Reseña: Between The Buried And Me – Automata I (Sumerian Records, 2018)

El grupo de metal favorito de este que os escribe vuelve a las andadas con un nuevo trabajo: un doble CD del cual, de momento, solo nos han dejado escuchar la primera parte. Automata I es el nuevo trabajo de los norteamericanos Between The Buried And Me, uno de los padres del Death Metal Progresivo. Si bien el plástico apenas sobrepasa la media hora de duración apreciamos aquello que se dice de lo bueno, si breve, dos veces bueno pues consiguen el que supongo que es su propósito: mostrarte de forma breve la nueva vuelta de tuerca de este grupo formado en Carolina del Norte en el año 2000. Parecen volver a su vertiente más extrema tan solo cuando les place y, cada vez que lo hacen, consiguen mostrarnos una arista más, un sonido concerniente tanto a la producción como a lo que ellos les sale del alma que, muy difícilmente, puede dejarte indiferente. Este disco parece que ha sido hecho cogiendo sus 6 últimos trabajos, metiéndolos en una batidora hasta quedar una especie de zumo con unos colores y matices totalmente nuevos pero que recuerdan a estos trabajos anteriormente citados. Producido por Jamie King (quien empezó siendo bajista de la banda los 5 primeros años para, posteriormente, desempeñar el rol de producir todos sus trabajos) y lanzado bajo el sello de Sumerian Records, procedo a desgranar este trabajo.

Parece que los de Raleigh no saben hacer discos que no sean conceptuales. Personalmente, adoro esta faceta suya. Prácticamente toda su discografía cuenta una historia y fue a partir de Coma Ecliptic (trabajo anterior a este) cuando decidieron cambiarla. Automata I nos introduce en un mundo en el cual algo tan íntimo como los sueños de la gente puede ser visto y consumido como método de entretenimiento. Nos cuenta la historia de una persona en concreto que está en esta misma situación; sus sueños son un entretenimiento global. A su vez, tiene que lidiar con una vida muy difícil en la que entran factores como la corrupción o la depresión mientras busca a su familia perdida.
Entrando en terreno musical el disco abre con Condemned to the Gallows, la cual fue el adelanto que nos presentaron en su día, poquito antes de que sacasen este disco el 9 de marzo del presente año. Echaba de menos esta faceta suya que perdieron (o relajaron) en Coma Ecliptic; un Death Metal crudo con unas voces que de primeras te pueden descolocar pero que no son sino brutales. Between The Buried And Me han demostrado manejar muy bien uno de los aspectos que más los definen que es el de la experimentación; si bien se han mantenido fieles a un estilo del cual han sabido incluso crear escuela, también han sabido moverse a través de él, no estancarse y salir de su zona de confort pese a poder crear controversia, dando lugar a discos como el que analizamos hoy aquí. Destacar una de las últimas partes de esta canción puesto que recuerda al anteriormente citado Alaska, disco sacado en 2005 y que podría considerarse el primer escalón hacia el estilo que siempre los ha definido.

 

House Organ se presenta mucho más oscura. Los riffs nos engatusan y bajamos a un estado mucho más tétrico y ruin. Thomas Gilles nos muestra un poco de su cada vez más ampliado repertorio creando ambientes y pasajes con la voz que, como ya he mencionado antes, difícilmente te va a dejar indiferente. En este aspecto de la voz recuerdan a Coma Ecliptic en cuanto a que en este trabajo la voz fue el factor sorpresa puesto que, al estar acostumbrados a un registro que se “limitaba” a limpios, guturales, rasgados y growls, Thomas nos presentaba una nueva faceta en la que incluía voces más nasales, unas mezclas extrañas a la par que interesantes de estas técnicas y los guturales anteriormente mencionados, todo para aportar más color y variedad a sus trabajos. Nos damos cuenta también de la exquisitez de la producción; de cómo ambas guitarras están paneadas de forma magistral, los golpes de bajo y bombo resuenan en tu cabeza y los ritmos, aún no siendo tan complejos o abstractos como en trabajos anteriores, siguen teniendo esa magia y originalidad que define a los americanos.

Yellow Eyes es el tercer corte de este plástico. Se presenta muy versátil en cuanto a estructura y forma de desarrollarse. Hay cambios que, personalmente, vuelven a recordarme a trabajos anteriores (en este caso he apreciado una referencia gigante a Sun of Nothing de su mítico y recomendadísimo disco Colors). El ambiente de la canción recuerda mucho a este disco en sí; los cambios y caídas entre partes suenan a aquellos BTBAM de 2007 que empezaban a hacer sus pinitos y codearse con los más grandes del metal progresivo de forma totalmente merecida. Pocas veces en aquella época se había visto un metal con tanto desparpajo, tan profundo y delicadamente estudiado. Esta canción nos transporta a aquel grupo de hace 11 años que volaba la cabeza y las cervicales al mínimo contacto.

 

Llegamos al que, de forma personal, me parece el mejor corte de esta primera parte de Automata: Millions. La canción se muestra de las más simples pero, siendo sinceros, pocas veces he visto una simpleza que consiga envolverte tanto: unos riffs cálidos acompañados por una melodía de voz que te transporta allá donde ellos quieran. Los cambios son potentes y muy bien ubicados. Los poco más de 4 minutos de canción parecen haber sido unos cuantos segundos. Gold Distance se muestra como la más corta, puramente instrumental y tirando de soniditos electrónicos (los cuales han empezado a usar bastante y de forma muy acertada). Sirve como puente y Blot que se encarga de cerrar el disco. Blot se nos presenta como el tema más largo. Nos tienen acostumbrados (al menos la mayoría de veces) a dejar el temás más largo al final como forma de cerrar el disco. Si bien esta no es de las más largas (esta canción sobrepasa unos segundos los 10 minutos mientras en discos como The Great Misdirect o Parallax II las canciones finales duran más de 17 minutos), se nos presenta como la más despiada de todo el album. Un broche de oro a un disco que es tan de oro como corta su duración. O al menos es la sensación que me deja y, seguro, no seré el único. Me da mucho gusto ver como a uno de mis grupos favoritos desde hace más de 5 años parece no gastárseles la originalidad. ¡Y que así sigan!

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