Reseña: Robe – Mayéutica

Mayéutica llega sin rodeos ni explicaciones, es Robe y antes de empezar sabemos dónde nos vamos a meter. Su submundo es tan complejo como impactante, indiferencia no va a ser la palabra que describa nuestro estado tras estos cuarenta y cuatro minutos repartidos en seis cortes entrelazados entre sí.

La filosofía que el compositor aplica a sus trabajos en solitario adquieren matices personales que no usa en Extremoduro, el ejemplo son los movimientos y la duración del trabajo que nos presenta. Fácil no lo pone.

Grabado hace tiempo, no sabremos si el momento ha sido el preciso o fruto de un golpe de suerte, si malo o bueno, lo decidirá nuestro gusto personal pero la necesidad de compartir su intrínseco universo era evidente para él.

Resaltar el excelente trabajo de Carlitos Pérez a las cuerdas del violín, envuelto a la perfección por las teclas de Álvaro Rodríguez y con Woody Amores asentado como seis cuerdas de la banda. La base rítmica la completan Alber Fuentes a la batería y David Lerman al bajo.

Indiscutible es la calidad de las letras que encierran los temas de siempre, ni tristes ni esperanzadores, sino todo lo contrario. Son sus visiones, sus ideales y su forma de entender la vida, lo que las hacen exclusivas.

A estas alturas puede hacer lo que quiera, su crédito es tan infinito como su señalado arte. Su análisis del mundo, emocional y sentimental sigue siendo el de costumbre, que te embelesa si se lo permites. Los duelos de violín y guitarra son, por originales, dignos de escuchar con precisión y calma absoluta. Por mi parte, los espacios de seis cuerdas se quedan escasos.

Robe

Interludio deja claro por donde le ha dado a Robe esta vez, un violín como protagonista absoluto musical del álbum, tiempos lentos envueltos entre melodías complicadas y estrofas que requieren de total atención para disfrutarlas completas.

Continúa con cuatro preludios que se mezclan y confunden entre principios y finales por sus crescendos, sus cambios de volumen y sus prontos silencios. Si mantener nuestra atención auditiva, era su fin, lo ha logrado.

Ese presente violín a modo casi de canción de cuna o folklore, abre el primer corte largo, Después de la catarsis, es una perfecta armonía instrumental rota por efectos y silencios un tanto inquietantes. En su parte vocal, a lo suyo, en total esplendor.

El segundo movimiento del universo Iniesta sigue con su lenguaje expresivo y poéticamente claro. La estructura reiterativa de Mierda de Filosofía, muy de su estilo. La acertada incursión de ese sonido de Hammond agrega importancia y clase a esta parte.

Casi sin respiro y a su manera, nos llega, una un poco más cañera y rápida, la tercera parte, rodeado del veloz violín y el órgano sigiloso por detrás acompañando cuando se le necesita. Bajo una necesaria base rítmica discreta, sentimos la fuerza que ha querido imprimir a Un Instante de Luz.

Yo no soy el dueño de mis emociones, arroya desafiante, no va a sorprendernos sobre lo anterior escuchado ya, la línea continúa firme y segura, añade un punto original con un toque de coros, predominan los largos momentos instrumentales y algo más de protagonismo para la batería.

Coda feliz, nos anuncia el final de esta original aventura sonora, sobre un pausado crescendo con las cuerdas del omnipresente violín y unas sutiles teclas que lo acompañan. Susurrante, la voz nos sumerge en unos minutos embriagadores con esa puerta abierta presente en alguna estrofa de cada letra del disco.

Excéntrico, original, distinto, arriesgado, es lo que pasa con las mentes diferentes, que llevan otro ritmo que no resulta apto para todos y que da pie a interpretaciones diversas. Al igual que esa portada con el protagonista intuido y desdibujado. Y con ese título, de palabra sobre la que investigar, escrita en ese tipo de letra evocadora.

Todo hecho para dar que pensar, eso que a él le lleva tanto tiempo y que pretende transmitir de la única forma que sabe, en forma de palabras hechas canciones para unos y obras maestras para los adeptos incondicionales. Que nuestra pregunta interior sobre el álbum, nos de la respuesta esperada, que para eso lo ha compuesto.

¿Deberíamos agradecer al momento vivido este regalo fruto de la impaciencia de Robe?

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