Podría titular esta reseña Del Milagro al Marasmo pasando por Israel y con la polémica servida, escribir cualquier cosa, sería una triunfada.
Pero prefiero ir más allá y contaros cómo el diario de Cristina Llanos Fayos me ha despertado muchas cosas y me ha revuelto por dentro, las mil preguntas las tengo ahí.
Lo primero que debemos saber, no es una biografía, ni una novela, ni una recopilación de sus experiencias, ni un homenaje a Dover. Es su diario, lo que se haya editado o no, creo que nunca lo sabremos. Se lee de un tirón si tienes un rato, pero impacta mucho. Sobre todo al principio, no sé si luego es que te acostumbras al estilo y al nivel de sinceridad o es que la tensión baja, pero las primeras entradas van derechas a donde duele, y mucho.
Se me hace imposible no compararlo con The Heroin Diaries de Nikki Sixx, tiene muchas similitudes y te hace sentir al límite, aunque este es más de tripas, de mujer, de emoción. Las reflexiones son temperamentales a pesar de la medicación para aliviar esos dolores crónicos que afectan no solo a su cuerpo, sino también a su mente.

Su visceralidad ataca a tu interior llevándote al mismo sitio. No tiene miedo a mostrar sus sentimientos, yo no hubiera sido capaz de hacer pública tanta íntima verdad. La tibieza se la dejó en los márgenes de ese diario, le da lo mismo incomodar o lo que piensen de ella, tal vez porque lo escribió para que nadie lo leyera.
Dos veces he tenido que leerlo para asumirlo, y las preguntas son las mismas. Cristina obviamente se hartó de la servidumbre de la fama, de todo, y desapareció, digno y loable. Entonces esto ahora, ¿Qué razón tiene? ¿Va a volver a la música, a la vida pública? Entrevistas no concede, no me queda nada claro. Si, todos pensamos en eso de que se ha quedado sin pasta y esto es perfecto para sanear cuentas, tampoco creo que sea la razón. Algo se me escapa, ayudadme a descifrarlo.
Una, que algo de drogas legales entiende, al ver la primera lista de medicamentos recetados que toma, flipé en colores, ahí te haces cargo del nivel de sufrimiento que tiene la Llanos. Tampoco es sorpresivo, si seguiste su carrera, los vaivenes, subidas y bajadas en su personalidad fueron notables.
Sus hermanos están presentes de diferentes formas, uno de ellos con su inicial nada más. Parecería que el tema familiar es la parte oculta del iceberg. Amparo, la mía, la de todos, aparece como lo que es, una persona increíble, empática, dulce, asertiva y paciente, Amparo, si me lees, te adoramos. El resto de la familia es, pues como muchas, pero llevada un poco al extremo. Te da mucha rabia leerla, sobre todo el tema de su abuso, la impotencia, es lo que procede al leer esa parte de su diario.
A ratos sus líneas recuerdan a una anciana amable y bondadosa con ese vocabulario que usa, ojo, que Cristina en sus palabras demuestra ser tan buena persona como cualquiera. Hay odio, sobre todo hacia el género masculino, y es brutal, pero es entendible sentir esa ira hecha palabras. La parte de Bertín Osborne es de Premio Planeta, sin más.
Me fijo en su psicólogo, a ese sí querría entrevistarlo. Él sí sabe, aunque no va a soltar nada por ética profesional. Otra vez sale la rabia de pensar en todo lo que pudo haber sido y al final es. Al menos nunca tuvo el valor de llegar a cometer ese suicidio del que dice toda la verdad, es un acto de valientes, no de cobardes, y aquí la tenemos, viva y publicando.
Toques de humor y momentos graciosos también tiene, que la ironía es marca de la casa, y a pesar de tanta química artificial en su cerebro, eso nunca se debe perder. También deja muchas notas sobre temas complicados y escabrosos en el aire y abiertas a nuestra libre interpretación, lo cual, de cara a las críticas, puede resultar peligroso y es jugoso a la vez.
El final es trágico, ojalá hubiera sido evitable, ojalá todo hubiera sido de otra forma, pero entonces no hubiéramos tenido ni Milagro, ni Marasmo ni este diario en nuestras manos.
Leed, juzgad y comentad, que chicha hay para aburrir. Lo mismo hay más diarios y en nada tenemos segunda parte con la Llanos Fayos nunca se ha sabido y nunca se sabrá.
En La noche cayó y ya nadie pudo salvarme, si entras, vas a salir diferente.







