Reseña: Fito y Fitipaldis – Cada Vez Cadáver

Fito y Fitipaldis – Cada Vez Cadáver

Por una vez, la tardanza en ver la luz del esperado nuevo trabajo de Fito y Fitipaldis, nada ha tenido que ver con su forma de contar los tiempos. Su valor es espaciar regalos musicales para que la experiencia se convierta en deseable. Si bien es cierto que una continuidad de disco y gira sería un agotador error.

Esta vez, el trabajo estaba casi a punto a falta de coros y poco más, las circunstancias han hecho el resto. La fitoterapia que la pandemia nos negó ha quedado solventada.

Efectivos y divertidos los lyrics videos que han colgado, la industria cambia y las cosas se hacen bien adaptándose. La impoluta producción parece un pulido ensayo o un concierto a grabar.

Su interior, de nuevo ofrecido sin pudor, prescindiendo de innecesarios sobresaltos. Sintiendo mayor peso de toques de saxo, máxime en las partes de solos, en los que toma el revelo a un Carlos Raya intratable en las cuerdas, en su línea habitual, sin grietas, adaptándose a las ideas con la naturalidad de quien solo sabe hacer las cosas bien.

Cada vez Cadáver - Fito y Fitipaldis

Los odiadores tienen para llenar líneas de perogrulladas, los adeptos, para dejarse embaucar sin demoras. Carente de riesgos, se ha centrado en las líricas, las cuales ha clavados para los directos. Con cambios de percepciones variantes entre lo melancólico y lo esperanzador su vuelta de tuerca siempre es doble para ambos lados.

La deseosa gira nos hará esperar hasta marzo para comenzar, dará su veredicto rutinario, se colmaran pabellones, palacios, teatros y donde quiera que pisen. Se ve tan abreviada que pide a gritos un otoño de novedades.

El álbum en si es lo de siempre, extraordinariamente común, salvo la infidelidad al tema instrumental sustituida por la ranchera versión de Transporte de Jorge Drexler, que con el truco de no caer en la réplica de pronta critica, pone el punto de forma pletórica a las diez composiciones elegidas para la ocasión.

Admito que, al escuchar los dos primeros y mal elegidos temas lanzados, Cada vez cadáver, que a mi parecer, rebosa melancolía y carece de fuerza de enganche y Cielo hermético, que a pesar de la solemne guitarra, se asemeja a una composición industrial, me alarmé al no experimentar las ansias desbocadas de formar parte de un recinto repleto de multitudes desgañitándose de emoción, por lógica ventura, al escuchar el resto, mi pensamiento volvió.

Tanto, Quiero gritar, con su rollo funk punzante y vacilón, como, En el barro, con la impresa diligencia mezcla blues y rockabilly, lo cual la hacen perfecta para tocar el directo, remontan un álbum que pudiera pecar de monótono anodino, siendo esta última muy firme candidata a ser la favorita, la ráfaga verbal del final es necesaria, por divertida. El rollo blues sensual lo culmina A morir cantando, con ese sonido de bar de carretera impregnado de una historia perfectamente visual.

Fantasmas es otra como muchas, sin miedo al instrumental sonido de viento y con una letra rozando el cliché. Si me ves así, por fortuna rescata del precipicio del tedio sonoro los sentidos, la proporción de estrofas evocando temas antiguos y la guitara acústica que despliega una punzada de cálida reminiscencia, atrae recuerdos rotundos.

La optimista vitalidad de A quema ropa, con ese puro riff, atrae por sus imperecederas y antagonistas metáforas. La sigue otro punto bluesero, Las palabras arden, intimista entra amarga por los poros a golpe de palabras de siempre, que calan natural.

Si a Fito le ponen un tablero de ajedrez delante, siempre hará la misma jugada, pero es lógico no cambiar, ya que acaba ganando todas las partidas. Sin más ni menos, porque no es necesario, os vemos en la gira.

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