Con el desarrollo de la música durante el siglo XX y XXI vimos como los horizontes de la música se abrieron considerablemente con los diferentes medios para procesar el sonido de los instrumentos. Los pedales de efectos, procesadores, y diferentes medios digitales comenzaron a aparecer y fueron transformándose en algo base para la música popular y no tan popular. El rock experimental en general se benefició enormemente de esto y dio paso a diversos géneros y bandas que han hecho muy buen uso de estos recursos para generar sonidos especiales y espaciales, con atmósferas que remueven las emociones de sus oyentes. Entre ellos, uno de los subgéneros más populares, el post rock.
Y fue el miércoles 5 de marzo que una de las grandes bandas catalogadas en el amplio género del post rock nos visitó. Los canadienses Godspeed You! Black Emperor (conocida abreviadamente como GY!BE), quienes acompañados de su compatriota Matt Ball para abrir el show en la sala Apolo, nos mostraron en carne propia como se usan los avances mencionados para crear espectaculares obras de arte sonoro y ambiental que transportan a los oyentes por las profundidades más recónditas de su existencia.
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Esta vez, la banda de Montreal llegó a Barcelona en el marco de su tour Liberation Spring of ’25, posible gracias a Aloud Music, para traernos en vivo extractos de su último disco “NO TITLE AS OF 13 FEBRUARY 2024 28,340 DEAD”, uno que hace referencia al número de palestinos muertos reportados en la Franja de Gaza hasta esa fecha.
Matt Ball
Guitarrista de la banda experimental canadiense BIG|BRAVE, Matt Ball se caracteriza por el uso de un sinfín de efectos de sonido para crear atmósferas que envuelven a sus oyentes, generando desde placer hasta incomodidad, generando caos y belleza al mismo tiempo.
El show fue llevado a cabo prácticamente por el solo (junto a los sonidistas y su equipo), donde haciendo uso de una guitarra logra crear ambientes auditivos que sirvieron de antesala para GY!BE, en una línea similar pero quizás más cruda. Como si de una exposición de arte se tratara, el artista nos acompaña en el proceso de sumergirnos en la obra, iluminada apenas por unas bajas luces, quizás para no distraer de lo importante, la música.
Matt se mantuvo durante el show concentrado como un cirujano en plena mesa de operaciones, como si se preocupara del más mínimo detalle, cosa bastante importante considerando lo fácil que es al generar este tipo de efectos y sonidos perder el control de la señal, derivando en caos máximo. Los famosos drones (recurso musical) que invadieron la sala resonaron en cada célula del cuerpo, vibrando en frecuencias que movilizaron e hicieron viajar al público a otros mundos, donde algunos fueron placenteros y otros llenos de incomodidad, pero que sin embargo representan la crudeza y realidad de la existencia humana, sirviendo de antesala para el show de GY!BE, el que nos llevaría a otros niveles conceptuales.
GY!BE
Formados en 1994 por Efrim Menuck (guitarra y teclado), Mauro Pezzente (bajo), y Mike Moya (guitarra) en la ciudad de Montreal, Canadá, GY!BE se ha hecho un nombre en la escena experimental, siendo catalogados como post rock (un subgénero bastante poco específico hoy en día) han llevado los horizontes de la experimentación musical al mundo, siendo en la actualidad básicamente una banda de culto, habiendo marcado a miles desde su primer lanzamiento F# A# ∞ en 1997 hasta la fecha, con ocho LPs que son ya un registro del desarrollo de esta gran e influyente agrupación.
La política y la humanidad no quedan fuera de la obra de GY!BE, siendo considerada por muchos como una banda cercana al anarquismo (en parte por las ideas anarquistas de Menuck), siempre desde una perspectiva anti bélica y abogando por ideas humanitarias para el beneficio de todos. Es en esa línea que surge el nuevo disco, en rechazo a la situación que se vive actualmente donde lamentablemente miles de inocentes sufren.
El show comienza al tomar posición sus músicos, los que en contraste a Matt Ball, llenaron completamente el escenario de instrumentos y de sus presencias, quedando quietos y posicionados durante toda la presentación como una ecléctica orquesta, iniciando con Hope Drone, entre proyecciones visuales que iluminarían la tenue sala Apolo con mensajes e imágenes, para luego traer sus nuevas creaciones con SUN IS A HOLE SUN IS VAPORS, primer tema de su último disco. La calma viene con esta canción, que repetitiva evoca sentimientos de tranquilidad, pero que a la vez de una manera semi caótica nos da indicios de que no todo es tan calmo como parece, generando una sensación de esperanza (tal como lo dice su nombre) en un mundo que muestra ser muy oscuro. BABYS IN A THUNDERCLOUD nos envuelve en reverberaciones y drones que generan cosquillas que bajan por nuestra columna, con una sensación flotante que se mantiene, con efectos que simulan elementos naturales y hacen de mantra, los que a medida que avanzan van incorporando sonidos más familiares. Así bajos, baterías y violines se acumulan hasta llegar a un clímax bellamente caótico, con distorsiones reverberadas que generan un ambiente sucio y tenso pero de alguna manera esperanzador a medida que avanza la canción y se transforma en una fanfarria carnavalesca mientras estamos en un túnel oscuro y vemos un rayito de luz, convergiendo diferentes emociones que movilizan al público y los adentran en el relato musical.
Este viaje atmosférico continúa siendo fiel al disco, con RAINDROPS CAST IN LEAD comenzando en su silencio que va poco a poco alcanzando a una saturada guitarra y al resto de los instrumentos que nuevamente cambian el tono de la canción, explotando repentinamente en un aire positivo, con líneas melódicas que suenan más a alegría que tristeza, pero que evocan a su vez melancolía, potenciada por la voz de fondo correspondiente a una mujer que cuenta un relato, siendo las pocas voces que escucharíamos en la presentación, considerando que GY!BE no suele incorporar letras a sus canciones, más allá de extractos como el mencionado. El violín de Sophie Trudeau parece ser una pieza fundamental en generar estas atmósferas emocionalmente contradictorias, que sonando tan limpio contrastan con las distorsiones que finalmente hacia el final de la canción se inflan para explotar en el final rocanrolero que nos deja en el silencio. La gente quieta, las miradas adelante, todos atentos.
A continuación, nos sacan por un momento de lo que es su último disco para tocar Fire at Static Valley, de su álbum G_d’s Pee AT STATE’S END lanzado en 2021, cambiando el aire y transformándolo en una atmósfera oscura que se mantiene al tocar PALE SPECTATOR TAKES PHOTOGRAPHS y GREY RUBBLE – GREEN SHOTS, temas finales del reciente disco, esta vez algo más congruentes más con la temática de este, rodeándonos de estímulos sonoros repetitivos y misteriosos, acuñando una sensación confusa y de desesperación. La tensión se acumula en cada ser presente, con sonidos a ratos perturbadores que se mezclan en el aire con las luces de las proyecciones que nos hacen viajar en el tiempo y recorrer diferentes aristas de la vida humana, algunas mejores, otras terribles, a la vez que musicalmente nos ofrecen la realidad al desnudo, compleja y a veces triste, como esperanzadora y a veces plena.
Luego del subtrance que significa conectar con la presentación de dichas canciones (siendo un pequeño trance dentro del trance general que es ver a una banda como esta), la banda se va despidiendo del escenario con Moya y BBF3, ambos siendo los únicos temas del EP Slow Riot for New Zerø Kanada de 1999 (su único EP). Moya es una adaptación de la tercera sinfonía del compositor clásico Henryk Górecki, la cual transformada al estilo GY!BE juega con las atmósferas saturadas, lodosas y reverberantes, creando tensiones que desembocan en sensaciones extrañas donde no sabemos si reír o llorar, al borde de la locura. BBF3 cierra con la musicalización de un discurso y poema de un hombre que se hace llamar Blaise Bailey Finnegan III, en atmósferas que se pugnan entre fuerzas positivas y negativas, pero que proporcionan un final calmo, ni bueno ni malo, calmo, ideal para terminar el profundo show que acababan de dar.
Luego de casi dos horas, poco a poco se va apagando el escenario y se va encendiendo el resto de la sala, volvemos del trance en estados alterados, pero poco a poco retomamos contacto con la realidad y retornamos a nosotros mismos para continuar con nuestras vidas, pero las vibraciones sonoras que vivimos nos marcaron a cada uno de nosotros. Definitivamente GY!BE es una banda para ver, es un viaje de sonidos, emociones y ambiente, con musicos que expresan más que solo música, que juegan con variados recursos y experimentan sin límite, generando verdaderas obras de arte.


