WHORES. y HELP en Madrid: Autenticidad y muchísimo ruido.

El pasado viernes, unos estadounidenses fueron los culpables de que volviera a pisar la sala Wurlitzer después de meses sin ir; en concreto HELP y WHORES., cartelazo de nivel de la mano de Red Sun. La “Wurli” (burli, gurli), es una sala de Madrid algo incómoda en cuanto a la distribución del público, pero qué bien se agradece ver grupos tan potentes en espacios tan pequeños, con ese aire de búnker que tanto nos gusta.

Nada más entrar, ya se escuchaban los gritos del cantante de HELP. No los conocía bien, pero tras verlos en directo me he quedado con muchísimas ganas de ver cómo este recientísimo grupo sigue evolucionando. HELP es un trío de Portland que mezcla noise rock y post-hardcore, con toques punk tanto en su sonido como en su actuación (se agradecen siempre un cantante incapaz de quedarse quieto) y que en 2024 lanzaron su álbum Courage. Con su sonido directo, áspero y de furia, ganaron aún más fuerza en la atmósfera de la Wurli. Realísimos, crudos y sin pausas, divertidos, con un sonido estable, muy bien controlado y potentísimo. De hecho, las fotos que conseguí sacar de ellos son tan malas simplemente para honrar estos aires casi punk y ruidosos que supieron demostrar.

Cuando HELP dejaron el escenario, los que fuimos buscando tener tinnitus para el resto de la semana nos juntamos en las primeras filas para poder tener más cerca a WHORES., porque, sinceramente, confío en que la insonorización de la Wurlitzer fuese suficiente para que su sonido no se escuchase por toda la Gran Vía.

WHORES., con ese punto final en el nombre que, según su cantante, pretende agregar también ruido visual (de nuevo, las fotos que incluyo del concierto son para hacer honor a sus intenciones), llegaron a Madrid arrastrando una gripe mal curada. Con buen humor, pidieron disculpas por adelantado, pero lo que hicieron fue más que suficiente.

Formados en Atlanta en 2010, WHORES. tienen un sonido que parece querer desintegrar todo a su paso. Parecen maltratar la guitarra hasta desafinarla a propósito, y la distorsión y el volumen son tan bestias que los amplis acaban colapsando, como ya les ha pasado en otros conciertos. Pero así es exactamente cómo WHORES. debe sonar.

Y en efecto, sonaron altísimos, con una distorsión brutal, tanto que por fin pude escuchar cómo  suena un bajo. Pero a pesar del volumen, la banda supo dosificar cada momento para que todo se escuchara con claridad. Fueron además súper cercanos, tanto que incluso dejaron caer que “intentaron encontrar una sala aún más pequeña, pero no hubo suerte”, hicieron alusiones a que entre los asistentes había camisetas de grupazos, y se quedaron charlando en la puerta al terminar.

Aunque estuvieron un poco limitados, no perdieron ni precisión ni fuerza, y ofrecieron un directo corto pero redondo. El set se centró en War, su último disco, con temas como Quitter’s Fight Song, Participation Trophy o Imposter Syndrome, junto a canciones más antiguas como Baby Bird o I Am Not a Goal-Oriented Person. No hubo encore, a pesar de que lo intentamos durante bastantes minutos, pero fueron lo suficientemente cercanos para disculparse horas más tarde vía instagram.

Y como era de esperar, salimos con ese esperado zumbido en los oídos y la sensación de haber asistido a un concierto honesto, intenso a pesar de los inconvenientes y sin artificios; pero suficiente para despertar a cualquiera. Con un setlist quizás demasiado breve pero contundente, y un sonido fiel a su manera de hacer las cosas —sin pedir permiso ni dar demasiadas explicaciones—, resumido en la frase más coreada de la noche: I’m going out tonight, and I don’t care who knows.