D.K. Harrell y Marcus Miller cierran la 27 edición del Festival de Jazz de San Javier a golpe de Blues y Jazz.

El Festival Internacional de Jazz de San Javier celebraba su última jornada de esta edición 2025. En más de un cuarto de siglo, han pasado muchos grandes nombres por el escenario del Parque Almansa de San Javier. Tantos que resulta imposible mencionar sólo a algunos.

Lo bueno de este festival es que, además de grandes nombres, también encuentras verdaderas sorpresas, y algo de esto ocurrió con el «telonero» de lujo de Marcus Miller

Señoras y señores, con ustedes, la gran revelación del festival, el señor…

D.K. Harrell

Solo fueron necesarios 12 compases para darme cuenta que estábamos ante algo diferente. En el blues pasa algo como en el futbol, llevamos años buscando el relevo de los grandes de antaño y, a la primera que despunta un chaval, le encumbramos como el nuevo mesías del género.

Copyright © Pedro Hernández / PicFromThePit

No se cuantos «herederos» del blues hemos encumbrado después de BB King, Albert King o Freddie King… o, si me permiten, el único «King blanco», Eric Clapton. Después de Muddy Waters, después de Buddy Guy. No quiero que nadie piense que hago de menos a grandes guitarristas que vinieron tras estos. Hay mucho talento por los escenarios del mundo, no diré nombres por no desmerecer a nadie, pero en todos me faltaba algo: La magia. Eso que Muddy Watters llamaba «el Mojo», que o se tiene o no se tiene pero no se aprende.

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Y justo ese es el punto en el que hay que poner foco con D.K. Harrell. Este señor ha sido tocado por el dedo de los dioses del blues, tiene el Mojo de Muddy pero también tiene el vibrato inigualable del Maestro B.B. King. Y permítanme hacer hincapié en ese vibrato, y en esos bending, y, sobre todo, en esa actitud,  porque un servidor no había escuchado nada igual desde aquel B.B. King de mediados de los 60 en el Regal de Chicago.

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¿Cómo es posible que yo no hubiese escuchado antes a este señor? Pues ni idea, supongo que se pierde mucha música entre la avalancha de lanzamientos mediocres que rebosan las listas, pero me alegro enormemente de haberle descubierto gracias al Festival de Jazz de San Javier. 

D.K. Harrell también tiene otra característica común con los grandes bluesman, tienen momentos de blues pero también les gusta la fiesta, y el concierto de Harrell fue esa mezcla de temas, lo mismo te tocaba dentro buscando la nota marrón que se convertía en una especie de James Brown y se subía a las gradas a bailar o se quitaba los zapatos.

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Desde luego, no se si lo pretendían, pero le acaban de complicar mucho el concierto a Marcus Miller. Harrell y los suyos se han metido a la gente en el bolsillo, bebiendo, bailando… Hasta el calor, la humedad y los mosquitos recordaban a lo que debe ser una fiesta de verano de la Louisiana natal de Harrell, sólo había que cerrar los ojos y soñar, y bailar y beber y disfrutar. Que no se acabe nunca por favor.

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Solo os puedo decir una cosa, seguid a D.K. Harrell porque en unos años no sé donde estará, pero mucho me tengo que equivocar si este tipo no llega a lo más alto.

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Marcus Miller

Antes de comenzar a hablar del concierto de Marcus, debo de confesar que soy bajista aficionado, fan de Marcus ( y de muchos otros) y que yo realmente había ido para cubrir el concierto de Marcus (bendita sorpresa el telonero).  Y digo esto para evitar especulaciones sobre si «entendí o dejé de entender el concierto de Marcus».

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Lo primero de todo es que el telonero no le vino nada bien. El respetable estaba «on fire», totalmente alborotados. Había que bajar ese nivel de excitación y que volvieran todos a sus asientos. Marcus no tenía culpa, pero si fue un poco «corte de rollo» y tocó hacer un ejercicio de responsabilidad. Es como cuando estás en un boda, bailando la conga, «bolinga» perdido, con la corbata en la cabeza y con el cuerpo «rumbero» y de repente te enteras de que hay que volver a empezar: Ponerse la corbata en el cuello correctamente anudada, los faldones de la camisa por dentro y guardar la compostura en un asiento.

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Superado el trámite, he de decir que Marcus estuvo espectacular. El sonido fue impecable y pudimos disfrutar de la magia de Marcus Miller. El set list no ayudó mucho a la transición, pues los primeros temas fueron más lentos y más puristas, hasta el punto de que un «Homer Simpson de turno» gritó desde las últimas filas: «Dale caña ya Marcus». No fue oportuno, pero igual más de uno pensaba lo mismo.

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Hacia el ecuador del show, Marcus tuvo unas palabras para contar una bonita historia de cuando fue a África buscando la historia de su suegra y descubrió que había sido maestra de Nelson Mandela. A su suegra la llamaban Bunny y con todas aquellas sensaciones y aquella historia escribió la bonita «Bunny’s Dream». Para mi, el momento mágico del concierto.

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Marcus siguió con el show, que fue de menos a más, y hubo momento para alguna master class de slap, tappings, y todo tipo de piruetas sobre las cuatro cuerdas. Eso sí, siempre justificadas y al servicio de la canción.

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También hubo recuerdo para el gran Jaco Pastorius donde la sección de vientos se lució con gusto. Aunque puestos a elegir uno de la banda (eran todos increíbles) me quedo con el baterista, el señor Anwar Marshall, que consiguió que por momentos me olvidase de Marcus y me quedase embobado disfrutando de esos ritmos imposibles.

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Hacia el final del concierto Marcus fue homenajeado por el festival y recibió con ilusión un premio mencionando que «Es un honor porque antes lo habían recibido algunos de mis héroes como Chick Corea«. Después del premio unos bises y fuegos artificiales para despedir la vigésimo séptima edición del Festival Internacional de San Javier.

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Estamos desenado que llegue la edición 2026. Desde aquí lanzamos el guante a la organización para que vuelva D.K. Harrell de artista principal, y que esto ocurra más pronto que tarde por favor.