Aprovechando el tirón mediático de la exitosa biopic Bohemian  Rhapsody los miembros activos de Queen recuperaron el magnífico formato musical que estrenaron allá por 2003 con éxito indiscutible. Por las razones de sobra conocidas, hemos tenido que esperar hasta este mes de octubre.

La Estación Gran Teatro Caixabank Príncipe Pío tendrá el honor de dar espacio al renovado espectáculo. La historia sigue siendo la misma, eso sí, con un final adaptado a la película.

En un distópico futuro dentro de 300 años, la música y los instrumentos que la crean, están prohibidos. Existen sin embargo unos pocos rebeldes esperando la llegada de un soñador, un líder capaz de hacer volver al rock.

Perfectamente envueltos en esta romántica historia, se descubren los temas más exitosos y conocidos de la banda, esta vez no ha habido adaptación en castellano de las letras, lo cual tiene varias lecturas, la positiva es que si manejas el idioma, no se escapa ni un detalle, la negativa, que si no las entiendes, puedes perder algo de hilo.

La escenografía ha sido actualizada cibernéticamente, al igual que el vestuario y las coreografías que tan bien han cuadrado de forma robótica y rollo andrógeno con el gris como color estrella escénico. Cuadrados, luces de neón y colores en el elenco, completan el escenario. Mucho humor en los diálogos, menciones a todo tipo de canciones reconocidas cargadas de fina ironía que dan a los textos ligereza y ritmo.

Imagen cedida por: We Will Rock You, el musical

En un teatro repleto a pesar de la pronta hora, entre humo y pinceladas de un enigmático Innuendo empieza el show presentando el mundo elegido, Radio Ga Ga suena alrededor de los bailarines. El protagonista, Galileo Fígaro, en esta ocasión interpretado por Ferrán Fabá, irrumpe con I Want to Break Free, dando rienda suelta a su torrente vocal. Somebody to Love es la canción que presenta a la protagonista femenina, Scaramouche, a quien da vida Anabel García con una genial interpretación acompañada de la voz requerida para cubrir su papel durante estas dos horas largas de emociones en torno a la reina.

Una vez presentada la parte «buena» aparecen los malos de la noche, Comandante Khashoggi y la mismísima Killer Queen, con David Velardo y Livia Dabarian haciendo de divertidos villanos entre las melodías de Play the Game.

Imagen cedida por: We Will Rock You, el musical

Poco tardan en irrumpir en escena mis dos personajes favoritos, los bohemios Ozzy y Brit, genialmente representados por Cristina Rueda e Ivan Herzog, reconozco que sin saber si es por los temas que les toca o porqué sí, de nuevo esta vez, me quedo con ellos dos, sobre todo con Brit, que bestia escénica, I Want it All hace subir las pulsaciones de todos los asistentes. No One But You sigue siendo uno de los puntazos del musical. Cristina, iluminada por un foco, hace suya esta versión poniendo pelos de punta irremediablemente.

Seguir con la carne de gallina es fácil ya que la preciosa Who Wants to Live Forever llega de voces de los dos protagonistas en modo romántico. La trama sigue su curso descargando temazos como Don´t Stop me Now, Another one Bites the Dust o Hammer to Fall. Mención inevitable a otro secundario de lujo Manuel Ramos haciendo de loco bohemio, agregando humor, ironía y picardía.

Imagen cedida por: We Will Rock You, el musical

Ya llegando al final aterrizamos en un asolado Wembley, recordando el Live Aid, en el que sobre todo Galileo lo pone todo con los temas que todos esperamos We Will Rock You y We are the Champions entremezclados con el mítico grito del añorado Freddie Mercury y su “EO”.

Tengo el mismo pero que la otra vez, echo de menos Show Must go on, que no tengo claro porqué se queda fuera y me encantaría disfrutarla.

La despedida típica de este tipo de funciones, público en pie, sonrisas, aplausos y ambiente de satisfacción, el buen rollo se palpa. Si bien es cierto que no aplaca el mono de concierto que todos los amantes de la música tenemos, pero las horas se pasan volando.

Imagen cedida por: We Will Rock You, el musical

Al final esto va de música y a pesar de la genial puesta en escena, se echa de menos algo más de guitarra, Danny Gómez, a pesar de su currado y logrado trabajo por sonar como Brian May, se me hacen cortos los solos para lo bueno que es, es el precio que hay que pagar por adaptar la música al formato del musical.

En general el musical merece mucho la pena, ojalá esto dure para mucho y podamos disfrutar más adelante de variaciones, ajustes y cambios que aún mejoren más la calidad del evento. Yo, desde luego, al igual que la otra vez, pienso repetir en cuanto pueda.