Crónica: Robe en Murcia, un poeta con la lengua sucia

Crónica y fotos: Robe en el Cuartel de Artillería de Murcia

El pasado viernes 21 de octubre pude asistir al concierto que ofreció Robe junto a su banda “Los Robe” en el patio de armas del Cuartel de Artillería de Murcia. Había recibido muchos comentarios positivos sobre la artillería desplegada por el de Plasencia y, por mi parte, sentía la necesidad de saldar la deuda pendiente que he tenido con su música durante algunos años, ya que reconozco que durante los mismos he andado algo desconectado y despistado con la propuesta de los últimos discos de Extremoduro y de su carrera en solitario.

En cierto modo creo que este despiste me dio cierta objetividad a la hora de valorar su actual propuesta. Pero reconozco que mis sentimientos adolescentes se disparan al escuchar cualquier canción de Extremoduro, sobre todo del Agila hacia detrás.

 

Tras una primera aventura para aparcar el coche en una Murcia de colapso circulatorio, logré acceder al recinto acreditado por la organización. Pude escuchar ¿Qué tal? y Bienvenidos los muertos, las dos canciones finales del show de Ciclonautas, banda que se encargó de telonear al rey de Extremadura. El sonido era potente, claro y nítido, lo cual permitía disfrutar de los matices de la voz rota de Mai Medina y de la contundencia sonora del rock de ataque de los de Navarra. Espero poder disfrutar pronto de uno de sus conciertos completo. Y, sinceramente, un grupo que se despide de su público mientras suena la versión que hizo Johnny Cash de Hurt de Nine Inch Nails merece todos mis respetos.

Tras una primera visita a la barra, busqué situarme de forma centrada del gigantesco escenario instalado para la ocasión. Si el concierto de Ciclonautas había sonado ya muy bien, estaba seguro que el de Robe iba a brillar en cuestiones de poderío sonoro. Y no me equivoqué.

«Disfrutad del momento porque sois vosotros, estáis aquí y ahora es cuando»

Sobre las 9:26 se apagaron las luces mientras una intro de sintetizador armonizaba los versos de Manolo Chinato “y verás sin duda el resurgir poderoso del guerrero sin miedo a leyes ni a nostalgias”, lo cual me pareció magnífica declaración de intenciones. Tras ir apareciendo poco a poco en escena los componentes de la banda, Robe lo hizo el último desde un lateral, sonriente, guitarra en mano y saludando a la abarrotada audiencia, que no paraba de ovacionarle. Desde este momento supe que iba a vivir una noche especial.

 

El característico “palm mute” de guitarra de Robe da paso a Del tiempo perdido, delicada canción de Destrozares, canciones para el final de los tiempos, segundo disco en solitario de Robe. “Estad atentos y no os perdáis nada. Disfrutad del momento porque sois vosotros, estáis aquí y ahora es cuando”. Éstas fueron las lúcidas recomendaciones que nos dio Robe antes de iniciar la melancólica Por encima del bien y del mal, también del mismo disco. Y un servidor no puede evitar acordarse de lo que actualmente vivimos con el conflicto entre Rusia y Ucrania al escuchar (por primera vez) los versos: “Vuelvo a enchufar la televisión. Y sale gente huyendo de la destrucción. Vuelvo a mirar y era el reflejo”.

 

Tras una envolvente intro de saxo repleto de delay, Robe nos aclara que la siguiente canción “no habla de hombre o mujeres, habla amor y de sexo”. Creo que queda bastante claro al escuchar cualquier verso de Por ser un pervertido, canción perteneciente a su primer álbum en solitario Lo que aletea en nuestras cabezas. Y de los instintos más primitivos viajamos a la absoluta tristeza que desprende La canción más triste, iniciada con un intro de piano realmente sobrecogedora. La magnífica Si te vas le siguió, constituyendo el primer guiño a Extremoduro, lo cual se notó en la exaltación del público. “No hay nada como la primera vez que escuchas una canción”, nos advierte Robe presentando A la orilla del río, canción que están tocando por primera vez durante esta gira. Y yo añado, que si es en directo, aún mejor.

 

“Y después de una nueva, una vieja”, nos avisa de nuevo Robe. Y es que los primeros acordes de Buscando una luna ya me transportaron directamente a mi adolescencia. Pude ver el sucio bar al que acudía los fines de semana (sin whatsapp mediante e incluso sin quedar con nadie), donde encontraba siempre a un amigo dispuesto a compartir un “cubalitro” y algo de fumar. La magia de la música que te golpea por primera vez. A esto, en buena parte, había venido. El camino de las utopías y Segundo movimiento: lo de fuera, también de Extremoduro y pertenecientes a Para todos los públicos y La ley innata, fueron ejecutadas prácticamente sin interrupción. La primera parte del show fue cerrada con Ininteligible, canción que ha sido publicada recientemente como sencillo y que sirvió como perfecto preludio para lo que se más adelante se nos vendría encima.

Ya en conciertos de Extremoduro (de hace ya demasiados años) recuerdo a Robe invitarnos en un habitual descanso para “ir al baño, tomar algo y a hacer lo que queramos, que estamos en un país libre, ¡pero que no os vean!”. No hay que perder las buenas costumbres, así que nos preparamos para la siguiente parte del show y que todo el mundo sabía que iba a consistir en tocar Mayéutica de principio a fin.

La grandeza de Mayéutica

A partir de este momento pude notar a un Roberto Iniesta mucho más motivado, dinámico y sonriente. La primera parte del show me pareció, en algunos momentos, más adecuada para un teatro o auditorio. Pero a partir de este momento pudimos apreciar la grandeza de la última obra de Robe y la aportación de “los Robe”, magníficos músicos que le acompañan con gran solvencia.

 

También me pareció bastante evidente que este disco ha calado más en la audiencia que sigue al músico. Y lo digo porque me emocionó mucho comprobar que la gente coreara absolutamente todas las letras de una obra tan compleja como Mayéutica y que, resumiendo mucho, consiste en una única canción de 50 minutos, sin estribillos, con una riqueza en dinámicas fuera de lo habitual. En tiempos de estribillos evidentes, ritmos sincopados bailongos y bombos a negras, me parece una auténtico milagro que pueda seguir ocurriendo algo así. Como dato nostálgico, apuntar que Robe ya lo consiguió con Pedrá, obra maestra que publicó bajo el nombre de Extremoduro (aunque no era la intención inicial) allá por el año 1993. Sinceramente no encuentro ningún referente que tan siquiera se le aproxime un poco.

Recta final repleta de nostalgia de Extremoduro

Al acabar Coda feliz, la banda se retiró otra vez. Y me resultó curioso que prácticamente nadie coreó “otra, otra” porque todo el mundo asumía que saldrían otra vez. Y así fue. Los arpegios de Jesucristo García dieron comienzo a la recta final repleta de nostalgia de Extremoduro. Puta fue descargada a continuación con la furia y velocidad que contienen las canciones peligrosas. Y el himno Ama, ama, ama y ensancha el alma cerró por todo lo alto el concierto, dibujando una enorme sonrisa colectiva en el patio de armas del Cuartel de Artillería de Murcia.

 

El concierto duró tres horas que en ningún momento se hicieron pesadas. El show fue ganando conforme se iba desarrollando y me dejó muy buenas sensaciones.

Tengo una amiga muy fan que me definió hace poco a Robe como “un poeta con la lengua sucia”, lo cual me encantó. Para mi siempre ha significado uno de los mejores compositores que ha dado este país con una personalidad y valía única. Es parte de mi formación como ser humano, esa que inicias siendo todavía adolescente y que queda grabada a fuego. Robe es lo que ves y lo que oyes.