Pasadas las nueve de la noche, con todo vendido desde hacía semanas y un ambiente de los de esto va a salir bien, La Riviera acogía, quedándose pequeña, el concierto de presentación de Vol. II de Tarque y La asociación del riff.

Con una imagen muy rockera, chaqueta de cuero y todo de negro salía Tarque al escenario, la razón, un puñado de buenos temas por presentar, algunos más de su anterior trabajo por recordar y versiones varias.

La asociación del riff le escoltan, de sobra conocidos por los seguidores de la banda murciana M-Clan. Coki Gomez a la batería, Chapo González al bajo y Carlos Raya a la guitarra y al alma, sobre todo a la mía.

Bombas en son de paz caían sobre la sala La Riviera con un buen sonido, eso sí a la salida el comentario del pitido de tímpanos era general. Aquello pintaba a qué íbamos a caer al averno más repleto de insanas tentaciones.

Tarque es el rock con patas, hecho para estar sobre un escenario dando rienda suelta a eso ingénito que lleva dentro y suelta al apagarse las luces y encender las notas. Me hicieron confirmar que Heartbreaker es uno de mis temas favoritos para directo, nos saluda, se quita la chupa de cuero y a seguir quemando rock.

Escapa del amor fue para dejar claro que el misceláneo público que llenó, iba a morir de buena música. Cómo se salió Coki a la batería en El diablo me acompañará y Credo sobre todo, el final que se marcó en Maligno, exagerado.

Con un todos vamos a morir, nos liberan Juicio final a la que le sigue El diablo me acompañará con un solo final de Carlos Raya de pecado mortal. Desde mi absoluta parcialidad agradezco al músico que siga pisando escenarios y deleitándonos con ese don. 

Aprovechan para tomar aire y un trago y presenta a la banda, me queda por nombrar al gran Chapo González al bajo, que sin hacer resonante ruido, borda su labor y a base de gestos de complicidad y sonrisas, crea un ambiente total.

Carlos no para, es un animal sobre las tablas, se come, literal el micro, acaba por los suelos, se lanza a la valla montando una locura en las primeras filas, todo sin dejar de lado la parte vocal que en este estilo en solitario más duro, la clava.

Lo del solo de Carlos Raya en la bluesera Mar de whisky es de otra dimensión aún por descubrir, pero pulsada para disfrutar, bueno en esa y en todas. Se colgó su vieja Flying V para volvernos más dementes aún y Piel de toro sonaba muy heavy, sigo con ese final en la cabeza incrustado.

Flores en el acantilado, otro acierto para el directo, no os digo nada de la guitarra, es para sentirlo, que las palabras se me quedan demasiado cortas. El set list fue acertado, sin descalabros ni alteraciones, constante y para nada aburrido.

Veo pocos móviles en las manos, eso me gusta, disfrutemos de la música, a eso hemos venido, fueron unas de las pocas palabras del vocalista, el tiempo jugaba en nuestra contra y la música era la protagonista.

Entrevista Carlos Tarque: El rock no ha muerto, yo acabo de sacar un disco

Las versiones fueron dos en inglés, con un par, Helter Skelter y Jealous Man, las lleva a su terreno con ganas, la segunda con dedicatoria a Lenon incluida por parte de un Tarque que se come el escenario en cada tema y aún tiene profesionalidad para pedir a sus técnicos que le suban y bajen las luces cuando así lo necesita. 

Calle sin luz, casi al final del show fue la concesión musical a su banda M-Clan, muy acompañada desde abajo, predeciblemente, de hecho silenció su vozarrón para dejarnos solos a mitad del tema. La otra adaptación que queda por comentar, Maligno, una versión de Cactus, blues en vena para una noche de golpes de pasión.

Ahora y en la hora hace que el suelo retumbe un poquito y mi alma sonríe de verlos conjurados en torno a la batería, las cosas de verdad, se aprecian. Desaparecen del escenario dejando muchas ganas y ruido pidiendo su vuelta.

Aún quedaba su punto final, He vuelto para veros arder, así lo hicimos, de rock en vena sin sosiego. Ni idea de Donde nace el R&R,  pero morir, viendo a Tarque y a La asociación del riff en un escenario, posiblemente fuera la mejor canción para hacerlo. La alargan con voces, un poco de ruido desde las baquetas, un Raya soltando lo que le quedaba por distorsionar y un Tarque pletórico de energía contagiable.

Cuatro luminosos rayos decoraban el escenario. Es el signo que antepone a los truenos, el tiempo entre unos y otros es la distancia a la que se encuentra la tormenta. El pasado viernes, la tromba de rock en Madrid fue mucho más que eso. Tarque y La asociación del riff, gracias por dejar que el rock no muera.