Tras unos años de parón obligado por problemas de salud, Leiva ha vuelto a los escenarios con más fuerza que nunca, y lo ha demostrado este sábado en el Estadi Ciutat de València con un concierto que fue una auténtica celebración de la vida, la música y la emoción compartida.

Valencia fue testigo de un reencuentro con un artista que se ha reconstruido desde dentro para entregarse por completo a su público. “Se ha roto la puta guitarra”, decía al no poder arrancar el concierto como estaba previsto, en un momento entre risas y frustración, rompiendo el hielo con honestidad. Pero ni una guitarra rota ni las nubes que amenazaban al principio pudieron frenar el torrente que vino después. Porque lo que vivimos fue Gigante.

Tras solucionar los problemas técnicos, Leiva y la leiband arrancaban con fuerza: Bajo presión, La lluvia en los zapatos y Gigante, ese himno de su último disco, que tanto lo define y que ya se ha convertido en uno de los favoritos del público, nos hacían entrar en calor. La energía continuó con Lobos, Terriblemente cruel y Superpoderes, en una primera parte del show que mezcló clásicos recientes con cortes nuevos que funcionan como auténticos disparos emocionales en directo.

Hubo tiempo para el recuerdo: antes de tocar por primera vez en directo Sashimi, Leiva agradeció el cariño del público valenciano y mencionó con emoción la DANA que afectó a Valencia en octubre y tantas vidas se llevó.

La segunda parte del concierto se sumergió en terrenos más íntimos y experimentales: Sincericidio, Breaking Bad, El polvo de los días raros, o Ángulo muerto crearon una atmósfera cargada, densa, pero hipnótica. Y cuando parecía que el ambiente no podía volverse más eléctrico, Flecha arrancó con unos acordes del Leyla de Eric Clapton que nos pusieron los pelos de punta.

Es imposible hablar de este concierto sin mencionar a Mateo Sujatovich, de Conociendo Rusia, la banda argentina que abrió el espectáculo y que subió al escenario para una versión muy especial de Lady Madrid, coreada a pleno pulmón por un estadio completamente entregado.

Con Cortar por la línea de puntos, una Vis a vis si «a penas» teléfonos móviles, La llamada, No te preocupes por mí, Como lo tienes tú, Estrella polar, y una apoteósica Caída libre, el final fue una montaña rusa emocional que nos dejó sin voz pero con el alma en alto.

Y entonces llegó ese momento mágico en el que sonó Princesas. Algunos, sin poder evitarlo, nos teletransportamos a aquellos conciertos con Pereza en los Jardines de Viveros años atrás. Fue una mezcla de nostalgia, piel de gallina y una certeza: Leiva es un gigante de la música española. Te puede gustar más o menos, pero lo suyo es puro rock and roll.

Puntual, honesto, agradecido y en plena forma, Leiva ofreció más que un concierto: regaló una noche que quedará grabada en la memoria de todos los que estuvimos allí. No fue solo un regreso: fue una reafirmación. Leiva es Gigante.