Crónica | Messa en Barcelona nos deleita con su scarlet doom.
Grupo: Messa Fecha: 28/10/2026 Recinto: Salamandra, Hospitalet de Llobregat (Barcelona) Organizador: Get Rock
Justo un año y cuatro meses después de su paso por la sala Upload, Salamandra acogía el esperado reencuentro con una de las bandas más inclasificables de la escena actual. Quienes ya conocíamos el poder de su directo teníamos las expectativas por las nubes.
Abrieron la noche los alemanes The Night Eternal presentando The Veins of Time. El quinteto —que acompaña a Messa en esta gira y a los que más tarde se pudo ver entre el público disfrutando de sus compañeros de cartel— cumplió con muy buena actitud con su heavy metal clásico. Aunque no se colgó el cartel de sold out, había un gran ambiente en la sala y ambas bandas agradecieron la enorme asistencia «a pesar de ser miércoles». Quizá la propuesta de los alemanes no terminó de encajar del todo con el público del doom, más enfocado a otros matices, pero lograron calentar bien la pista.
Luego llegó el turno de Messa. Aunque ya van por su cuarto disco, a muchos nos atraparon con The Spin (2025, Metal Blade Records), uno de los mejores descubrimientos del año pasado. Verlos en directo es siempre una experiencia muy personal; Sara Bianchi te adentra en su mundo, en sus monstruos y en esa forma tan visceral de retratar cómo nos devora la vida.
Empezaron con Babalon, de su primer EP Belfry (2016). Con ese riff lento y pesado y el verso «the day had come, oh lord, it’s a new dawn rising» que se repite en el estribillo, dejaban claras sus intenciones desde el primer segundo. De ahí pasaron a Fire on the Roof dándole la chispa inicial necesaria al concierto, y a la energía de At Races, que entró como un pistoletazo de salida y al galope. Como en casi todo su repertorio, la canción frena en seco, se vuelve íntima y pausada, mezcla unas gotas de jazz, blues o incluso destellos de black metal, rematando con un solo increíble y la voz cristalina de Sara desgarrándote por dentro.
Siguieron con The Dress y sus fantasmas «ready to feed, eating my heart», fundiendo pasajes de jazz con un ritmo de batería oscuro y un solo de guitarra directo al pecho. Thicker Blood mantuvo esa misma línea. Con Messa pasa una cosa: como cada tema transita por mil fases, es complicado resumir cómo reacciona el público en cada cambio de ritmo.
Aquí llegaba un solo de guitarra y toca hacer una mención especial a Alberto Piccolo. Su trabajo durante todo el concierto es descomunal; se nota que es gran parte de la columna vertebral de la banda (que por cierto, tiene un proyecto en solitario que habrá que investigar).

Con Pilgrim nos llevaron de vuelta a su anterior disco, Close (2022), dando pie a Rubedo, el tema más célebre de ese trabajo y que consiguió volcar a toda la sala con ellos.
El momento cumbre llegó con Immolation. La voz hipnótica de Sara brilló al máximo en medio de un silencio absoluto, profundamente respetado en una sala abarrotada. Escucharla cantar sobre curar la herida de una daga y pedir que se esfume ese peso es un privilegio tremendo de presenciar.

El giro vino al enlazar dos temazos de The Spin (el análisis de ese disco da para otro artículo): Reveal —cuyo riff inicial nació de un sueño del que el guitarrista despertó de madrugada para grabar. Moraleja: grabad vuestras ideas nocturnas, cuántos riffs se habrá perdido el mundo por confiar en la memoria… y Void Meridian, con esa poesía sobre el desgaste cotidiano coronada otra vez por la guitarra de Piccolo.
Para rematar y por sorpresa, cayeron los acordes de Snakeskin Drape, uno de mis temas favoritos de Feast for Water. El cierre perfecto para una metamorfosis en la que se quema tu piel pero con la sensación de haber explorado hasta la última capa de tu interior.
El directo de Messa es un juego constante de contrastes: los pasajes limpios y delicados se rompen de golpe con guitarras pesadas, y las texturas de The Spin cobran una fuerza brutal sobre el escenario, muy por encima de la versión de estudio.
No se dejan un rincón del alma humana por explorar ni una fibra por conmover. Al final, se consolidan como lo que son: un rara avis que, si en disco es una maravilla, en directo te deja completamente K.O.







