron guiar a su público hacia una abstracción integral mediante unos ritmos lentos y constantes.

La batería paulatinamente iba acelerando el pulso hasta resonar cual quimera, mientras tanto la guitarra acompañaba con explosivos solos que te hacían retumbar toda la caja torácica. Sin lugar a dudas, 1000 Mods es todo lo que está bien dentro de la comunidad stoner.
Sin lugar a dudas, 1000 Mods es todo lo que está bien dentro de la comunidad stoner
Cerrando el escenario principal tenemos una propuesta innovadora dentro del line-up de este edición, el proyecto darkwave y post-punk del dúo Skemer, conformado por la modelo Kim Peers y el guitarra y synther Mathieu Vandekerckhove, al que ya conocemos por ser uno de los fundadores de Amenra, famosa banda de doom belga. Nos trajeron una puesta en escena con ritmos lentos y oscuros, así como el particular misticismo y sensualidad que desparramó la cantante. Sin embargo, esta nueva propuesta que juguetea con los límites de lo gótico, ha traído un tanto de controversia para el público más purista.

DIA III
Arrancamos tercer y último día con el cuerpo reventado pero sedientos de más voltiajes. Tras un buen desayuno en los coquetos bares del pueblo, un chapuzón en el agua congelada del riachuelo y una reparadora sesión de hidratación en el camping para reponer fuerzas, nos preparamos para el que para mí fue el mejor día del cartel.
Empezamos otra vez la jornada a las 16:30h de la tarde para ver otra de las novedades de esta edición, la psicodelia turca de Gaye su Akyol. Ni el sol de media tarde ni el cansancio impidió que estuviéramos en primera línea de batalla para ver el espectáculo de Anatolian Rock, que tristemente algunos no entendieron pero otros muchos apreciamos enormemente. La polifacética cantante se presentó absolutamente enigmática, postrándose con espectaculares poses que nos hacían recordar a la increíble Xena.
Gaye su Akyol, llega para recordarnos que el rock no está acaparado por los angloparlantes, reivindicando a través de su lengua materna la otredad étnica en un mundo etnocentrista. Los músicos que la acompañaban iban adornados con gafas de sol rememorando la estética cyberpunk, dándoles un toque psicodélico, al igual que la batería ritualista de absorbentes ritmos tribales. La actuación homenajeó a uno de los artistas turcos más influyentes, Erkin Koray, versionando uno de sus temas. Sin duda fue un absoluto acierto.
Pasamos al main stage 2, donde nos topamos con los perros viejos de The Obsessed, más duros que el acero de los barcos, mantienen a flote la auténtica esencia del rock duro de los setenta. El concierto fue un auténtico despilfarro de pesados y agrestes riffs que nos indujeron a todos hacia la locura. Pura energía desbordante que se transforma en un clímax apabullante. Qué vamos a decir de Wino, quien prácticamente fue uno de los precursores del doom metal como cantante de St. Vitus.

Con el atardecer de soslayo, se subió al escenario el que podría ser fácilmente mi grupo favorito de todo el festival. Estamos hablando de los franceses Slift, quienes nos brindaron un concierto lleno de intensidad y pasión por castigo. Instrumentales explosivas que solo sabían ir in crescendo. Un armagedón sónico lleno de riffs infinitos que nos hicieron renacer de nuestras propias cenizas. El ímpetu desbordó el lenguaje, impulsándonos a abandonar nuestro propio cuerpo. Un verdadero frenesí inmanejable en forma de distorsión.

Después de ese despilfarro de voltios, solo High on Fire puede tomar el testigo. Y ahí estamos, en primera fila, esperando que el sudor nos salpique la frente y deseosos de ser los primeros en recibir la fuerza de las ondas de los altavoces en el pecho. Lo que hizo el trío californiano no tiene nombre, fue absolutamente descomunal. Fue un acto que podríamos catalogar como epicúreo. Todos los allí presentes fuimos arrollados por la distorsión, recreándonos en una sensación superlativa de celebración del desorden. Sin exagerar podría decir que aproximadamente unas treinta personas pasaron en volandas por encima de mi cabeza.
Lo que hizo el trío californiano no tiene nombre, fue absolutamente descomunal
Después de las dos apisonadoras anteriores y con los dientes aún titubeantes, damos paso a lo que fue para nosotros nuestro último concierto de esta maravillosa velada, Wine lips. Un rock surfero de riff acelerados y buen rolleros capaces de levantarle el ánimo a un muerto (como nosotros después de la dupla demoledora de Slift y High on Fire).

En definitiva, podríamos catalogar nuestro paso por el Sonic Blast como una auténtica rendición de lo apolíneo frente a lo dionisíaco. De esta manera, el recinto se convirtió en un espacio sagrado, donde cada uno de nosotros aportó su granito de arena al caleidoscopio de experiencias que reforzaron la individualidad, a través de la comunidad y la escucha compartida. Es una celebración de la humanidad y la conexión, donde el espíritu colectivo es el verdadero protagonista con la música y la fuerza de los vatios como nexo. El único sistema de normas que se tiene como mandatorio es sonar tan fuerte como sea posible. A fin de cuentas, buscamos en la distorsión y en el ruido un espacio ajeno al mundo de las ideas. Han sido tres días (cuatro, para los afortunados que pudieron asistir a la pre-party) de una verdadera liberación mental y sensorial, que nos ha permitido regirnos únicamente por los impulsos y disfrutar.










