Andrés Calamaro, 25 años de Alta Suciedad

Andrés Calamaro, 25 años de Alta Suciedad

Compuesta por Andrés Calamaro, la canción Alta Suciedad (1997) es, para mí, uno de los más descollantes y más imponentes latigazos de rock and roll que existen en lengua castellana y es que, por ejemplo, ya te tumba de espaldas, en sentido positivo, la brutalmente buena combinación de las agresivas guitarras, rítmica y solista, de Eddie Martínez con la fornida sección de viento de Crispin Cioe (saxofones) y Ken Fradley (trompeta y fliscorno).

Estilísticamente, se fusionan aquí el rock latino y el norteamericano, además de filtrarse el blues pesado y unas leves migajas de funk; dando un resultado absolutamente abrumador y magistral.

En 1996, se hallaba Calamaro de gira española con el grupo Los Rodríguez y Joaquín Sabina. Una vez finiquitados esos conciertos y después de despedirse de su mentada banda por desavenencias económicas, el músico se asentó en un par de estudios en Madrid (uno alquilado y otro casero) y allí registró las primeras maquetas del tema Alta Suciedad y del resto de cortes pertenecientes a la obra en solitario del mismo nombre.

Después, Andrés consiguió que el productor de su nuevo proyecto fuera el muy insigne neoyorquino Joe Blaney (éste también ejerció su labor con The Clash, Ramones, Keith Richards, Tom Waits, Prince o los propios Los Rodríguez), el cual tenía facilidad para trabajar con músicos argentinos con elevada inspiración, como también sucedió en su colaboración con Charly García.

La segunda parte de la grabación del tema Alta Suciedad, en concreto, la efectuó el maestro Calamaro rodeándose de más que competentes y altísimamente reputados músicos estadounidenses de sesión, entre ellos también Charley Drayton (bajo) y Steve Jordan (batería), además de los tres mencionados antes Martínez, Cioe y Fradley; todos los cuales alcanzan aquí la magnificencia, como ya ha quedado sugerido al principio. Dichos intérpretes (por cierto, todos muy admirados por el propio Andrés), registraron su parte en unos estudios de Nueva York y de Nueva Jersey.

Para los otros temas del LP; intervino alguna gente más del kilométrico prestigio de Chuck Rainey (bajo) o Hugh McCracken (guitarra); entre otros.

No todo fue sencillo en el proceso de trabajo, ya que Calamaro estuvo a punto de decidir tocar él mismo todos los instrumentos debido a la lentitud de los músicos contratados a la hora de grabar, durante la primera jornada y es que eran escasos seis días de los que se disponía del estudio, en Estados Unidos. Sin embargo, el productor Joe Blaney le persuadió a Andrés para tener paciencia y dar tiempo a que se adaptasen los carísimos “session men” a ese nuevo material sonoro y finalmente, participaron todos los mencionados de modo ya más veloz. La mezcla posterior la realizó el mismo Blaney en un taller musical de Miami.

El campeón tiene miedo, tiene miedo de pegar,
no se quiere romper las manos porque tiene que cantar.
El ritmo del protector bucal, el bombo de la ciudad
le golpea en el culo, golpea y nada más.
Alta Suciedad, basura de la Alta Suciedad,
no se puede confiar en nadie más.
Alta suciedad, basura de la Alta Suciedad,
no se puede confiar en nadie más.

Babe tiene prisa por aprender a ladrar,
si solo es un cerdo nadie lo respetará.
Es un chico muy malo y se porto muy mal
pero lo perdonamos porque somos lo más bajo de la
Alta Suciedad, basura de la Alta Suciedad,
no se puede confiar en nadie más.
Alta suciedad, basura de la Alta Suciedad,
no se puede confiar en nadie más.

Señor banquero, devuélvame el dinero,
por ahora es lo único que quiero.
Estoy cansado de los que vienen de amigos
y solo quieren rellenarme el agujero,
por ahora no les debo ni la hora.
“Cool, baby”, me dice mi abogada
que por ahora no ha pasado nada.
Alta suciedad, basura de la Alta Suciedad.
No se puede confiar en nadie más,
Alta suciedad, basura de la Alta Suciedad,
no se puede confiar en nadie más.

Alta suciedad, basura de la Alta Suciedad,
no se puede confiar en nadie más,
Alta suciedad, basura de la Alta Suciedad,
no se puede confiar en nadie más.

Alta Suciedad, Alta Suciedad. 

Intentaremos desentrañar y descifrar, mínimamente, a que podría estar refiriéndose el astro argentino en la letra de esta formidable e indestructible canción, la cual canta Andrés Calamaro con un tono vocal entre “pasota” y cáustico, opino yo.

Antes de que diese tiempo a interpretarse cualquier otra cosa, una polvareda de dimensiones épicas se desató ya con la primera estrofa de este single publicado en el año 1997. Efectivamente, se extendió la especulación de que la expresión “Alta Suciedad” supone una aguda burla de Calamaro hacia el LP Alta Fidelidad (publicado algo antes, también en ese año 97), el cual había grabado el icónico Charly García junto a la compatriota de ambos, la mítica cantante de folk Mercedes Sosa.

Además, el inicio de la canción que dice: “El campeón tiene miedo, tiene miedo de pegar, no se quiere romper las manos, porque tiene que cantar”… ¿podría resultar un desafío de un nuevo aspirante a liderar el rock argentino y que considera que el antiguo campeón ya empieza su decadencia? ¿O qué es lo que nos quiere comunicar, exactamente, Calamaro en esta primera estrofa acerca de ese enigmático boxeador??

Tal vez, se deba tener en cuenta, primeramente, que con ese sofisticado paso adelante en su propia carrera que es el LP Alta Suciedad, de 1997, Calamaro arrasó en ventas en Iberoamérica, sobre todo, en España y en la propia Argentina; disparándose hasta los 700.000 álbumes (históricamente, solo superado en cifras, entre sus compatriotas rockeros, por el 1.100.000 copias del álbum El amor después del amor de Fito Páez).

Como guinda, el LP Alta Suciedad obtuvo también una innumerable cantidad de reconocimientos del público y los medios que lo auparon al Top-10 de las listas de preferencias.

Por contra, en dicha década noventera, Charly García estaba atravesando un bajón de popularidad y unas muy bajas ventas de sus trabajos, tras sus continuos años de sonados triunfos en los años 70 y 80; además de arrastrar problemas con los estupefacientes, desde hacía tiempo.

Así que los interrogantes desfilaban y se repetían. ¿Se estaba produciendo, entonces, un relevo natural en el máximo trono del rock argentino? ¿Se resistía el prolífico rey a que un osado y aventajado aspirante le despojase de su privilegiada posición, ganada la misma durante tantos años?

Sin embargo, antes de formular conclusiones alternativas, debemos abordar la principal cuestión: ¿cómo se originó toda aquella descontrolada controversia asociada a la canción Alta Suciedad?

La historia viene de cuando Andrés Calamaro y Charly García se conocían desde 1978, de los muy ricos y muy creativos ambientes musicales de la Ciudad de Buenos Aires. El primero era una firme promesa que empezaba a despuntar con el grupo Raíces y el segundo, al igual que Edelmiro Molinari, David Lebón, Luis Alberto Spinetta o Pappo (entre otros), ya era una mega-estrella en Argentina y en aquel instante, el mismo García estaba disolviendo a los interesantísimos La Máquina De Hacer Pájaros y formando los colosales Serú Girán.

Durante aquel decisivo año 78, casualmente, se jugaba el Mundial de Fútbol en el mencionado país sudamericano y ésto fue algo que también marcaría, artística, social y culturalmente, a nuestro protagonista de hoy y, naturalmente, a todos los argentinos.

Ya habiéndose hecho bastante colegas ambos, un consagrado Charly, en el año 1984, produjo al joven crack Andrés y lo auxilió y apadrinó con el disco debut en solitario de éste último, titulado Hotel Calamaro y éste le devolvió el favor tocando los teclados al servicio del propio García, en su grupo de acompañamiento Las Ligas. También, en aquella primera mitad de los años 80, el propio Charly había producido a la longeva y aclamada banda Los Abuelos de la Nada, donde, precisamente, también pulsó los teclados y fue prominente compositor el propio Andrés Calamaro; entre otros músicos.

Ya en 1986, el propio Calamaro, intentando ya encontrar un estrellato más propio y quizás, un sonido distinto, se independizó de ambas bandas y publicó, luego, un par de álbumes más él solo, es decir, Por mirarte (1988) y Nadie sale vivo de aquí (1989); con los cuales, sin embargo, no obtuvo mucho impacto comercial en su patria natal, en aquel instante.

Hacia 1990, ya afincado en España, formó los mencionados Los Rodríguez, comandando dicho proyecto junto al  “ex-tequila”, Ariel Rot y obteniendo un cuantioso éxito en la península ibérica hasta que esta banda se disolvió, en 1996.

Existía una gran camaradería entre los que yo mismo definiría como “Dos Diego Maradona del Rock Latinoamericano”, o sea, Charly y Andrés, cuando, a mediados de la década noventera, estalló un conflicto inesperado y muy áspero entre ambos gigantes. Concretamente, en 1996, Mónica García, la esposa de Calamaro desde 1992, se hizo muy amiga y cómplice del mismo Charly durante la grabación del tema Necesito un gol; perteneciente ésta al disco de éste último, Say No More. En dicha tonada también colaboraba a la voz precisamente Calamaro; todo ello situándonos en Madrid como escenario.

Aquella situación “triangular”, donde además ella fue musa para Charly, la interpretó Andrés como que su admirado amigo del alma se había estado acostando con su mujer. Aquel mismo fue el punto temporal donde se desencadenó una triste, imparable y descarnada guerra con insultos públicos y varias declaraciones explosivas por parte del histórico García (el cual negaba, rotundamente, aquellas acusaciones de infidelidad ) y con amenazas con un bate de beisbol por parte de Calamaro, además de algunas reyertas dialécticas adicionales entre ambos; reflejándose toda aquella agria batalla en los medios de comunicación argentinos, sobre todo.

Para avivar aún más el incendio, se dice que Charly, el cual ya había trabajado en su LP Clics Modernos (1983) junto con el antes mentado productor Joe Blaney, boicoteó la colaboración entre el propio Blaney y Calamaro para trabajar juntos en el LP Alta Suciedad y éste último se vio obligado a pasarle sus maquetas a dicho productor neoyorkino a través de otra persona, Mario Breuer.

Como añadido, otro de los popularísimos temas del LP Alta Suciedad, es decir, Flaca, parecía sugerir, en sus versos, un fuerte reproche de Andrés hacia su propia cónyuge Mónica García. Resultó que ésta, además, había asistido de espectadora a la grabación del LP Alta Fidelidad para ver tocar juntos a Charly García y a la mencionada Mercedes Sosa; una circunstancia ésta que acabó de enervar a su por entonces marido, en aquel agitado 1997 y de ahí la supuesta alusión de éste durante la canción que hoy nos ocupa, recalcamos.

Por su parte, después contraatacó Charly y éste criticó, negativamente, el propio disco Alta Suciedad (exactamente, lo calificó de “papafritada”) y es que lo mismo había hecho Calamaro con las obras de los años 90 del propio García. Sin embargo, referido a este combate entre estos dos pesos pesados, el idolatrado músico del extravagante bigote sobrellevaba mucho mejor este tipo de conflictos mediáticos.

Por fortuna, aquella feroz enemistad solamente duraría unos años y en 2009, comenzó cierto acercamiento público y un enfriamiento de las hostilidades entre dos de las varias leyendas musicales pertenecientes a esa Potencia Rockera llamada Argentina. Un conciliador Andrés Calamaro se encargó de dar el primer paso con comentarios públicos a favor de Charly García.

Un ejemplo de este armisticio sucedió en el año 2019, cuando uno de sus seguidores le preguntó directamente a Calamaro en el Facebook público de éste, si era cierto que le dedicaba la canción Alta Suciedad a Charly y el mismo Andrés respondió, con claridad, en esta misma red social:

“No es verdad”.

En esa misma ronda de preguntas de los aficionados, otro de los cuales le planteó que sí volvería a colaborar Andrés en alguna canción con Charly García, a lo que nuestro protagonista de hoy también comentó:

“Estoy para todo lo que Charly quiera o necesite”.

La estruendosa polémica de 1996 y 1997, entonces, parece quedar zanjada con estas frases esclarecedoras del porteño Andrés Calamaro, en dicho 2019.

Esas teorías sobre la supuesta y famosa “dedicatoria” podrían acabar de perder consistencia con la continuación de la letra de la canción, donde en el tercer verso parece que Calamaro recela de los banqueros, teme al “corralito” y, en el fondo, critica al capitalismo; insistiendo luego Andrés con ese provocador juego de términos entre “alta sociedad” y “suciedad”.

Como remate a todo ésto, en la segunda estrofa, se hace una alusión (quizás, alegórica) a la película infantil Babe, el cerdito valiente (1995) y podría ser que, en su opinión, al cantante y teclista argentino no le da mucha seguridad que alguien intente ser lo que no es, a pesar de que el noble gorrino protagonista de dicho film desafíe todas las convenciones y supere sus propios límites como moraleja original de aquella cinta para el celuloide.

En definitiva que, aunque las estrofas cogidas una por una aparentan no estar relacionadas entre sí, el conjunto de esta canción, tal vez, podría expresar una total desconfianza de Andrés Calamaro hacia toda persona que le hubiera traicionado, en aquel 1997; aunque ¡cuidado! nunca queda claramente especificado hacia quiénes iría dirigido el mensaje y podría, quizás, ser solamente un sentir general y/o artístico del intérprete, en ese instante del año 97. Ahí ya entra en juego la interpretación de cada oyente, como ocurre con las letras de tantos y tantos artistas.

De lo que no cabe duda es que el vigoroso e intenso tema titular Alta Suciedad y el resto de extraordinarias canciones que la siguen en ese LP, suponen un absolutamente crucial punto de inflexión en la trayectoria de este genio musical, nacido en esa cuna musical que es la Metrópolis Buenos Aires; apuntalamos para terminar este informe.

Escrito por Txus Iglesias para Rock Culture Magazine