Nuevo trabajo homónimo de Zeal & Ardor
He coincidido varias veces con la siguiente afirmación: “me encanta la propuesta de Zeal & Ardor, pero no termino de engancharme salvo por algunos temas”. Esta es la triste realidad, seguramente de muchas, con pocos o varios grupos que nos hayamos cruzado en la vida. Unos pocos de esos pocos (o varios) consiguen cruzar esa barrera de quiero y no puedo creada en nuestro subconsciente que no nos permite disfrutar tanto de una banda como creemos que, de alguna forma, debería hacernos disfrutar. Hoy, precisamente, os vengo a hablar de Zeal & Ardor, pero el disco. El disco de Zeal & Ardor. O sea, Zeal & Ardor es el disco, pero también es la banda. Aunque la banda en realidad es un señor suizo llamado Manuel Gagneux. Como sea, vamos a hablar de esta banda, este disco y este señor suizo.
Manuel Gagneux, nacido en Basel y de padres músicos, comenzó a tener un contacto estrecho con la música desde pequeño. Siempre conectó con la cultura y folklore africanos por parte de su madre mientras coqueteaba con estilos más extremos como el grindcore y el melodeath. Y es que para irnos a sus influencias debemos pasar de manera inevitable por su curioso inicio. Manuel publicó en un foro de 4chan (y para un público racista) su curiosidad por experimentar con diferentes géneros musicales, a lo que estos mediopeos le sugirieron mezclar “black metal y n***** music”. De ahí nace Zeal & Ardor como concepto. Y es que en la mente de un genio caben perfectamente el black metal, la música de origen africano, industrial, electrónica, gospel, jazz, blues, soul… especiados con la voz del propio Gagneux, el cual salta entre estilos más cercanos al gospel y soul hasta screams y guturales propios del black y death metal.
Devil is Fine (2016) y Stranger Fruit (2018) son los dos primeros trabajos del músico suizo, en el cual son predominantes la experimentación y juego entre los estilos anteriormente mencionados, siendo en este segundo donde predomina una esencia que coquetea más con el avant-garde sin abandonar los estilos que lo acompañan. Gagneux, además, siempre ha mantenido una línea un tanto política en sus letras, las cuales hablan de la esclavitud histórica que sufre el pueblo afroamericano. En 2020 anunciaba un EP llamado Wake Of A Nation, el cual acompañaba del siguiente comunicado:
“Es y sigue siendo mi convicción que una historia tiene que hablar por sí misma, y que cualquier palabra que un escritor le agregue después de haber terminado de contarla es una evasión, una mentira o un error”.
Si bien estoy de acuerdo, me siento presionado a hacer una excepción para este EP. La intención y el contexto de ‘Wake Of A Nation’ deberían ser obvios. Me gusta deleitarme con la ambigüedad y con el espacio para la interpretación. Este no es el caso aquí. Estas 6 canciones son una reacción instintiva a lo que les ha pasado a mis conciudadanos en los últimos meses.
Originalmente estaba programado grabar un álbum para que saliera el próximo año. Como estas canciones fueron escritas en base a los horrendos eventos que las inculcaron, decidí lanzarlas lo antes posible. Usando la rica herencia y cultura como parte de mi identidad musical, me sentí como un cobarde al sentarme y continuar con mi rutina como si nada hubiera pasado.
Este récord es para Michael Brown, Eric Garner, George Floyd y los incontables muertos no contados y sin nombre.
Es para las almas valientes dispuestas a tomar una posición y a arriesgar su propio bienestar para que los demás puedan tener el suyo intacto.
Todos los ingresos de las ventas y la transmisión de ‘I Can’t Breathe’ serán donados».

Entrando en materia, comenzamos con Zeal & Ardor, la canción. Ya sabéis, del disco Zeal & Ardor de la banda Zeal & Ardor. Una vez ubicados, la banda nos suelta una guantá que ni a Chris Rock. Empezamos despertando en una transición electrónica que, tras ir evolucionando de a poquito, desemboca en maravillosos paisajes gospel traídos por Manuel Gagneux y sus acompañantes Denis Wagner y Marc Obrist. Run nos amplía la perspectiva sobre lo que podremos encontrar a lo largo del plástico: riffs crudísimos, parajes negros y cervicales rotas. Adoro la intención de los juegos de voces y su dinámica, casi parece que quieren atravesar la pared de nuestros cascos con tal de llegar a nosotros. Death to the Holy, tras unas semanas de escuchar el disco, es una de mis top 3. Entramos en un mundo de breakdows y estructuras de canción raras. El machaque constante, sumado a unas líneas de batería muy inteligentes por parte de Marco Von Allmen, culminan en un brillante final de canción donde los sintetizadores y el paneo nos ofrecen un curioso breakdown en el que estampar los dientes en el suelo bien a gusto.
Emersion supone una inmersión. Recuerdo casi emocionarme la primera vez que la escuché. Fusionamos partes de calma relativa (y preciosas) con blast beats y gritos, a lo cual añadimos post-rock y un final a pianito bien lindo. Golden Liar es un anochecer estrellado en el lejano oeste. Silbidos y voces dan textura a una situación del disco que se pretende minimalista, pero sin intención de partirnos la experiencia. La canción revienta en un ritual donde toms, guitarras y voces se enzarzan en tus oídos para brindarte una experiencia realmente bella. Erase abre con un punteo de guitarra acompañada de la voz de Manuel, el cual muestra una vulnerabilidad momentánea que rompe en un muro de sonido donde breakdowns, black metal y un cielo de nubes negras que nos atrapa. Las disonancias y la constante y buena elección de recursos hacen de este disco algo realmente cómodo de escuchar incluso para quienes nunca hayáis experimentado algo similar a esta banda que, por otro lado, no sé si lo tiene. Un mar de gritos cubre una melodía de voces preciosa que regresa al inicio, añadiendo un juego de paradiddles más que interesante entre hihat, caja y bombo.

Bow es un agujero de sintetizadores donde las voces bordean unas líneas impresionantes, tanto a nivel técnico como compositivo. La oscuridad reflejada en el disco dibuja sus tonos más oscuros gracias a la programación de unas baterías sencillas que llenan el inmenso vacío de los sintes. Rompe en un riff simple que corear hasta reventar los pulmones. Feed The Machine es otro guantazo, esta vez como el del caranchoa. Volvemos al doble pedal rápido como una metralleta y los gritos del inframundo, acompañados de cambios en los que volvemos al gospel y el soul como, realmente, el que no quiere la cosa. Susurros, black metal, energía de iglesia, c3 y c5 rotas… seguimos. I Caught You nos avisa desde el principio que la ensalada de hostias de momento solo lleva lechuga y maíz, faltan tomate, pimiento, zanahoria… Pasajes de toms y un riff de guitarra, que nos vuelve a intentar tirar la pared de los cascos junto a las voces, terminan en transiciones que, pese a lo sencillo que puede sonar que os diga que son gritos, os invito a escuchar y observar cómo una transición puede ser todo lo sencilla que quieras si está bien escogida. Me va a costar muchas escuchas descifrar los entresijos en cuanto a estructuras de canción tiene este disco, lo cual me supone una motivación enorme.
Church Burns encara la recta final. Es de esas canciones que cantar a corazón abierto. En un tempo lento se desarrolla esta canción carente de complejos, la cual te sigue gritando y queriéndote al segundo siguiente. Los teclados cobran un protagonismo especial acompañando a las voces, las cual llevan el protagonismo durante los tres cuartos de hora que dura el trabajo. Götterdämmerung es sucia como sus guitarras y voces. Siendo quizá el corte más metalero del plástico, tenemos delante 3 minutos de screams y riffs venenosos. Volvemos a cortar el tempo para darnos esa sensación de querer cabecear. Pasamos a otro corte lírico donde nada desencaja, el cual nos vuelve a patear hacia un acantilado de destrucción. Una guitarra a contratiempo al más puro estilo reggae, siendo esta vez el bajo quien guía a las voces, nos presenta Hold Your Head Low. Define a esta canción un sentimiento profundo de tristeza, el cual se ve reflejado en una especie de post-black que me quiere recordar al bosque y el frío aderezado, como siempre, de la particular vibra soulera que nos ofrece el suizo. J-M-B nos ofrece un rincón distinto. Unos dos minutos que, tras un comienzo tensamente alegre, desemboca en riffs metaleros de una crudeza bestial. Breve pero intenso. Terminamos así con A-H-I-L. Vuelta a los sintetizadores, al espacio raro. Vuelta a una crudeza que envuelve al disco y a la música de Manuel Gagneux, quien se consolida como alguien a quien tener muy en cuenta tras su cuarto lanzamiento, su homónimo y, quizá, mejor disco Zeal & Ardor.







