Visión general e introducción a la película

La película da el pistoletazo de salida el próximo 10 de octubre dando paso a la tercera parte de una saga ambientada 14 años después de Tron: Legacy dirigida por Joachim Rønning. La película aborda temas como la inteligencia artificial, la moralidad humana y la identidad, con una estética visual que combina efectos especiales de vanguardia.

Narra la historia de Eve Kim (Greta Lee), ahora al frente de ENCOM, y Julian Dillinger (Evan Peters), ambicioso CEO de Dillinger Systems. Ambos se enfrentan en una intensa carrera por hacerse con el control del Permanence Code, un programa capaz de otorgar existencia permanente a entidades digitales en el mundo real. En medio de esta lucha surge Ares, que le da vida el polémico actor Jared Leto, un super soldado IA creado por Dillinger que emprende una búsqueda profunda por descubrir su propia identidad.

Hay muchas razones por las que TRON: Ares está generando tanta expectación pero una de las principales es la banda sonora y sus autores. Desde su estreno en 2010, la música de TRON: Legacy firmada por Daft Punk. Ha trascendido incluso a la película, convirtiéndose en una de las bandas sonoras más queridas y reconocidas del cine moderno. ¿Qué banda legendaria del apartado mainstream estaría dispuesta?

Disney apuesta por una nueva entrega y se lo confía a dos nombres que entienden muy bien el poder emocional del ruido y cómo introducirlo en las películas: Trent Reznor y Atticus Ross, los cerebros detrás de Nine Inch Nails.

Proceso de composición – Trent Reznor, Attcius Ross y su influencia en el cine

Trent Reznor y Atticus Ross llevan más de una década trabajando en el arte de las bandas sonoras del cine actual. Desde el minimalismo inquietante de The Social Network hasta la calidez introspectiva de Soul, su trabajo ha demostrado que la música para cine puede ser tanto emocional como experimental. Pero esta vez, el reto era diferente y es que Disney quería a la banda completa, no simplemente a Trent y Atticus. La composición de una banda sonora requiere un enfoque más colaborativo y menos introspectivo. De menos a más se podría decir. Se ha elogiado su estética visual y el uso innovador de la tecnología IMAX, algunos críticos han señalado que la película no tiene una narrativa predecible y carece de innovación en su trama.

El tráiler lanzado en abril dio una idea del aspecto visual de la película, pero la música sigue siendo el gran misterio. Aun así, se ofreció algunas pistas sobre lo que se puede esperar de la banda sonora. No hay ningún segundo de orquesta en nuestra partitura, explicó Trent Reznor. Suena precisa y a veces desagradable. No es una banda sonora atonal ni castigadora, pero pasamos mucho tiempo pensando en los matices emocionales de la historia.

La idea de una vida artificial dotada de sentimientos, emociones y una sensación de propósito o de sentirse reemplazable y la falta de alma. Comenzaron con esa idea y funciona porque no aburre y aporta bastante a la historia. El dúo, lejos de replicar el enfoque de Legacy, buscó expandir los límites de lo que una banda sonora puede hacer dentro del cine.

“Es diferente a las bandas sonoras anteriores de Tron, y en algunos momentos se atreve más con lo que la música puede lograr en el cine. Sin sonar pretenciosos, ese era el objetivo. Si vas a hacerlo, hazlo a lo grande.”

Todo indica que Trent Reznor y Ross no solo han asumido el reto sino que lo han llevado al extremo apostando por un sonido industrial, cerebral y denso mucho más cercano a Nine Inch Nails que a la electrónica de Daft Punk. El resultado, según quienes han escuchado fragmentos, es una experiencia sensorial que transforma el universo de Tron en algo más oscuro, humano y trascendente. Si la historia logra estar a la altura o no, es lo de menos.

 

Estilo y enfoque sonoro

Olvídate de cuerdas calentitas y melodías reconfortantes ya que aquí todo viene de sintetizadores, texturas ásperas y ritmos que no piden permiso. Esa decisión estética contada en entrevistas y reseñas como la de Bleeding Cool se convierte en una máquina de tensión que, más que apoyar la imagen, le pone el pulso.

Además de las composiciones instrumentales, el álbum incluye canciones originales de Nine Inch Nails, lo que permite a los oyentes disfrutar de la música como una obra independiente, al estilo de sus anteriores discos. Colaboradores como Boys Noize que han estado en su última gira, Judeline y Hudson Mohawke aportan su talento a la producción, enriqueciendo la diversidad sonora del proyecto. No son meros cameos; son capas que completan la textura y evitan que así se quede en un mismo registro sonoro.

No es ruido gratuito. La elección de evitar orquesta y apostar por una paleta totalmente electrónica es deliberada. Lo que escuchas son capas de sonido pensadas para poner en primer plano el conflicto central del film: la fricción entre lo artificial y lo humano. Los loops, los pulsos y las percusiones industriales funcionan como un termómetro emocional. Suben la temperatura justo cuando la historia exige incomodidad, duda o ese minuto de nerviosismo que te hace mirar la pantalla distinto.

Además, el álbum no es solo un ejercicio de música ambiental y enfocada en la película. Incluye canciones claramente reconocibles, algunos tracks con voz y varios momentos que podrían vivir perfectamente fuera de la película. Eso le da doble vida, por un lado sirve a la narración en sala; por otro, funciona como un disco de Nine Inch Nails con gancho y texturas que te invitan a repetir la escucha en casa.

Aunque mayoritariamente instrumental, el álbum incluye cuatro canciones con voz interpretadas por Reznor (y una colaboración destacada con la cantante Judeline). Esa mezcla permite que el conjunto funcione también como un álbum de Nine Inch Nails escuchable fuera del contexto estrictamente fílmico, recuperando la idea de tracks con gancho junto a piezas de ambient / score. Pitchfork y otras reseñas han destacado que el formato logra ese doble propósito con un score funcional y disco coherente.

Impacto emocional y recepción de la crítica

Trent Reznor y Atticus Ross trabajan desde una lógica marcada por la intuición y por apuntar al pequeño momento que supone cierto impacto en el oyente. En entrevistas comentan que saben que una pieza funciona cuando les provoca “piel de gallina”. Esa señal de reacción física es su brújula. Lo relevante aquí es que no buscan la perfección técnica como fin en sí misma, sino que quieren que la música deje de ser mero fondo y se convierta en vivencia.

La textura sonora, los silencios, el pulso rítmico y la voz (cuando aparece) están todos al servicio de generar algo que se sienta humano aunque la trama trate de inteligencia artificial, vida digital y máquinas.

La música cumple de forma sobresaliente; la promesa emocional, genera atmósfera, tensiona, la escucha aislada también funciona pero con matices. La película, por su parte, es muy irregular. El apartado visual y sonoro son espectaculares, pero la narrativa y el relato se ve bastante empobrecido. Esta dinámica no es nueva ya que en las franquicias de ciencia ficción, la banda sonora termina siendo lo más perdurable y aquí parece que va por ese camino.

La intención, según varios analistas es servir a la narrativa cinematográfica sin renunciar a los ganchos reconocibles que caracterizan la identidad de la banda. Los medios subrayan que el equilibrio entre experimentación y claridad es uno de los mayores aciertos del álbum. En cambio, algunas reseñas señalan que las canciones vocales no siempre logran emanciparse del conjunto ni alcanzar la autonomía de un single de estudio, funcionando más como extensiones del universo sonoro que como temas independientes.

Rolling Stone y otros medios de referencia coinciden en valorar la ambición del proyecto como su mayor fortaleza. Más allá de si cada pista brilla por sí sola, el conjunto se percibe como una obra cohesionada, intensa y emocionalmente calculada, donde cada sonido parece formar parte de un sistema mayor. En definitiva, la crítica reconoce que Tron: Ares confirma lo que el dúo Trent Reznor y Atticus Ross llevan una década haciendo. Una forma de componer que no busca complacer, sino sumergir.

Análisis tema por tema

Vamos con una de mis partes favoritas de cuando reseñamos discos pero en un artículo de opinión que me parece bastante interesante añadirlo. Cabe destacar que el álbum no es un “popurrí de canciones” y está pensado para actuar como banda sonora que acompaña la película y como disco que puedes poner sin verla.

El disco arranca con INIT, una introducción atmosférica que define la paleta sonora del álbum con pulsos sintéticos y distorsiones sutiles, abriendo la puerta al universo digital que explorará todo el score. FORKED REALITY amplía ese espacio con un tono más ambiental, donde los sintetizadores y ecos crean una sensación de inmersión progresiva. En AS ALIVE AS YOU NEED ME TO BE, la voz de Reznor irrumpe entre ruido y melodías reconocibles, marcando uno de los momentos más directos y accesibles del álbum.

ECHOES retoma el terreno instrumental con un enfoque más etéreo, extendiendo la atmósfera con reverberaciones que parecen rebotar dentro del sistema digital. THIS CHANGES EVERYTHING eleva la intensidad con una estructura más agresiva y densa, marcando probablemente un punto de giro narrativo. IN THE IMAGE OF se adentra en texturas más oscuras y disonantes, evocando conflicto interno o duplicidad moral. En I KNOW YOU CAN FEEL IT, la voz vuelve como puente emocional, fusionando humanidad y maquinaria.

PERMANENCE se convierte en el eje temático del álbum, con pulsos respirantes y sintetizadores que parecen buscar su propia continuidad. INFILTRATOR introduce ritmo y tensión, un tema de acción electrónica con bajos marcados y sensación de movimiento. 100% EXPENDABLE ofrece una cara más sombría y abrasiva, donde la distorsión y el ruido reflejan vulnerabilidad y sacrificio. STILL REMAINS funciona como un interludio ambiental que calma el pulso antes de WHO WANTS TO LIVE FOREVER?, uno de los momentos más emotivos del disco, donde la voz y la melodía toman protagonismo.

BUILDING BETTER WORLDS arranca con grandeza y se fragmenta poco a poco, simbolizando la paradoja de crear y destruir al mismo tiempo. TARGET IDENTIFIED devuelve la tensión con percusiones contenidas y una sensación de vigilancia. DAEMONIZE lleva el experimento al extremo, explorando glitches y ruidos digitales que insinúan corrupción o colapso. En EMPATHETIC RESPONSE, los sonidos se vuelven más cálidos y expresivos, un momento casi humano dentro del caos sintético.

WHAT HAVE YOU DONE? plantea un tono de confrontación y culpa, con capas densas y un ritmo que sugiere desesperación. A QUESTION OF TRUST mantiene la tensión psicológica con modulaciones inestables que transmiten duda y ambigüedad. GHOST IN THE MACHINE baja el volumen y se vuelve introspectivo, con ecos metálicos que evocan presencia y memoria. NO GOING BACK marca el punto de no retorno, creciendo en dinámica hasta estallar.

El clímax llega con NEMESIS, una pieza de energía desbordante y textura abrasiva que actúa como enfrentamiento final. NEW DIRECTIVE introduce un respiro y una nueva dirección, retomando motivos iniciales como si el sistema se reiniciara. OUT IN THE WORLD abre el sonido, dando sensación de expansión y libertad fuera del entorno digital. Finalmente, SHADOW OVER ME cierra el recorrido con un tono melancólico y resonante, un eco que se desvanece lentamente, dejando al oyente entre la calma y la incertidumbre.

Contribuciones, créditos de importancia y colaboradores

Lejos de ser un proyecto en solitario, se enriquece con colaboradores que aportan matices y color electrónico contemporáneo. Boys Noize interviene en la co-producción de al menos un single y acompaña en actuaciones, mientras que Hudson Mohawke añade su toque en producción, sumando texturas que van desde pulsos glitch hasta ritmos de club. BJ Burton e Ian Kirkpatrick participan en producción y mezcla de temas concretos, dando un extra de sofisticación y variedad al sonido final.

En lo vocal, destaca Judeline, quien comparte protagonismo en Who Wants to Live Forever junto a Reznor, con producción adicional de Hudson Mohawke. Ese tema ha sido señalado por la crítica como uno de los momentos más humanos y emotivos del álbum, un respiro de calidez dentro de la densidad electrónica. Gracias a estas colaboraciones, la banda sonora no solo acompaña la película, sino que se sostiene por sí misma, mostrando que Nine Inch Nails puede seguir explorando nuevos territorios sin perder su identidad.