Crónica | Harakiri for the Sky, Heretoir y Cartesian Ghost en Murcia: «Los demonios internos que necesitan salir»

Aún con resaca emocional por lo vivido y habiendo finalizado hace escasas horas la gira, escribo estas líneas. No tengo duda de que, aunque esta crónica sea de una fecha concreta, en cada ciudad, se podrían recrear estas líneas propias sin variaciones.

Hay muchos conciertos a lo largo de tu vida, infinidad de festivales, pero hay pocas fechas de las que presumir como si de una cicatriz que te mantiene vivo se tratase. Esta herida, viene de la mano de Deathlight Music, quienes han sabido aderezar las fechas con propuestas disruptivas y extremas, mezclando grupos que, aunque de estilos dispares, comparten una atmosfera común.

Las 21:00 de la noche y una Sala Gamma alejada del tumulto del centro, son el combo perfecto para una noche como esta. Con un buen aforo, pero dejando espacio para disfrutar de la sala en cualquier punto sin agobio, era posible incluso ver a componentes de los grupos paseando entre el público antes de comenzar.

Desde el primer momento se notaba por parte de la organización un mimo especial a la ambientación y al sonido. Estos son los dos pilares para disfrutar de un evento así, y debo decir, que se superó cualquier expectativa. Una calidad de sonido milimétrica, que ni en primera fila, dejaba margen al fallo, con un juego de luces entre tonos cálidos y fríos, que se sabían cuando no hacer presencia para mantener la intimidad.

Cartesian Ghost: sin barreras ni pretensiones de encasillar el sonido

Abrir la noche, a tan solo media hora de la apertura, era tarea de la nota disonante y necesaria de la gira. Cartesian Ghost nos traen un aire contundente que mezcla su faceta más melódica y progresiva, sin barreras ni pretensiones de encasillar el sonido.

Sin duda, sobre el escenario son un grupo que disfrutan de lo que hacen y se comprenden entre ellos. Con casi una hora, pueden hacer repaso a su reciente disco Lux Arcana, el que nos deja temas memorables como The fear of blood, con ese aire místico del que parece que cuenta una historia de sufrimiento en primera persona; o el constante desgarro de vaivenes que es In a Manger, con esa mezcla perfecta de instrumentales que mantienen la tensión durante todo el tema.

Como punto álgido quiero destacar Feeding on my bones, tema que resume la propuesta del grupo y todos los atisbos de influencias que tienen sus componentes. Si existe un manual de como romper en un tema en lo más alto y llevarlo a su lado más emocional, para de nuevo explotarlo, este es un ejemplo.

Hace una semana tuvimos el placer de charlar con ellos antes de comenzar la gira, por lo que, os recomiendo a todos los que leáis estas líneas que vayáis a escucharlos y fundáis Lux Arcana hasta sacar cada detalle del disco.

Heretoir: de la agresividad desmedida hasta la tranquilidad más absoluta

Continuando la noche en torno a las 22:30, el profano sonido del blackgaze tomaba la sala entre silencio y luces bajas. Si en algo puede presumir este género, es pasar de una agresividad desmedida hasta la tranquilidad más absoluta, envolviendo a quien lo escucha.

De este modo comenzaba Heretoir lanzando su Exhale; medios tiempos casi agónicos, que dejan rebotar el sonido de la batería en el ambiente a cada golpe acompañado solamente de los desgarros de las voces; dejando paso dentro de la misma a partes completamente limpias y armónicas.

Aunque si de esto último tengo que mencionar un tema de la noche, es Golden Dust, plagada de riffs hipnóticos con las líneas de voz melódica que nos evocan la rama más cercana al shoegaze que tiene el grupo. La pasión de Eklatanz en cada estrofa, no pasa desapercibida. Siempre al frente pendiente del público y, en ocasiones, dejándose llevar por la canción y cantando a capella, olvidando deliberadamente que no está delante de un micrófono.

En cuanto al sonido es imprescindible destacar que, aunque sin bajo físicamente sobre el escenario, mantienen su figura con una formación con tres guitarras. Esta propuesta es un acierto, ya que realmente consigue crear un ambiente propio, armonizando con esa falsa sencillez las distintas líneas de guitarra, creando esa magia propia del género.

Ejemplo claro de como esta propuesta funciona, es en temas con más influencia del doom como Wastelands, donde la profundidad se mantiene con múltiples capas de guitarras, que se solapan entre sí y brillan en las líneas con tintes depresive.

Algo que mantiene Heretoir en directo es recrear la misma intimidad del estudio en cada uno de los temas, dejándote la sensación de que estas solo, aun estando rodeado de personas. Mirando a tu alrededor, era innegable que, aunque juntos, todos estábamos separados, pero con un mismo punto en común.

Harakiri for the Sky: las aristas más oscuras de la personalidad y nuestro lado más humano

Llegadas las 23:30, las aristas más oscuras de la personalidad y nuestro lado más humano, toman forma de la mano de Harakiri for the Sky. Sin mediar palabra, solamente con la melodía de I, Pallbearer, abrieron bajo los gritos de la gente coreando cada nota.

Un directo como este, solo se puede entender desde una nueva perspectiva, en la que el grupo no interactúa al uso con el público, si no que da lo que su música y letras piden, introspección. El mejor modo de definirlo, es escuchar de nuevo el álbum, pero con quien le ha dado forma delante, haciéndolo parte de ti.

Hay emociones, que todos, hemos sentido y podemos ponerle fecha y nombre. Sing For The Damage we’ve Done es quien pone la música y la letra, donde el público se entregó, incluso coreando la parte que Neige de Alcest tiene como colaboración en la misma haciendo sentir que estaban presente.

Mantendré siempre que JJ, no canta, revive. Se mantiene inmerso en cada letra, dando la espalda al público cuando no es su lugar o incluso cantando contra la pared, quitando protagonismo a su presencia. No son letras, son las escarificaciones que nunca curan del todo.

No puedo dejar de hacer hincapié en dos temas concretos: por un lado Funeral Dreams se abre paso como una apisonadora en medio de la noche, con una agresividad tan melancólica que es imposible no dejarse la voz. Por otro lado, Calling the Rain pasa sobre nosotros como un instante, aún con sus más de diez minutos, dejando un aura de tristeza impregnado en el ambiente.

Es difícil ver interacción entre sus componentes, y aunque Matthias a la guitarra esté siempre pendiente del público de un modo indiferente, rara vez se le ve cruzar siquiera la mirada con JJ. Esta relación no es diferente con el resto de la banda, que aun siendo miembros únicamente en directo, cumplen con la esencia del grupo a la perfección.

A Song to Say Goodbye de Placebo, incluida como versión de su último disco, fue la responsable de cerrar la noche. Incluir una cover en un setlist siempre es algo arriesgado, salvo que esta cumpla con un requisito básico: hazla tuya y que nadie recuerde que es una cover.

Una estrategia perfecta que deriva la atención del escenario: mientras JJ se baja al público en los últimos instantes de la canción, andando hacia el final de la sala cantando, deja margen para finalizar el concierto tal como comienza, completamente en silencio y sin luces.

Una cosa que necesito valorar, alejados de la música o del espectáculo, es el trato humano. Antes de comenzar o cuando termina un concierto, todos queremos apoyar a las bandas llevándonos su merchand, pero nunca esperas que sea el propio grupo quien esté ahí, para directamente interesarse por tí y si has disfrutado el concierto. Esta experiencia está al alcance de unos pocos y cierra el círculo de todo lo que supone un concierto.

Cada género tiene su público. Algunos solapan entre sí y otros, sin intención, son excluyentes. Pero si algo tienen en común, todos los seres humanos, son los demonios internos que necesitan salir. Por esto, no es posible ser totalmente objetivo cuando escribes sobre algo que te sale del alma, y está bien que sea así.

Tras noches así, seguimos igual de rotos, pero quizás, un poco más completos.