Crónica | Ariel Rot en Las Noches del Malecón: El tiempo pasa, el rock permanece

Corría el año 2006 cuando una versión más joven de mí disfrutaba de un concierto de Ariel Rot y Andrés Calamaro en la Plaza de Toros de Murcia. En aquella época, las noches eran largas y enlazarlas era casi un deporte. Juventud, divino tesoro.

Este pasado sábado, casi veinte años después, uno de los músicos y compositores más influyentes del rock en español volvió a Murcia, esta vez al Auditorio Murcia Parque, dentro del ciclo de conciertos Las Noches del Malecón.

El contraste con aquellos días es inevitable. Hoy cuesta encontrar un hueco para un café con los amigos. Se cancelan planes porque el niño se ha puesto enfermo. La vida cambia. Pero la música… la música sigue su curso.

El entorno no podía ser mejor: una noche templada de junio, la brisa del Segura y un auditorio al aire libre que se prestaba a la nostalgia y a la celebración. Ariel Rot ofreció un recorrido generoso por su brillante carrera, tanto en solitario como en sus etapas con bandas históricas como Tequila o Los Rodríguez. El público, ya bien entonado gracias a los potentes directos de las bandas murcianas Querido Diablo y Los Marañones, recibió al argentino con entusiasmo.

Acompañado por Tito Dávila (teclados), Ricardo Marín (guitarra), Jacob Reguilón (bajo) y Toni Jurado (batería), Rot abrió fuego con El vals de los recuerdos, dejando claro que venía a contarnos su historia, canción a canción.

La primera parte del concierto se centró en los discos Hablando solo y Cenizas en el aire, con joyas como Hasta perder la cuenta, Colgado de la luna o Bruma en la Castellana. El sonido de la banda fue impecable: compacto, elegante y con la potencia justa para elevar cada tema.

Con el público cada vez más entregado, llegó el momento de Los Rodríguez con No estoy borracho, y el ambiente subió de nivel. Después vino el turno de Tequila y su incombustible Quiero besarte, y entonces ocurrió algo especial: el guitarrista murciano Al Dual apareció en escena para sumarse a Rock and roll en la plaza del pueblo, aportando su inconfundible toque rockabilly. Un guiño local de pura clase.

Siguió un medley bien armado con Necesito un trago, El ahorcado y Mister Jones, que preparó el terreno para una recta final cargada de pólvora emocional. Vicios caros sonó colérica y rotunda, antes de que llegara el colofón con tres himnos eternos de Los Rodríguez: Dulce condena, Me estás atrapando otra vez y Mucho mejor, esta última de nuevo con Al Dual sobre el escenario.

Fue una noche redonda. Quizá faltó algún clásico más, pero lo que hubo bastó y sobró para tocar el alma.

Mientras sonaban los últimos acordes, mi mente se escapó veinte años atrás, a aquel chaval despreocupado que solo quería vivir el momento.

Y aunque ahora todo es más complejo, también es cierto que esos pequeños instantes —como esta noche— se saborean con más hondura. Quizá, precisamente, por lo escasos que son.
La vida, que como saben, es un baile de ilusiones.