CRÓNICA ARCTANGENT 2019 (JUEVES): PEPITAS DE ARTE

En la jornada inaugural, aunque destacaron Daughters, Nordic Giants y Carpenter Brut, la gran variedad y calidad del cartel fueron los grandes triunfadores del jueves.

El Arctangent es el festival que tiene el status de meca del Math-Rock. Lo tiene porque ha conseguido erigirse como el estandarte que permite a las bandas de este género minoritario tocar ante públicos grandes y animados. De esta forma, tener la oportunidad de formar parte del cartel es un sueño para muchas bandas de este género, pero el ATG va más allá. El principal acierto del festival bristoliano no es el de mantener este estatus, sino conseguir una variedad estilística que permite al espectador estar horas viviendo pequeños conciertos sin el menor signo de cansancio.

El cartel de este año estaba principalmente compuesto por 4 géneros o vertientes. El primero y principal es el math-rock, que como hemos dicho es el género por el cual el festival existe. El segundo en discordia es el post-rock, que contrasta a la perfección con el primero, ya que el math tiene melodías y ritmos muy definidos y el post es tremendamente ambiental. Además, destacan el rock y metal progresivo, que en muchas ocasiones tiene elementos de los dos anteriores. Y también la electrónica, que este año ha pasado a tener un papel mucho más relevante que años anteriores, en todos los sentidos.

De esta forma se consigue adecuar un cartel para amantes de estos estilos, pero también a personas que deseen descubrir música nueva con tintes vanguardistas. Además, la duración de los conciertos es reducida. Tal vez no sea óptimo para disfrutar de algunos grupos en especial, pero sí que lo es para invitar a la gente a descubrir música nueva. También están a la venta listas con influencias de los grupos que tocan para orientar a los espectadores si no saben dónde dirigirse.

(Foto de Jonathan Dadds)

El ATG se celebra en una granja en un paraje natural y consta de 5 escenarios: Arc, Yohkai, Bixler, PX3 y Elephant in the Bar Room, ordenados de mayor a menor capacidad. Además, tiene puestos de comida ambulante bastante caros y alguna actividad de ocio esporádico como lanzamiento de hachas o una zona para fumar shisha.

Así que, en conclusión, el Arctangent es un festival en el que muchos grupos desarrollan universos sonoros y conceptuales muy bien definidos durante espacios reducidos de tiempo. Es un festival que pone la experiencia musical en el centro de su actividad y aun así funciona, con entre 6000 y 8000 asistentes, según fuentes de la organización.

Con este pretexto, un equipo de Rock Culture fuimos a Inglaterra para cubrir el festival y compartir la experiencia que vivimos allí, en uno de los festivales más exclusivos de Europa. Y tras el vuelo, llegar al festival y recoger las acreditaciones nos acercamos al PX3 a presenciar como abrían el festival Big Lad.

Big Lad fue el primer grupo en tocar y el primer grupo del cartel que usó la electrónica como elemento principal de su actuación. El dúo londinense (DJ y batería), que practican un estilo atropellado, consiguieron impregnar de una potencia que no tienen en estudio su actuación. Y a pesar de los problemas del batería para llevar un tempo estable, consiguieron que el público comenzara a formar los primeros pogos gracias a la pegada que demostraron sobre las tablas. Una buena forma de comenzar el evento, que seguiría con las actuaciones de Floral y Cultdreams.

El público enfervorecido. (Foto de Joe Singh)

En el Yohkai actuaba Floral mientras que en el Bixler era el turno de Cultdreams. Y el contraste era realmente notable, mientras los primeros pusieron su calidad técnica en el centro de la actuación, los segundos pusieron el mensaje político de sus letras y discursos. Los primeros hicieron una actuación realmente sólida, con malabarista incluída. Lo hicieron demostrando que forman parte de ese conjunto de grupos incipientes que practican Math-Rock con una calidad técnica enorme. Y sin embargo Cultdreams, tal vez debido a la simpleza de sus composiciones de Post-Hardcore, musicalmente sonaron insulsos. También es cierto que como hemos dicho, la fortaleza del grupo está en las letras de las canciones, que posiblemente es lo más difícil de transmitir en un festival con un cariz tan instrumental como el ATG.

Tras estos primeros compases del festival, que sirvieron de un prólogo notable para lo que estaba por venir nos dirigimos al Arc, a vivir uno de los conciertos más especiales que se han vivido en el ATG. Y antes de entrar en materia, queremos hacer una pausa para hablar de Cleft. Cleft es una de esas bandas, como Alpha Male Tea Party, Conjurer o Pijn, que han crecido gracias, en gran parte al Arctangent y el público que el festival genera. Por eso un concierto homenaje a Dan Wild-Beesley (guitarrista) en el festival que le vio crecer se antoja realmente emocionante.

Y así fue; tras un agradecimiento de la mujer de Dan a la audiencia por su apoyo incondicional salieron al escenario los artistas. Alpha Male Tea Party (que entrevistamos aquí), Mike Vennart y John Simm (batería de Cleft) tomaron el escenario para dar una lección de potencia, sensibilidad y nostalgia, así como es la música de Cleft. Además de hacer un repaso por los mejores riffs de Cleft y componer una canción expresamente para la ocasión, se guardaron lo mejor para el final.

Y es que durante la última canción el escenario se fue llenando de artistas para tocar juntos un acorde final en sus respectivos instrumentos. Alrededor de 30 músicos (entre los cuales vimos a componentes de Poly-Math o ASIWYFA) sobre un escenario despidiendo a un compañero tocando un Re mayor. Una muestra indudable del respeto y cariño que se tienen los músicos en la escena inglesa. No fui al único al que se le saltaron las lágrimas con lo que allí estábamos presenciando.

Todos los músicos dedicándole un acorde final a Dan Wild-Beesley. (Foto de Jonathan Dadds)

Tras esta lección de confraternidad, llegó el turno de hacer una parada en el camino para hacer entrevistas que poco a poco iremos publicando. Cuando acabamos nos dio tiempo para llegar al final del concierto de Cocaine Piss. La banda practica noise punk en el que sobresale la forma de cantar de su vocalista Aurélie. Aurélie hace Screamo con una voz fina y aguda. Además, la cantante se ganó al público cantando dentro de este. Se involuncró tanto que, en vez de subirse al escenario al finalizar el concierto, se fue andando como los que estábamos allí. Aun así, el concierto fue un poco monótono ya que su estilo no da mucho lugar al uso de matices y progresiones.

Aurélie (Cocaine Piss) abandonando el concierto. (Foto de Helen Messenger)

Después del cuarteto belga fue el turno de Bossk (que entrevistamos aquí), otra de las bandas de nicho del festival. El quinteto inglés, con un post-metal armónicamente hermosísimo consiguió ensimismar a la audiencia desde el minuto uno. Lo hizo gracias en parte a las imágenes espaciales que se proyectaban en la pantalla del escenario. Tal vez el concierto se hizo un pelín repetitivo debido al gran problema que le encuentro a la banda, que es el escaso desarrollo rítmico y melódico que tiene. Aún así fue realmente disfrutable para todo aquel que pusiera de su parte para meterse en el mundo que allí los ingleses formaban. Mención especial merece su cantante, Sam Marsh, que durante todo el concierto estuvo clavando notas guturales agudas poniéndonos a todos los pelos de punta. Apuntadlos en sus agendas porque son imperdibles si vienen a España.

Tras este concierto fuimos a comer y a ver a Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs de lejos. La banda, que ya actuó en el Arctangent 2018, era una de las bandas por las que sentía más curiosidad, y la verdad es no consiguieron alcanzar mis expectativas. Con un estilo muy fangoso y ácido, Pigsx7 es un grupo de esos que sacan la rabia que todos tenemos adentro. Así ocurrió por parte de la audiencia, que se mostró especialmente violenta. Pero tanto rato seguido de una potencia constante tiene dos puntos negativos, el cansancio que provoca y que no se distingan ya los pasajes que requieren de aún más potencia. Eso sí, la presencia del vocalista Matt Baty, cuando interpreta temazos como Cake of Light, bien justifican la visita. En estudio no tienen desperdicio, parad de leer aquí e id a escuchadles, en serio, no os arrepentiréis.

Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs en acción. (Foto de Helen Messenger)

¿Ya habéis vuelto? Bien, porque es el turno de Nordic Giants, la sorpresa absoluta del festival. La razón principal es que la música de los ingleses solo explota todo su potencial encima de un escenario. Ataviados con disfraces de espíritus del bosque, con una cantidad incontable de elementos naturales en sus cuerpos, los dos músicos se pusieron manos a la obra. Y su obra es ponerle banda sonora a los cortos que en la pantalla gigante se mostraban. Con una fusión de soundscapes, ritmos tribales, sintetizadores, trompetas y una marabunta de sonidos consiguieron que nadie despegara sus ojos de las pantallas. Y de repente, la colina del Arctangent se convirtió en un cine al aire libre.

Mención especial merecen los dos temas que cerraron el concierto, Together, sobre el corto de animación Pencilhead  y Bohemian Rhapsody, sobre el corto Solipsist. Para este último, subieron al escenario Evi Vine y Andy Cook para interpretar el clásico de Queen en una versión llena de desesperanza. Y es que la rearmonización del tema dio lugar a darle contexto a la muerte de Dan. Este se hacía protagonista en la pantalla del festival mediante fotos, emocionando a todos los que estábamos presentes. Uno de los mejores conciertos del festival y del año, sin duda alguna.

Nordic Giants en el Arctangent. (Foto de Jonathan Dadds)

Mientras esto ocurría en el Arc, el PX3 se quedaba pequeño para Conjurer y su death metal progresivo. El grupo, que como Cleft, también ha crecido junto al ATG, han comenzado ahora a despegar internacionalmente, gracias al inmenso Mire, y así se notó en el setlist. De la banda sorprenden dos cosas principalmente, la juventud de sus miembros y el uso de dos voces guturales, que le da mucha variedad tímbrica al grupo. El bolo fue mayúsculo, una delicia para los amantes de los riffs durísimos y de los breakdowns feroces. Si a todo esto le sumamos la madurez que demuestran en los pasajes lentos y contemplativos, tenemos un grupo consolidadísimo. Apuntáoslos, y no les perdáis de vista.

Corriendo se tuvo que ir Brady Deeprose, vocalista de Conjurer para colaborar en el concierto de Møl, mostrando una vez más la fraternidad profunda que se vive en la granja del Arctangent entre los grupos. Møl es una banda danesa que practica shoegaze unido a voces más propias del black metal. Suena bien la idea, ¿no? Pues el resultado es aún mejor, ya que el concierto fue brutal en muchos sentidos, tanta fue la conexión entre el público y el grupo que el cantante Kim Song no dudó en hacer crowdsurfing. Tras superar problemas de ecualización al principio del concierto, el grupo pasó como una apisonadora por el Bixler repasando su magnífico LP Jord, mostrando así que la apuesta del festival por grupos jóvenes que practican metal extremo es más que acertada, ya que el enlace de Conjurer con Møl fue de los tramos más lúcidos del evento.

Conjurer en el ATG. (Foto de Carl Battams).

Al acabar el concierto, nos tuvimos que ir del recinto para entrevistar a Alexis Marshall de Daughters (encuentro que podéis leer aquí) y volvimos para disfrutar de los últimos temas de Zeal And Ardor. El grupo demostró, una vez más, como han conseguido ser una banda de culto con solo dos discos publicados. Y es que esa fórmula de música negra con black metal, que un día Manuel Gagneux descubrió gracias a 4chan, engancha en la primera escucha. El bolo estuvo bastante bien, con un sonido muy definido, pero menos potencia que el año anterior, donde firmaron uno de los mejores conciertos del festival. Tal vez se echó de menos que sacaran más partido del escenario principal, ya que se mostraron muy estáticos y sin presencia. Pero en cambio los temas que defienden son tan potentes que es fácil partirse el cuello en cualquier concierto de ellos, como así ocurrió.

Zeal & Ardor en acción. (Foto de Helen Messenger)

Tras el grupo afincado en suiza fue el momento disfrutar de la calidad técnica de Polyphia. Los integrantes del cuarteto Texano son unas bestias en sus respectivos instrumentos pero van más allá. Además de la calidad técnica, consiguen dotar su obra de un carisma y una musicalidad muy atrayentes. Con influencias del R&B o Hip Hop consiguen darle una vuelta de tuerca al Math para convertirlo casi en un juego de niños. Y es que una música tan difícil de defender técnicamente la ejecutaron a la perfección en el Yohkai. Y lo hicieron a un nivel que los presentes se podían hipnotizar por la velocidad con la que tocaba Tim Henson. Una maravilla de actuación para los amantes del rock y metal técnico. El único problema fue la ecualización de las las guitarras, privando a los oyentes a disfrutar de las conversaciones entre Tim y Scott LePage.

Turno era de Carpenter Brut, uno de los proyectos que en otras ediciones del Arctangent no hubiera encajado en el cartel, pero en este se presentaba como una de las atracciones principales de electrónica. Y no defraudaron. Los franceses presentaron un show con toda su potencia visual y sonora. Con sus habituales cortos gores basados en películas de serie B y una iluminación discotequera convirtieron el Arc en una pista de baile. Además, a esto se suma que Carpenter Brut hace partícipe al público de su trabajada narrativa mediante letras en las pantallas, lo cual refuerza su experiencia a cotas difíciles de alcanzar en un directo. Ya era hora de tener electrónica de tanto nivel en el Arctangent como esta edición. Imperdibles.

Y llegábamos a la recta final de la primera jornada con energías suficientes para que nos las robaran Daughters (que tuvimos el placer de entrevistar). Daughters es un grupo que arrasa allá donde va (los asistentes al Roadburn dan buena cuenta de ello) y lo hace consiguiendo conectar con su música con el lado más primitivo y violento de cada uno. Lo hacen sin estribillos pegadizos ni melodías bellas, lo hacen con una música repetitiva e incómoda, pero llena de una estética decadente. Es obligatorio, por tanto, para descubrirles escuchar You won’t get what you want, uno de los discos del año.

Alexis Marshall es el máximo representante de toda esta estética. El cantante se autolesiona en directo, pegándose con el micrófono en el cuerpo o dándose latigazos con el cinturón. Y con él, las primeras filas, que se dejan aplastar por él, que textualmente camina sobre el público mientras canta. Todas estas actitudes se podrían ver como folclóricas en cualquier otro concierto, pero no en este. Cuando el significado de la obra que hacen conjuga tanto con lo mostrado en el escenario, no queda sino quitarse el sombrero ante la realidad: que el arte a veces no tiene que ser bello ni agradable. Uno de los mejores conciertos del festival sin duda alguna.

Alexis Marshall de Daughters encima del público. (Foto de Joe Singh)

Para finalizar la jornada quedaban los primeros cabezas de cartel, Coheed and Cambria. Habían generado mucha expectación, ya que llenaron la carpa hasta los topes. Hicieron un concierto perfecto en ejecución y en sonido, acompañado de visuales llamativos, pero tal vez un poco plano en energía. Destacable fue el trabajo de Claudio Sánchez, que estuvo perfecto en todo momento con su peculiar voz. Se antoja difícil hacer un setlist para repasar, desarrollar y presentar el universo conceptual de Coheed durante los años, presentando también nuevas canciones. Y en la búsqueda de este equilibrio tal vez Wake Up fue la gran damnificada en pos de canciones de su último álbum, The Unheavenly Creatures. Aún así tocaron grandes himnos de la banda como su reconocible Welcome Home, o su single, The Dark Sentencer.

Coheed & Cambria. (Foto de Sam Lees)

Un buen broche para una jornada inolvidable del Arctangent, y que a la postre fue la más destacada del festival.

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