El arte románico es posiblemente uno de los artes menos comprendidos y más denostados a lo largo de los siglos; sin embargo, al acercarse a su estudio, podemos encontrar verdaderas sorpresas.
La Edad Media, desconocida y menospreciada.
Ya el propio término de Edad Media es un término peyorativo que alude al periodo intermedio desde la caída del Imperio Romano de Occidente en el 476 y el inicio de los estados modernos con fechas aproximadas de 1453 o 1492. Entre esos casi mil años nos encontramos múltiples conflictos entre reinos, convivencias religiosas y una serie de estilos artísticos singulares en su belleza.
Siglos de religión y miedo.
Desde antes de que cayese el Imperio Romano de Occidente a manos de los pueblos germánicos, el cristianismo se convirtió en la religión predominante. Su culto, basado en la resurrección después de la muerte, ayudó a calar entre las clases populares cuyo destino era incierto en medio de guerras, hambrunas y enfermedades.
Del surgimiento de las lenguas romances al latín como símbolo de cultura.
La evolución del latín con las lenguas locales, la llegada de pueblos invasores del norte y oeste de Europa y su convivencia en el tiempo, dio lugar al nacimiento de las lenguas romances derivadas del latín pero que fueron adquiriendo identidad propia. Sin embargo, el latín se mantuvo en el tiempo como símbolo de cultura entre los miembros de la iglesia y altos cargos de la nobleza.
El románico: arte denostado e incomprendido.
Llegamos al siglo XI para encontrarnos con el surgimiento de un arte aparentemente rudo, de gruesos muros, sin apenas ventanas donde iglesias y monasterios quedaban en una aparente oscuridad.
Aunque apareció en Francia, el peregrinaje por las diferentes regiones de Europa hizo que se pudiese extender por territorios como Italia, Alemania o España, dejando ejemplos tan sorprendentes como los monasterios de Cluny, San Pedro el Viejo de Huesca o la catedral de Santiago de Compostela.
Muros convertidos en historias para iletrados.
Aunque desgraciadamente no hemos conservado muchas pinturas, sabemos que habitualmente los muros de los templos románicos estaban repletos de pinturas al fresco, cuyas escenas permitían transmitir los mensajes de la liturgia y las escrituras de la Biblia a una población mayoritariamente analfabeta.
Sus escenas en apariencia sencillas, esquemáticas e hieráticas no buscan deleitar con su belleza como facilitar la transmisión del mensaje, sus dibujos de marcadas líneas y escaso naturalismo no supusieron un retroceso en el arte, si no un potente medio de comunicación hacia los iletrados.
Todavía conservamos algunos ejemplos tan increíbles como Bagües, en la provincia de Huesca, y que se encuentra en el Museo Diocesano de Jaca.
Arte dañado y salvado.
Tristemente, el arte románico ha sido mal tratado por el paso del tiempo. En muchas ocasiones, las continuas enfermedades hicieron que sus pinturas se ocultasen bajo capas de cal o fueran repintadas en épocas posteriores; además hubo una tendencia en dejar los muros al descubierto haciendo desaparecer gran cantidad de pintura románica.
Por suerte, a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, gracias a la técnica del Strappo se comenzaron a arrancar pinturas románicas de los templos para llevarlas al interior de los museos para su conservación y exposición, con ejemplos como el Museo Nacional de Arte de Catalunya o el Museo Diocesano de Jaca.

San Clemente de Tahull obra emblemática.
Quizás una de las pinturas más conocidas del arte románico es la del Pantocrátor del ábside de la iglesia de San Clemente de Taüll.
Está imagen que cubría el techo del altar mayor de una pequeña iglesia del pirineo catalán y que, actualmente, se conserva en el Museo Nacional de Arte de Catalunya es una de las obras más icónicas del arte románico.

En ella se representa a Jesús sentado en la mandorla, con rostro serio, mientas bendice con su mano derecha y porta en su mano izquierda un libro donde se puede leer la frase Ego Sum Lux Mundi, cuya traducción sería ‘Yo soy la luz del mundo’. A sus lados le acompañan dos arcángeles, mientras que a sus pies aparecen los símbolos de los cuatro evangelistas y en un registro inferior aparecen los apóstoles.
Estas pinturas, realizadas en torno al 1133, fueron redescubiertas a comienzos del siglo XX, siendo arrancadas del muro entre 1919 y 1923 por orden de la junta de los museos catalanes ante el despiadado interés de coleccionistas privados norteamericanos.
Se llevaron al Museo de Arte de Catalunya hasta que en 1934 se trasladan al actual Museo Nacional de Arte de Catalunya. Desafortunadamente, el estallido de la Guerra Civil y los constantes bombardeos sobre la ciudad hicieron que este arte tuviera que salir de Barcelona, primero rumbo a Olot y, posteriormente, rumbo la exposición universal de París en 1937, volviendo a España ya acabada la guerra.
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Después, debido al éxito de las pinturas murales y al interés por su lugar de origen se decidieron hacer una réplica que se colocaron en la iglesia original.
Lepoka: Dios está borracho.
Una adaptación mucho más jocosa es la que han realizado la banda de folk metal Lépoka para la portada de su último disco Dios está borracho publicado el pasado 2024. En ella nos encontramos a un Cristo entronizado con la cabeza algo caída, con una mano derecha que ya no bendice y su mano izquierda sujeta un libro en el que se pueden leer las palabras Vivere y Bibere, haciendo alusión a la frase latina Beati hispani, quibus bibere vivere est que se traduce como ‘Benditos hispanos para quienes beber es vivir’ en alusión a la pronunciación de los hispanos de las palabras beber y vivir en latín y que también dio nombre a su trabajo de 2018.
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Nacidos en Castellón de la Plana, a finales de 2009 publicaron su primer disco en 2014, desde entonces han publicado 4 discos de estudio con colaboraciones de bandas como Saurom, Ska-P o Mago de Oz, girando por los principales festivales nacionales e incluso llegando a México y Chile.
Actualmente están girando con Dios está borracho y cerrarán gira en Noviembre con dos conciertos especiales en Barcelona y Madrid.


