Crónica y opinión de Daughters (Madrid)

Haciendo una declaración de intenciones, esto no va a ser una crónica cualquiera. ¿El motivo? Daughters no son una banda cualquiera por lo que no se merecen una crónica al uso.

Sin duda alguna, son una banda muy peculiar. Todos los allí presentes habíamos acudido porque, o bien habías oído cosas acerca del impresionante directo de los estadounidenses, o directamente te habías topado con ellos en algún festival extranjero (ya que no han visitado España hasta el AMFest), como era nuestro caso. De cualquier forma, ese condicionamiento previo genera unas expectativas determinadas. Y aquí es a donde quería llegar. Daughters se caracterizan por una única cosa. No darte aquello que buscas. Tus expectativas dan exactamente igual, nunca vas a salir satisfecho. No en vano su álbum se titula You Won’t Get What You Want.

Muchos comentábamos aquello que queríamos que sucediera. Tanto los que ya habíamos visto a Daughters antes, como aquellos que sólo tenían como referencia aquellos vídeos de Alexis Marshall (aquí podéis leer la entrevista que le hicimos en el ATG) en los que aparecía con sus extravagancias se habían formado una opinión al respecto. ¿Se pegará en la frente? ¿Romperá algo? ¿Se tirará al público? ¿Se colgará de lugares? En cualquier caso, falta un rato para averiguarlo. Primero era el turno de Jerome’s Dream para abrir la velada.

Jerome’s Dream

Con media hora de retraso respecto a la hora apuntada, los americanos subían al escenario. Una puesta en escena sobria, con un color rojo intenso que servía de fondo y con el vocalista colocado de espaldas al público. La propuesta musical, siendo sinceros, no convenció demasiado. Si bien en sus álbumes resultan curiosos, sin llamar mucho la atención, en directo el sonido se enfangaba demasiado. La bola sonora no permitía oír distintos matices que en una banda muy basada en ritmos bestiales y agresividad desmedida se echaban en falta. Esto resultó en un concierto algo monótono.

El vocalista carecía de modulaciones en la voz y repetía continuamente los mismos patrones. Los ritmos resultaban muy similares, como si hubieran extraído las furiosas progresiones de acordes de The Dillinger Escape Plan y las hubieran repetido hasta la exageración. Aún con todo, muchas personas disfrutaron del concierto debido a la energía derrochada además de que esa agresividad en la música resulta harto catártica.

Daughters

Con media hora de cambio de escenario llegaban Daughters. Era momento de resolver nuestras incógnitas y ver qué nos podían ofrecer en realidad. El conjunto salía al escenario. Alexis Marshall ataviado con su elegante traje estaba dispuesto a demostrarnos que no tendríamos lo que esperábamos. Ya desde la primera canción, la agresiva The Reason They Hate Me, la banda cautivó al público madrileño. Los movimientos de su frontman eran plenamente absorbentes. No podías apartar la mirada de él en ningún momento. Su forma de moverse al son de la música es hipnótica.

Tercera canción, Satan in the Wait. Uno de los temas más alabados de su nuevo álbum y, en esta ocasión, primer momento de locura. Tres golpes secos al pie de micro y, hasta luego. Todos estábamos boquiabiertos. No es muy usual ver en bandas modestas este desprecio por el material. Aun con todo, el público estaba encantado. El micrófono también recibió de lo suyo. Tras acabar la canción no dejabas de ver a gente impresionada.

Es una ocasión inmejorable para hablar de la esencia del sonido de Daughters. Cuando escuchamos You Won’t Get What You Want subyace una cierta tensión. Las canciones no son bonitas, agradables, ni siquiera son muy técnicas. Daughters son el sonido del caos. Y con esto no me estoy refiriendo a sonidos machacones y sucios. Me estoy refiriendo a los sentimientos que producen sus temas. La lírica del disco gira en torno a eso. A una presencia que permanece constante y que pone en tensión al que lo escucha.

Canciones como Ocean Song, a pesar de ser plenamente melódicas, se caracterizan por ese sentimiento de angustia que queda de fondo. Otras como Guest House son mucho más explícitas y son gritos de ayuda en medio de un mar caótico (las metáforas no son casuales, se mencionan en las letras). Satan in the Wait, por ejemplo, es perfecta como tema que aglutina la musicalidad de la banda y ese sentimiento de fondo. La canción de apertura, City Song, es espeluznante, tanto por esos ruidos tétricos que sirven de base, como por los gritos de Alexis o por los versos “This city is an empty glass” repetidos de forma totalmente maniaca. Daughters son la banda sonora del caos y de la decadencia, y ambos conceptos son representativos de nuestro tiempo. Por lo que podemos deducir que You Won’t Get What You Want es uno de los discos de la década y que mejor representa esta.

Continuando con el concierto, si la música de Daughters es espectacular, su directo lo es aún más. No hay demasiadas bandas en activo que se les puedan equiparar. El público madrileño lo sabe. Independientemente de las expectativas con las que haya venido, la sorpresa es general. En este concierto la interacción con el público no es demasiada en comparación con lo que hemos visto en otros. Donde Alexis directamente canta entre el público, hace dive stage o acaba subido a la barra. Sin embargo, una de las interacciones en concreto nos deja impresionados. Alguien de la primera fila le ofrece un botellín de cerveza. Alexis no lo bebe. Simplemente se lo mete en la boca hasta llegar a la altura de la tráquea y lo suelta. Nuevamente entra en juego el título del álbum. Las expectativas nunca se cumplen. Probablemente todos esperábamos más interacciones con el público, pero lo que desde luego no esperábamos era, concretamente, esa interacción. Las expectativas juegan una mala pasada.

El concierto iba creciendo en intensidad. Ya en las últimas canciones se sobrevino la locura final. Encadenando Guest House, Daughter y Ocean Song, se sabía que el concierto iba a llegar a cotas de pleno éxtasis. Y así sucedió. Alexis Marshall ya estaba completamente descamisado y autoinfligiéndose daño. No tanto como del que partían nuestras expectativas, en el que le veíamos azotarse con el cinturón, rasgarse la piel con sus propias uñas o, literalmente, abrirse la cabeza con el micrófono (cinco brechas en su frente daban fe de esto último). En este concierto estuvo tan tranquilo como que sólo se ahorcó brevemente con el cinturón en torno al cuello y se rasgó con sus propias uñas. Al tiempo en el que descargaba toda su furia sobre el micrófono.

Y tal como aparecieron, se marcharon. Con un golpe fuerte del micro contra el suelo, salieron del escenario mientras la estática de Ocean Song continuaba. Entre algunos aplausos y desconcierto general del público, la luz se apagó y Daughters se habían ido. El ensimismamiento había desaparecido y tocaba volver a nuestra rutina diaria.

A modo de conclusión me gustaría recalcar e incidir en dos cosas ya mencionadas. La primera es lo impresionante del directo de Daughters. Absolutamente ninguna persona del público salía indiferente. Quizás decepcionada, quizás sorprendida, pero no indiferente. La tesis de esta crónica siempre ha sido la expectativa generada y cómo este grupo, por lo imprevisible de su directo, consiguen que nunca satisfagas tus expectativas. A mí, personalmente, no me cabe ninguna duda es que estamos ante uno de los conciertos del año.

La segunda tesis radica en la esencia de Daughters. ¿Cómo se explica que tras seis años en inactivo y siendo una banda modesta hayan irrumpido con tanta fuerza en el panorama? Absolutamente todos los festivales que han tenido la suerte de incluir a Daughters en su cartel han sido un reclamo impresionante y una sensación a posteriori. Creo que esto se explica muy sencillo con los argumentos que ya he esbozado antes. Por una parte, Daughters creo que son la banda sonora perfecta de los tiempos que vivimos. Esa tensión acumulada en nuestras rutinas, esa necesidad de escapar de lo que nos aprisiona, esa oscuridad que nos envuelve en lo más profundo de nuestro ser es el sonido de una década. Por lo que creo que este You Won’t Get What You Want es uno de los álbumes más representativos. Y, por si fuera poco, su directo es la viva expresión de esta montaña rusa de sensaciones.

Mi única preocupación hasta ahora es saber si Alexis Marshall podrá con toda esta presión de hacer un directo único e inigualable en cada show. Es algo muy difícil de mantener y es plenamente valorable. Este tipo de bandas suelen tener una trayectoria estelar pero breve. Ojalá sigan durante muchos años.

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