Crónica: Paradise Lost en el Garaje Beat Club de Murcia
Habían ganas de volver a ver a Paradise Lost en Murcia y eso se notó en que la sala estaba a reventar a pesar de ser miércoles.
Sobre esto, tal vez era un recinto demasiado pequeño para un grupo de la talla de los británicos. El propio Nick Holmes se encargó de decir varias veces lo pequeña que era la sala y que recordaba cuando hace más de 20 años tocaban en sitios así. La verdad es que la cantidad de asistentes fue algo excesiva y hubo bastante gente que no puedo disfrutar bien del concierto.
A las 21:25 horas y un poco antes antes de lo previsto empezaba la intro de Enchantment, y como si fuera un presagio toda la sala cayó bajo el encantamiento de los ingleses.

Paradise Lost nunca se han caracterizado por ser una banda muy dinámica y que interactúe mucho con el público y esta vez no fue diferente. Algunas peticiones de palmas, presentaciones rápidas entre canciones y a cumplir con lo suyo cosa que hacen con la misma profesionalidad de siempre y ese, tal vez, sea el secreto de ese encantamiento.
A pesar de llevar tanto tiempo juntos y no poder poner ni un pero a ningún miembro de la banda el peso está claro que lo llevan Nick Holmes y Gregor Mackintosh, el cual en su esquina sacaba en cada riff y cada solo ese sonido tan característico y personal.
Van cayendo temas de casi todos sus discos, con especial atención a su último álbum Obsidian como es obvio. Y de forma inteligentemente colocada en el set temas clásicos como One Second, donde la gente empieza a vibrar a tope, As I Die para enloquecer y para rematar dejan para el final maravillas como The Last Time de su legendario Draconian Times y retirada con Say Just Words y una sala en ebullición que pide más.

Vuelven a los pocos minutos para cerrar la fiesta con Darker Thoughts de Obsidian y antes de retirarse definitivamente con Ghosts, del mismo disco, nos regalan otro clásico de su disco Icon, una canción tan icónica, nunca mejor dicho, como Embers Fire.
Tras todo esto los de Halifax se van definitivamente con esa frialdad inglesa, dejándonos como casi siempre con la duda de si ellos han disfrutado del concierto tanto como los que estamos abajo. Tal vez eso sea parte de su esencia, pero siempre cumplen con creces lo que se espera de ellos.
ANTONIO DIESTE CONESA


