Stevie Zee

El grito del suburbio frente al mar: cuando la arena se vuelve blues

Escuchame bien, porque lo que pasó en Xàbia entre el 23 y el 26 de abril no fue un festivalito de primavera para que los turistas se saquen fotos. Fue pasión.

En un mundo donde todo es «like», algoritmo y música de plástico, el Arenal Blues puso la pelota bajo la suela y nos recordó que el sentimiento no se compra en una tienda de aplicaciones. Fue sanguineo, fue salitre y, sobre todo, fue verdad.

La cosa arrancó el jueves en la Casa de la Cultura con Mingo Balaguer y Fernando Beiztegui. Mingo es una leyenda, el guardián del sonido Chicago en España. Su armónica tiene ese tono gordo, amplificado, que te pega en el pecho; sabe cuándo gritar y cuándo susurrar, manejando la diatónica y la cromática como si fueran parte de su ADN. Y al lado, Beiztegui, el «Francotirador de la Pureza», un tipo que te clava un solo de guitarra y te deja pensando en todas las veces que te rompieron el corazón.

El viernes, la arena empezó a vibrar con Epi y Blues. Estos tipos vienen de Riba-roja de Túria y traen sus propias canciones, composiciones que huelen a asfalto. Con su propuesta de blues eléctrico con alma de rock & roll, demostraron que el blues local tiene una salud de hierro.Pero ojo, que saben jugar el partido; te meten esos «hits» bluseros que te obligan a mover el pie.

Después apareció Gonzalo Portugal. El bilbaíno presentó «Release» y nos dio una lección de intensidad medida. No es pirotecnia, es narrativa. Su banda sonó como una sola pieza, crudo y real.

Pero cuando bajó el sol, Martín Burguez & His Rhythm Combo nos metieron en un túnel del tiempo. Martín tiene el swing en la sangre y su guitarra electrizante, junto a su combo, convirtieron la playa en un club de los años 50.

Martín Burguez

Y para cerrar la noche, Mingo Balaguer’s Blueshadow. Hablar de Mingo Balaguer es hablar de un tipo que tiene el doctorado en la universidad de la calle y el conservatorio del Mississippi. No es solo soplar y aspirar, hermano; es entender el lenguaje del silencio y el grito. Mingo maneja la diatónica con una precisión quirúrgica, pero cuando agarra la cromática te da una cátedra de elegancia y tono gordo, ese sonido Chicago que te pega en el esternón y te obliga a prestar atención. Es el guardián de una tradición que no se estudia en los libros, se mama en los clubes, entre el humo y la verdad. Verlo en Xàbia fue como ver a un maestro de escuela de barrio dándote la lección más importante de tu vida: que el blues, si no tiene alma, es solo ruido. Y Mingo, te aseguro, tiene alma para repartir.»

Mingo Balaguer’s Blueshadow

El sábado fue una maratón de esas que te dejan el alma en paz. Al mediodía, The Pickin’ Boppers nos sacudieron con su rock instrumental salvaje. Son puro octanaje, una banda sonora de persecución que no necesita palabras.

The Pickin’ Boppers

Después, El Oso y sus Sabandijas trajeron el barro de Granada.«Y si hablamos de alma y suburbio, tenemos que hablar de ellos. Estos tipos vienen de Granada, pero te juro que si cerrás los ojos, sentís que estás en cualquier bar reventado en Chicago. Liderados por Antonio Travé, el ‘Oso de Benalúa’, un bluesman de raza que te canta, te toca la guitarra y te sopla la armónica con una honestidad que asusta.

El Oso y sus Sabandijas

A la tarde, vimos la bestialidad de Stevie Zee. Un frontman indomable de Filadelfia que mezcla blues, funk y rock con una energía inagotable. Su banda dio un show explosivo, de esos que los puristas critican pero que al público le vuelan la cabeza.

Stevie Zee

Y entonces aparecieron Arnau and The Honky Tonk Losers. Escuchame esto: lo de Arnau es música de carretera, country-blues forajido. Pero lo que te vuela la cabeza es la Pedal Steel Guitar. Ese instrumento que se toca sentado, con pedales y palancas, que hace que la música llore con una profundidad que te llega a los huesos. Junto a la guitarra solista, crean un sonido que te transporta directo a Nashville, pero con la garra del norte.

Arnau and The Honky Tonk Losers

Pero el momento cumbre fue la jam de La Beiztegui Blues Band. Subieron como invitados Mingo Balaguer y Victor Puertas. ¡Dos armónicas, hermano! Una orgía de cañas y lengüetas, con Mingo en la escuela clásica y Victor con ese groove moderno. Y se sumó Martín Burguez para un duelo de bestias de la música que nos dejó a todos sin aliento.

La Beiztegui Blues Band

«Y para cerrar el sábado, cuando la noche ya estaba prendida fuego, apareció Koko Jean & The Tonics. Koko-Jean Davis no es solo una cantante, es una fiera que se adueña del escenario y te obliga a mirar, a sentir y a mover el esqueleto aunque no quieras. Tiene ese soul que te quema y una energía que parece no tener fin. Pero ojo, que no está sola. Al lado tiene a Victor Puertas dándole una paliza al Hammond, sacándole ese sonido sucio y espiritual que solo los que saben de verdad pueden lograr. Puertas es un fuera de serie, un tipo que entiende el groove como pocos. Y completando el ataque, la guitarra afilada de Dani Baraldés y el pulso implacable de Marc Benaiges en la batería. Juntos son una máquina de ritmo perfecta, un vendaval de soul, blues y rock and roll que dejó a Xàbia sin aliento. Fue el cierre ideal para una jornada histórica, una demostración de que cuando hay talento y corazón, la música es imbatible.»

Koko Jean & The Tonics. Koko-Jean Davis

El domingo al mediodía, para bajar la persiana, The Ubangi Stomp nos regalaron ese rockabilly y boogie woogie que te hace sentir que la vida es un regalo. Con su fuego y su conexión con el público, dejaron la playa encendida, con la gente bailando y pidiendo más, demostrando que el blues también se disfruta a pleno sol y con el corazón abierto.

The Ubangi Stomp

Todo esto fue presentado por J.F. León, el speaker contratado que, con su conocimiento enciclopédico, le dio el marco perfecto a cada banda.

JF León

Y el aplauso final tiene que ser para la Asociación Xàblues. Ellos son los que ponen el cuerpo para que este milagro ocurra. Gracias por creer que el blues merece un lugar sagrado frente al mar. Gracias por cuidar a los músicos y por regalarnos esta trinchera de verdad.

Xàbia no fue solo un paisaje lindo. Fue el refugio de los que todavía creen en la música hecha por humanos. El Arenal Blues 2026 fue honestidad brutal. Y en estos tiempos de mentira, eso es un tesoro que hay que defender con los dientes.

¡Salud y Blues, carajo!

Les dejamos Algunas imágenes del festival!!!!!!