Crónica: Cheeto’s Magazine y Nomad’s Grin en Valencia

NOSTALGIA ACALLADA EN VALENCIA

La crónica de Cheeto’s Magazine y Nomad’s Grin en Valencia

Cada vez está más claro que estamos viviendo los últimos coletazos de una generación de bandas que han llevado un concepto musical nostálgico como el progresivo a nuevas cotas. Como si de una explosión se tratase, está edad de plata ha provocado que ahora mismo muchas bandas cojan influencia de Leprous, Steven Wilson, Dream Theater para hacer su obra y es más fácil encontrar grupos con elementos progresivos (compases irregulares, síncopas, desarrollos largos de ideas simples, etc…) que grupos cuya obra esté profundamente ligada a un sonido que siempre se ha asociado al sonido más cánon, si esto existe, del progresivo (teclados, sintetizadores, suites largas, secciones vocales, etc…). Por suerte, y para los más nostálgicos, tuvimos una ración suculenta de estos elementos el pasado sábado en Valencia, en la sala Magazine, gracias a Cheeto’s Magazine. Pero como diría Jack el destripador, vayamos por partes.

Abrieron la noche Nomad’s Grin. Lo hicieron puntuales en una sala que mantuvo una audiencia de entre 50 y 70 personas durante toda la velada. El grupo, que oficialmente solo ha sacado una demo en 2016 (se puede escuchar aquí: https://nomadsgrin.bandcamp.com/releases), es un buen ejemplo de banda que toma elementos de distintas vertientes para componer música, y a partir de ahí construyen un universo sonoro, que bien es potente y definido, tal vez sea poco identificador y reconocible. Las composiciones de la banda toman los sintetizadores y los teclados como una base atmosférica para construir los temas a partir de la repetición de leitmotivs en la guitarra; pero, además, también dejan de lado esta corriente más post para adentrarse en un estilo mucho más rockero con riffs caóticos por bandera haciendo reconocibles las influencias de The Mars Volta o The Physics House Band. La banda mostró un sonido muy sólido, especialmente en secciones completamente caóticas en las cuales es muy difícil mantener un sonido definido, y lo hicieron. Además, mostraron con tempo muy trabajado, compartiendo la responsabilidad entre todos y liberando al batería de esta tarea, lo cual es muy positivo, ya que durante gran parte del concierto las composiciones bailaron, también gracias a los tempos ternarios o subdivisiones ternarias de las que hacía uso Nomad’s Grin. Esto ayudó a que el público se metiera en el concierto, pero se notó que la banda no está muy acostumbrada a los escenarios y no supieron aprovechar, en pos de ejecutar las canciones correctamente (que lo hicieron genial), esa energía de la audiencia para convertir el bolo en una experiencia transcendente. Aun así, la banda demostró que tienen mucho futuro, especialmente gracias a que suenan muy empastados entre ellos, y con un poco más de desparpajo seguro que consiguen hacerse un hueco en la escena del país. Tenemos muchas ganas de escuchar material nuevo.

Tras unos minutos de pausa en los que los integrantes de Cheeto’s Magazine se ataviaron con su habitual mono de trabajo, un maillot monocolor (que fue transformándose en bicolor por culpa del sudor) para llenar de colores una sala con una iluminación pobre. La banda, como ya hemos dicho, tiene un estilo clásico usando todos los clichés del sonido más característico del progresivo: sintetizadores, secciones de teclados, solos épicos de guitarra, suites interminables, orquestaciones vocales, etc… todo mezclado con la mirada que tiene la banda sobre la música, que es la de eliminar todo rastro de seriedad de un tipo de música que siempre se ha caracterizado por ello y dotarla de recursos cómicos y autoparódicos. Y lo demostraron desde el primer minuto. Comenzaron con Chilli Guillermo, uno de los singles del nuevo disco, Amazingous, y salvo por una mala ecualización en los primeros momentos, sonó realmente potente. Gracias a la epicidad de la composición, en la cual destaca el trabajo vocal de Esteban Navarro, consiguieron enganchar al público desde el primer minuto que ya se mostraba participativo. La siguiente canción fue Ready To Rumble (https://www.youtube.com/watch?v=ZBe6NC8nEGk) que muestra la vertiente más metalera del grupo y que permitió que los distintos integrantes interactuaran entre ellos con efusión para acabar en el maravilloso solo de guitarra de Manel Orella. Tras un respiro para los músicos, en los cuales Esteban aprovechaba para interactuar con el público pasaron la que ellos definieron “como la composición más proggy del último disco” y mi preferida: Outflow. Composición que resume muchas vertientes de la banda, un apartado vocal magnífico con Matias Lizana a los coros, recursos cómicos que le dan pausa al conjunto (como el maravilloso Trompeto), riffs con todos los integrantes al unísono y una pausa dar pie a un final magnífico, la canción perfecta para conocer a Cheeto’s Magazine (https://www.youtube.com/watch?v=_cvHWHGX1Ig).

Tras esta primera sección del concierto, en la cual presentaron 3 canciones del nuevo disco, la banda interpretó uno de los himnos del metal mundial: Du Hast, y es difícil pensar una canción más robótica y machacona en la historia, o, dicho de otra manera, una canción que pegara menos con el estilo de Cheeto’s. Así que, tras una rearmonización, un cambio a subdivisión ternaria y una dosis de humor, la banda procedió a mostrar su versión. ¿El resultado? Una oda a la parodia y a la chanza musical, eso sí, sin descuidar la ejecución de la canción. Uno de los mejores momentos del concierto, sin duda.

Tras esta “pausa” de avituallamiento para volver al universo intrincado del último disco con más fuerza, los 5 parchises, interpretaron Cheese Cheater, el otro single que se presentó antes del lanzamiento del disco, que funcionó muy bien de bisagra para encarar las dos últimas composiciones, Big Boy y Nova America, de 25 minutos cada una. La primera es la apuesta más arriesgada del último disco, y aunque sonó realmente bien teniendo en cuenta la complejidad de la misma, hubo una sección, hacia la mitad de la canción que fue el único momento en el que se notó a la banda sin fuerza y sin rumbo, aunque luego se recuperó maestralmente con un solo del bajista Alex Marqués para un magnífico final, el más épico para mi gusto de la banda, en el cual ya se veían exhaustos a los intérpretes.

Y para acabar, y gusto del público, como ya hemos dicho, Nova America, un clásico del rock progresivo hecho en nuestro país, que nunca está de más. Una pieza muy larga, pero como cuenta con tantos detalles y las transiciones entre las secciones están tan bien trabajadas, no se hace larga. Y como además se nota que los músicos están muy seguros con la misma, la interpretación es insuperable. El momento anecdótico de la tarde fue que, y como luego reconocieron Cheeto’s entre bastidores fue la primera vez que no lanzaron Cheetos al público, “por problemas logísticos” durante la misma. Además, hubo una pausa cerca de la mitad de la canción en la cual se presentaron a los dos nuevos integrantes de la banda para que ejecutaran un solo de bajo y de batería. Alex Marqués y Gerard Sala hicieron patente su calidad, ya demostrada durante toda la velada, en un contexto en el que sus dos papeles son más notorios. Una forma perfecta para acabar un gran concierto que duró cerca de dos horas y sirvió para acallar la nostalgia de los presentes de escuchar grupos con sonido tan clásico como Cheeto’s Magazine pero con una nueva dimensión, la frescura de la que los Cheetos tienen a raudales. ¡Larga vida a los Cheetos!

 

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