El intervalo de tiempo que transcurre desde mediados del siglo XIX hasta el periodo de entreguerras es sin duda un tiempo fascinante. En apenas unas décadas la revolución industrial, la modernización de las ciudades supuso una época fascinante e inspiradora. Hoy Canciones Sobre Historia y Arte nos adentramos a conocer más estos convulsos años.
La edad contemporánea: revoluciones y progresos.
Hay que reconocer que, de todas las edades que ha vivido la humanidad, la edad contemporánea es, sin lugar a dudas, la etapa más dinámica e intensa en cuanto a cambios y desarrollos.
En apenas 2 siglos y medio, desde su inicio con la revolución francesa de 1789, la humanidad ha vivido: la caída de las viejas estructuras de poder, los dos grandes conflictos bélicos mundiales, el desarrollo de la carrera aeroespacial, la industrialización masiva, el colonialismo y su caída, el surgimiento de los movimientos sociales, hasta la globalización con sus ventajas e inconvenientes.
Si comparamos con etapas anteriores, el mundo ha cambiado y sigue evolucionando a una velocidad vertiginosa.
La revolución industrial, el germen del mundo actual.
Desde que aparecieran las primeras máquinas de motor a vapor, en la segunda mitad del siglo XVIII, comenzó lo que conocemos como revolución industrial, un proceso en el que cambió drásticamente el mundo tal y como se conocía.
Las mejoras en la agricultura permitieron un crecimiento de la población, la cual era más suficiente para cubrir las necesidades del campo, por lo que ciudadanos marcharon en masa hacia las ciudades cada vez más industrializadas, donde el trabajo en fábricas y factorías exigía una mayor demanda de trabajadores.
Esto dio pie al surgimiento de barrios y zonas obreras, donde la gente surgió la figura del proletariado, que es aquel que no tenía más que su prole como herencia.
Esto hizo que las ideas políticas de índole social tuvieran un gran calado en la población, y pronto, movimientos como el socialismo primero, y el comunismo y anarquismo después, fueran recibidos de buen gusto por la clase obrera para la lucha y defensa de sus derechos.
Además las mejoras en la metalurgia con la utilización del acero o el uso de nuevos materiales como el vidrio y el hormigón armado, dieron pie a la creación de una arquitectura industrial de construcción más sencilla y mecánica que a finales del siglo XIX y siglo XX daría nuevas formas de edificios en las ciudades como son los rascacielos que actualmente transforman el skyline de las grandes ciudades.

También este devenir del la industrialización tuvo su reflejo en el mundo del arte de la mano del Art Decó, un arte de diseño sencillo y popular cuyo éxito en los años 20 influyó en todo: desde la arquitectura a la pintura, las artes decorativas o el cine.
De soñar en la ficción a hacerse realidad.
A lo largo del tiempo ha habido personas adelantadas a su época que diseñaron o desearon hacer cosas que parecían totalmente imposibles en el mundo real.
Desde Leonardo Da Vinci o Galileo Galilei, hasta que a mediados del siglo XXI creciese el género de la ciencia ficción, donde se fantasea con avances aparentemente imposibles. Sin embargo, con la velocidad que se desarrolló la revolución industrial resulta increíble pensar que algo como lo que fantaseaba Julio Verne en De la tierra a la luna de 1865 y que George Melies llevó al cine a través de su película Viaje a la luna de 1902 se convirtiese en una realidad en 1969 con el Apolo 11.

También, el deseo del arte de reflejar fielmente la realidad pasó de poder captarse efímeramente en la cámara oscura a inmortalizarse con la fotografía, ponerse en movimiento con el cine e incluso de crear dioses capaces de controlar los rayos o imaginar que su energía podría devolver la vida a los muertos hemos conseguido generar y controlar la electricidad hasta el punto de ser totalmente dependientes de ella.
Sin duda la idea de creer posible lo imposible hace que el esfuerzo pueda llegar a dar sus frutos.
La música: fiel reflejo de su tiempo.
Obviamente la música también ha ido evolucionando a medida que han ido cambiando los tiempos.
De la serenidad y elegancia del neoclasicismo, tan fuertemente vinculado a la aristocracia, pasamos a la violenta y enérgica música romántica, tan vinculada a los movimientos revolucionarios como Wagner con Alemania o Verdi en Italia, de ahí fue rompiendo con la tradición, haciéndose más compleja con la dodecafonía, vinculándose con otros sentidos y emociones a través del simbolismo y fusionándose con músicas populares y marginales como las músicas de los esclavos para dar nuevos sonidos como el góspel, el blues o el jazz, mucho más libres y rompedoras.
El cine: La revolución audiovisual.
Poco tiempo después de conseguir capturar la realidad detenida en el tiempo a través de la fotografía, y en aras de seguir experimentando y evolucionando, el fotógrafo e investigador británico Eadweard Muybridge quiso ayudar a zanjar una disputa de lo más curiosa: por aquel entonces se dudaba si los caballos al galope llegaban a tener en algún momento todas las patas en el aire.
Para ello, Muybridge decidió fotografiar con diferentes cámaras colocadas próximas a lo largo del recorrido en un hipódromo el galope de un caballo; al revelar dichas imágenes seguidas se daba la ilusión de poder ver el movimiento del caballo.
De esta forma nació la cronofotografía germen de la animación de imágenes.

Tiempo después, Edison y los hermanos Lumiere desarrollarían el Kinetoscopio, una máquina que proyectaba una serie de imágenes conectadas en una cinta generando pequeños cortes de video en movimiento.
Al principio las proyecciones tenían un carácter lúdico y documental donde se veía un tren llegar a una estación, por ejemplo; pero pronto gracias al descubrimiento accidental del ilusionista, George Melies, el cine se convirtió en la posibilidad de generar ilusiones y efectos especiales, haciendo realidad los sueños y fantasías. A partir de entonces, el cine se convirtió en un arte con lenguaje propio, donde el talento de sus profesionales le daba una estética y sentido.
Fritz Lang y el cine expresionista alemán.
Ya consolidado el cine como arte, durante las primeras décadas del siglo XX, apareció en Alemania un grupo de cineastas que, influidos por el arte del momento, hicieron películas con una estética muy marcada.
Surgido durante la Primera Guerra Mundial y la postguerra gracias al apoyo institucional que pretendía mejorar la imagen de Alemania, cineastas alemanes como: Ernst Lubitsch, Fritz Lang, Robert Wiene o Friedrich Murnau, crearon sus principales películas con títulos tan conocidos como Nosferatu, El Gabinete del doctor Caligari o Metrópolis.
Esta última, obra del cineasta Friz Lang, está basada en una novela de Thea Von Harbou y es una historia de ciencia ficción en la que, nos sitúa en un lejano futuro de 2026.

En esta metrópolis, los obreros viven en un gueto subterráneo de la zona industrial de la que no pueden salir ni relacionarse con la élite intelectual. Instigados por un robot con conciencia humana, los obreros salen a la superficie a rebelarse contra la clase intelectual mientras María, una joven de clase humilde, y Freder, hijo del dirigente de la ciudad, intentan evitar el caos haciendo apología de los sentimientos y el amor.
El cineasta Friz Lang nació en Viena donde comenzó estudios en arquitectura y artes gráficas, conoció la obra de Klimt y posteriormente viajaría a Alemania y París. Durante la Primera Guerra Mundial se inició en el mundo del cine escribiendo sus primeros guiones y en sus primeros años realizó películas tan importantes como Las tres luces de 1921, Spione de 1928 o La mujer en la luna de 1929.

Con la llegada del cine sonoro hizo películas como M: El vampiro de Dusseldorf o El testamento del Dr. Mabouse hasta que el auge del nazismo le hizo huir a Francia primero y a Estados Unidos después, donde siguió su carrera con un cine más adaptado al gusto norteamericano.
Imperial Triumphant y el avant garde metal.
Si existe una banda que se siente fuertemente inspirada por el frenético devenir de los primeros años del siglo XX esa es sin duda alguna Imperial Triumphant.
El power trío de metal experimental comenzó en Nueva York en el año 2005 y desde hace unos años el trío luce unas máscaras doradas de estética retro futurista muy influenciados por el Art Decó de Nueva York, adoptando las identidades de Apolo, guitarrista y cantante, Hécate a la batería y Baal al bajo y teclados, respectivamente.

En su música, se trasciende del black metal de sus inicios a sonidos más experimentales como el jazz en las líneas de bajo, referencias al góspel o la música coral.
La influencia del Art Decó también es evidente en portadas de discos como Alphaville del 2020, o Spirit of Ectasy del 2022, donde, además, colaboraron con el saxofonista Kenny G y su hijo Max Gorelick en el tema Merkurius Gilded haciendo más evidente la influencia del jazz neoyorquino
Además, la banda rindió homenaje a la película Metrópolis en el videoclip de Cosmópolis al reeditar su disco Ville Luxury.
Actualmente, la banda gira con su último trabajo Goldstar con el que aterrizan en España en octubre con paradas en Barcelona, el día 4, y Madrid, el día 5, acompañados de las experimentales bandas Igorrr y Máster Boot Record.







