Han sido días intensos para los amantes de los sonidos oscuros del metal. Después de tener a Katatonia el día martes vendría Harakiri in the Sky junto a Groza e Schammasch a mantener el equilibro. Los asistentes se fueron acoplando tempranísimo para hacer un hueco en las primeras filas de Boveda para ver a los flamantes Groza, encargados de abrir la jornada.

Un descubrimiento para muchos y otros que ya habían tenido la suerte de escuchar a los alemanes. El black metal que presenta Groza es un ritual de altos y bajos, a momentos donde lo melódico se apodera de los riffs duros y dan el rebote rítmico perfecto para que el acto sea completamente perfecto. Una atmósfera concentrada en los ritmos explosivos que a ratos desvían las miradas, además de una puesta en escena que lamentablemente puede caer a momentos en comparación con otras bandas del mismo género.
¿Será que ya está todo muy visto dentro del Black? Eso no le quita que tenga el arrastre que tiene, como para mover a la gente tan temprano para verlos. Hay algo en los alemanes que engancha, tanto en vivo como en los lp y ya está más que comprobado.

Otras de las bandas que se está haciendo hueco en la escena es Schammasch directamente del emblemático Prosthetic Records. Sin material nuevo bajo la manga se han embarcado en este tour con lo más reciente Hearts of No Light. Un álbum elegante y contradictorio a lo escuchado anteriormente por el grupo, saliendo de su zona de confort creativa para darnos aires frescos hermosos donde el death y hasta el prog se hacen notar a momentos.

Cada track con vida y forma propia que llevados al en vivo hacen que sea una dosis de energía maravillosa.

El poder y la melancolía de Harakiri For The Sky se apoderarían por completo del recinto con solo salir en escena. Las miradas se volcaron frente a los músicos demoliéndonos con Sing for the Damage We’ve Done. Un galope repasando las distintas fases, desde el dolor más crudo a la violencia más dañina. La voz de JJ perfecta como es de esperar, proyectando el núcleo de cada canción de una forma natural. Entre armonías y riffs cargados de rabia 69 Dead Birds for Utoya haría lo suyo. Entre la oscuridad de las luces, la puesta en escena de Harakiri se hace cada vez más lúgubre. Captar un momento es casi imposible, pero musicalmente lo compensan todo.

Las canciones de MAERE fueron escasas, And Oceans Between Us y I, Pallabearer nos cautivaron desde el primer segundo. Esos interludios de post-rock fomentados con la crudeza del black se hacen adictivos en los directos, sobretodo hablando de este destacado trabajo del 2021. Pero el setlist tenía el equilibrio perfecto de todas las eras de la banda, trayéndonos Homecoming: Denied! De Aokigahara o Dancing on Debris de su homónimo. Sinceramente, un deleite para todos los que nos tocó estar en bóveda aquella noche.

Un show que se pasó rápidamente, con la atmósfera perfecta en todo momento nos tocaría ya para finalizar el emblema del grupo Fire, Walk With Me. Una de las coreadas y disfrutadas. Lo que no nos esperaríamos nunca fue el cierre de oro con Song to Say Goodbye, el cover de Placebo que nos traen en su nuevo trabajo. Terminando con JJ cantando entre el público, con choques de mano y hasta abrazos. Un momento increíble lleno de emociones. Siempre hay una primera vez para todo, y esta fue la mía junto a Harakiri. ¿Gusto a poco? Muchísimo. Pero ya contando los segundos para volver a reencontrarme con ellos.








