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Sabina nos entregó las llaves de su casa el pasado sábado.

Foto Pedro Hernández @picfromthepit

Sabina llena hasta la bandera la plaza de toros de Murcia por segunda noche.

 

Sabina nos entregó las llaves de su casa el pasado sábado. Y es que, el flaco de voz de lija hacía ya seis años que no se dejaba caer por aquí y había ganas de desempolvar los bombines y enfilar los pasos hacia la plaza de Toros de La Condomina

El concierto, que forma parte del programa de Murcia On, hacía gala de una organización impecable, como suele serlo en todas las producciones de Riff Music compartidas con Ibolele. El acceso sin colas a una plaza de toros vestida para las grandes ocasiones, con un «patio de butacas» bien organizado, nos hacía sentir como si estuviéramos en el mejor de los teatros al aire libre.

Foto Pedro Hernández @picfromthepit

El nombre elegido para la gira, «Contra todo pronóstico«, no podía ser más acertado. Después de cuarenta y cinco años de carrera y varios sinsabores concatenados, el Maestro no se encontraba precisamente en su mejor momento… Hasta ahora, claro.

Sin teloneros, sobrepasando un poquito las 22:00h y con un lleno absoluto, aparecía Sabina sonriente, con paso tranquilo y despreocupado, camisa negra con lunares rojos y un bombín blanco.

«Cuando era más joven» es el balazo de nostalgia con el que nos recibe

«Cuando era más joven» es el balazo de nostalgia con el que nos recibe. Masticada, eso sí, con muchísimo cariño y sin olvidar que debajo del bombín se pasean 74 palos y subiendo, de ahí las sillas y las mesitas que no abandonará en toda la noche.

Después de la primera, se abre paso un largo saludo para decirnos que se encuentra inmerso en la que está siendo la mejor gira de su vida, de sus vidas (se vuelve extendiendo los brazos hacia su banda) y todo ello a pesar de los malos presagios para este día ya que durante los ensayos una paloma había soltado un “regalo” sobre uno de los músicos.

Foto Pedro Hernández @picfromthepit

Es el turno de «Sintiéndolo mucho» donde nos confiesa que siempre ha querido envejecer sin dignidad y nosotros, por la parte que nos toca, agradecemos que otro flaco llamado Leiva le devolviese las ganas de escribir.

La tercera es otra de las «frescas»: «Lo niego todo» , y se quita el sombreo después de haberlo negado absolutamente todo ante un público entregado. Lo cierto es que se le ve feliz y suena realmente bien a pesar de llevar un «tempo» más lento de lo acostumbrado.

Foto Pedro Hernández @picfromthepit

«Mentiras piadosas» es la siguiente y al terminarla hace una parada para dedicar «Lágrimas de mármol» a unos cuantos amigos. Justo aquí entra en acción el saxo, se lleva la mano al pecho simulando bailar con una dama. Está cómodo y canta con garra, aunque vuelve a bajar las revoluciones para acomodarnos en «Cuando aprieta el frío«.

Foto Pedro Hernández @picfromthepit

el Maestro decide caminar hasta una mesita y trasladarnos al calor de mariachis y cantinas

Por ahora la melancolía se evapora aquí. El Maestro decide caminar hasta una mesita y trasladarnos al calor de mariachis y cantinas. Es el momento de recordar a los que se han ido, a Krahe, a Aute, a Milanés y como no, a Chavela. Así lo atestiguan los primeros acordes de «Por el bulevar de los sueños rotos«. Pero Joaquín no acostumbra a revivir México a solas y por eso aparece «Marita» para sentarse a su lado, aunque acabarán en pie y dejando que el público termine las frases al unísono.

Foto Pedro Hernández @picfromthepit

«La mejor banda que he tenido nunca»

Sabina retoma el epicentro del escenario para empaparnos a todos con «Llueve sobre mojado«, muy bien acompañado por la voz y la guitarra de Jaime Asúa.

En este momento es cuando nos presenta a su banda, «la mejor que ha tenido nunca». Ellos son el polifacético y veterano Antonio García de Diego (al piano, a la guitarra por momentos y también dirigiendo a la banda). La sensacional Mara Barros como corista oficial desde hace más de una década. La argentina Laura Gómez Palma al bajo. El también veterano Paco Beneyto a la batería. El benjamín Borja Montenegro como segunda guitarra. El aragonés medio escocés Josemi Sagaste a los vientos. Y el ya mencionado guitarra principal, y ocasionalmente vocalista, Jaime Asúa.

Foto Pedro Hernández @picfromthepit

Casi en el ecuador de la noche, el Maestro necesita un refrigerio, pero nos deja la mar de contentos con «Yo quiero ser una chica Almodóvar» a cargo de Mara Barros y «La canción más hermosa del mundo» con García de Diego. Aunque Sabina reaparecerá sigiloso para cantar los últimos versos.

Foto Pedro Hernández @picfromthepit

«Tan joven y tan viejo» nos remueve otra vez en la silla y nos hace parpadear muy deprisa para que no se escape una lágrima. Pero lo mejor llega al final, cuando de repente al de Úbeda le asalta una gran ovación. Se emociona, se quita el sombreo y pide que nos vayamos calmando. A mi me pareció que fue justo aquí cuando nos entregó las llaves de su casa.

Y sin embargo te quiero…

Pasan acopladas al ambiente «A la orilla de la chimenea» y «Una canción para la Magdalena«, aquí de nuevo sentados a la mesa Marita y el Maestro. Pero, como un fogonazo, «19 días y 500 noches» deja al público en pie y desgañitado casi al tiempo que se encienden las linternas de los móviles en «Peces de ciudad«.

Foto @Rock Culture

Para saltar de una magia a otra, el Maestro vuelve a reclamar a «Marita» con la intención de dejarnos boquiabiertos con el talento de la de Huelva. Nos sorprende con un magistral «Y sin embargo te quiero» que se une a otro «Y sin embargo» que va «a pachas con el público», mientras el señor de la voz de lija se vuelve a quitar el sombrero.

Foto Pedro Hernández @picfromthepit

A estas alturas de la noche, llega «Princesa«, sin duda el tema más rockero del repertorio. Irrumpe Jaime Asúa que, en un momento cómico, implora a Sabina que le deje empezarla, como diciendo «porfa porfa porfa que necesito rock and roll», Joaquín concede generosamente y Jaime se arranca dándole caña a la guitarra como si del mismo Springsteen se tratase. Aquí hasta «el hombre del piano» agarra una guitarra y toda la banda termina el tema al filo del escenario como en una fiesta. «El flaco» luce una amplia sonrisa, está feliz.

«Eh Sabina así no se termina»

Se despiden, Sabina se quita el sombrero otra vez y todos se retiran. El público corea «Eh, Sabina, así no se termina», dando por descontado un retorno.

El respetable estaba en lo cierto. Retoman el show con «El caso de la rubia platino» y Asúa detrás del micrófono dándole un respiro al Maestro, que volverá seguidamente para deleitarnos con su himno «Contigo«.

Foto Pedro Hernández @picfromthepit

Vuelve sin guitarra y con cambio de vestuario: Esta vez con chaqueta azul oscuro y lo que me parece una chistera negra de copa baja. Lo cierto es que vuelve para recordarnos que no quiere comerse una manzana dos veces por semana sin ganas de comer, ni París con aguacero, ni el Segura sin ti. ¡Olé!

Las dos siguientes van disparadas desde la algarabía de un recuerdo feliz. Son
«Noches de boda«, que me suena desnuda sin la voz de las que ya no están. Porque no nos engañemos, aunque el fin del mundo nos pille bailando no será una digna hecatombe sin Chavela. La otra, la mal envejecida y destrozada en mil karaokes «Y nos dieron las diez» .

Foto Pedro Hernández @picfromthepit

Ahora el Maestro coge unos platillos y nos suena a despedida «Pastillas para no soñar«, aunque detrás de su espalda se recrean motivos circenses, quizá para contrarrestar la desazón que trae la proximidad de un final.

Tengo que decir que eché en falta algún «carajo», el truhan no dijo ni uno, pero conté hasta cuatro veces que se quitó el sombrero ante el respetable. Murcia le supo bien porque le gritó las canciones como nadie cada vez que giró el micrófono y le ovacionó cuando menos contaba con ello. Pero Murcia es así, arropa a destiempo y pierde la voz desde la primera hasta la última. Así es.

las mejores canciones empiezan con un tipo metido en líos y  las de amor, si las analizas, en realidad son de desamor

En esta gira, que por desgracia, huele a despedida y a entrar al otro barrio con las cosas dichas a quien toque, y las gracias bien dadas por doquier, también a quien toque… Quizá me faltó un poco más de «policía», de «piratas cojos», y hasta de Mandrágora. Aunque tal vez, egoístamente, lo que yo quería era cerrar los ojos y viajar en el tiempo a mis antros más queridos. Pero este hombre ya no está para eso, aunque nos diga, como en un credo, que las mejores canciones empiezan con un tipo metido en líos y que las de amor, si las analizas, en realidad son de desamor. En fin, ni puedo retroceder en el tiempo, ni puedo llevarle la contraria al Maestro.

Y ahora que todos tenemos las llaves de su casa deberíamos acudir en tropel a gritarle eso de » Eh Sabina, así no se termina». ¡Vuelve maestro!

 

Texto: Ana Meroño

Fotos: Pedro Hernández @Picfromthepit