La gira Roxette In Concert, que arrancó en febrero de este año y se extenderá durante más de año y medio, ha traído a los suecos a España con dos paradas: Barcelona y Valencia.
El sábado 15 ofrecieron un show épico y lleno de nostalgia en Valencia y, aunque Marie Fredriksson tristemente nos dejó en 2019, la magia de sus canciones seguía intacta. Con Per Gessle al frente y Lena Philipsson a su lado, el Roig Arena se convirtió en una máquina del tiempo, llevando a todos los que crecimos con sus himnos de vuelta a los años 80 y 90, entre recuerdos, emoción y unas ganas enormes de cantar a pleno pulmón.


Cubrir este concierto fue algo muy fácil y cómodo gracias al equipo de comunicación y prensa del Roig Arena, que se mostraron súper amables y atentos en todo momento. Me hicieron sentir como en casa, lo que hizo que sumergirme en el concierto y en ese viaje en el tiempo fuera mucho más natural. De repente, entre luces y música, no era solo un recinto abierto al público, sino un espacio donde podía volver a tener 11 años, escuchando las cintas de Roxette de mi hermana a todo volumen en el walkman a pilas.
Desde el primer acorde de The Big Love, el público estaba conectado. Después llegaron Sleeping In My Car y Dressed for Success, y la gente ya no paró de moverse. En la quinta canción, toda la gente inicialmente sentada en pista estaba en pie, bailando y cantando. Daba gusto ver cómo cada nota traía recuerdos de la infancia.


Lena brilló especialmente en temas como Fading Like a Flower, y el resto de la banda estuvo espectacular: sus músicos de siempre, como Clarence Öfwermann (productor del grupo desde el principio) y Jonas Isacsson, junto a Christoffer Lundquist, Magnus Börjeson, Magnus “Norpan” Eriksson y Dea Norberg, sonaron impecables de principio a fin.
Uno de los momentos más especiales de la noche fue cuando Christoffer Lundquist interpretó el himno de la comunidad Valenciana como un solo de guitarra y todo el mundo cantamos al unísono. Saben cómo meterse al público en el bolsillo.



También sonaron temas menos clásicos como She’s Got Nothing on (But the Radio), que funcionaron de maravilla, pero el corazón del concierto llegó con los clásicos: It Must Have Been Love, dedicada a Marie, y los himnos: How Do You Do! o Dangerous o Joyride.

El primer bis fue un subidón: Spending My Time, Listen to Your Heart, con todo el mundo cantando cada palabra, y The Look, con los inconfundibles “na na na” que todavía recuerdo tararear en mi habitación a los 11 años. Cerraron con Queen of Rain, y aunque el segundo bis nunca llegó, el concierto ya había dejado huella.
Roxette logró que por un par de horas olvidaras el presente y volvieras al 94, con muchas preocupaciones menos, con el corazón en un puño y la sonrisa pegada. Una noche de nostalgia, guitarras, voces perfectas y canciones que, aunque pase el tiempo, nunca pierden su magia.









