El pasado sábado, en Madrid, la sala But fue la encargada de acoger la edición del Kriston Fest 2024; festival que lleva ya varios años afianzado en el panorama del Stoner y géneros afines. Este año, además, el Kriston Fest volvió a sus raíces, presentando el mismo cartel en Bilbao; aunque pudimos disfrutarlo en cada una de las ciudades un solo día.

Inicialmente, el cartel reunía a Monster Magnet, Unida y Masters of Reality, pero a meses del festival, Pentagram entró en escena para sustituir a los últimos (grata sorpresa y cero quejas aquí, ya que no es común que las sustituciones sean de ese nivel).

Unida

A las 18:30 ante una sala But considerablemente llena, los californianos Unida inauguraron el festival, acompañados por una proyección psicodélica como telón de fondo. Unida es conocida por haber sido fundada en 1998 por John García, vocalista de los icónicos Kyuss, tras la disolución de dicha banda en 1995.

Lamentablemente, John García, lo que hubiese sido un aliciente para muchos asistentes, no pudo asistir al estar ocupado en su proyecto Hermano, por lo que el papel de vocalista fue asumido por Mark Sunshine. Aunque su tono difiere considerablemente del de Garcia (en ocasiones pareciera que asistíamos a un concierto de hard rock más que a uno de Stoner), Sunshine demostró ser un frontman competente y con un estilo propio. Su control y energía en el escenario fueron especialmente notables, spoiler superando incluso en este sentido a las actuaciones posteriores de la noche. Sunshine estuvo respaldado por los miembros originales: Arthur Seay a la guitarra y un genial Mike Cancino en la batería, y por Owen Seay al bajo, completando una alineación que sigue siendo fiel al sonido que los definió en sus inicios.

El setlist de Unida incluyó temas clave de su carrera, como If Only Two o Wet Pussycat, canciones que forman parte de su único álbum oficial lanzado hasta la fecha, Coping with the Urban Coyote. Además, presentaron nuevo material como Sweet Surprise, que, aunque se aleja un poco de su estilo original, mantiene la esencia desértica que caracteriza al grupo.

Pentagram

Tras una pausa brevísima, aparecía el mítico Bobbly Liebling en el escenario, portando collares con pentagramas y la cruz de Leviatán, y un cinturón (chulísimo) decorado con el nombre de la banda.

Fundada en 1971 en Maryland por el propio Liebling, la banda ha sido un pilar fundamental y gran precursora del doom metal desde sus inicios. Su sonido ha influido a innumerables grupos a lo largo de décadas, ayudando a definir la estética del género y dejando una huella indeleble en su historia y desarrollo.

A pesar de sus 70 años y de largas batallas con sus adicciones, retratadas, por si alguien no lo ha visto aún, en el documental “Last Days Here”, Liebling dio una lección de ganas, de dedicación, y especialmente, de personalidad. Y es que era absolutamente imposible dejar de observar sus movimientos de cadera (sí, sus movimientos de cadera) o tratar de apartarle la mirada cuando parecía que la fijaba, entre hipnotizado, poseído o quizás loco, en cada uno de los que estábamos allí. Y es que, de alguna forma, Liebling consiguió que por un momento pareciera que el tiempo no había pasado, y que el ambiente, oscuro e inmutable, de alguna manera evocara aún la esencia de los primeros años del grupo.

Acompañado por un increíble Tony Reed en la guitarra que protagonizó varios solos junto a los pseudo bailes de Liebling, Scooter Haslip en el bajo y Henry Vasquez en la batería, Pentagram incluyeron clásicos como Starlady, The Ghoul, Review your Choices o los disfrutadísimos himnos Forever My Queen y 20 Buck Spin, reafirmando la relevancia de Pentagram en la escena.

Durante el concierto, además, la banda anunció que están trabajando en su primer álbum en diez años, e intepretaron bastantes temas inéditos (los cuales, no sonaban nada mal) como Sociopath o Live Again.

Cabe destacar, por último, la cercanía de Pentagram, a pesar de ser un grupo tan reconocido. Y es que Liebling, en cuanto terminó la actuación, aprovechó para bajar al público a saludar a los asistentes, y pudimos ver a la banda a la salida del recinto sacándose fotos y hablando con los que nos quedamos por allí.

Monster Magnet

Monster Magnet cerraron el festival habiendo generado ya muchísima expectación y con un acogimiento bastante superior al de las previas bandas, aunque adelanto que, personalmente, y considerando el estado actual de la formación, quizás hubiera estado mejor dejar a Pentagram para el final.

Fundada en 1989, Monster Magnet ha sido pionera del stoner rock, conocida por su enfoque experimental y su capacidad para mezclar rock psicodélico con la ciencia ficción.

En este ocasión pudimos presenciar al vocalista Dave Wyndorf sentado aquejado por problemas de salud, aunque trató de compensarlo durante todo el concierto tratando de mantener la conexión con los asistentes. Pero aún así, la sensación de dinamismo, obviamente, propia de Monster Magnet, se vio un tanto mermada.

La banda tocó varios de sus clásicos más queridos, incluyendo Dopes to Infinity y Negasonic Teenage Warhead (ambos de su aclamado álbum Dopes to Infinity), proyectando durante todo el set películas que ambientaban el concierto como «Werewolves on Wheels», «Eyes Wide Shut», o escenas de la película erótica «Ginger».

Mención especial a la interpretación (no llegué a contar los minutos que duró, pero me parecieron muchos) de Spine of God, casi a oscuras, y con las mencionadas proyecciones donde aparecía la actriz Cheri Caffaro, que contribuyeron a crear un ambiente, de alguna forma hipnótico.

El final llegó con la esperada Space Lord, en la que Wyndorf, pidiendo al público que coreara el icónico “Space Lord Motherfucker!” como si con ello pudieran «curarle», demostró que, a pesar de las dificultades físicas, Monster Magnet siguen siendo bastante queridos.

Tras esta edición del Kriston Fest, los seguidores del género, si pudiésemos pedir un deseo, sería que ediciones de varios días pudieran repetirse en la capital, con una mayor inclusión de bandas (ver a Pentagram ha sido un verdadero lujo), aumentando la presencia del género en la capital. Y esperamos muchísimo que pueda hacerse realidad.