Crónica, opinión y fotos Birds in Row+Trono de Sangre (Madrid)

Como ya pudimos comprobar hace un par de horas en nuestra entrevista, Birds in Row no son como cualquier otro grupo. A causa de su particular ‘ethos’ y su forma de entender la música, en un concierto suyo podemos ver cosas que no solemos ver en la mayoría de shows. Por tanto, este artículo no va a ser una mera crónica, también tendrá su parte crítica en relación con su forma de ser como grupo. Por supuesto, no por ello os dejaremos de contar lo acontecido en su concierto en Madrid

TRONO DE SANGRE

Los primeros en subir al escenario de la Sala Wurlitzer fueron los increíbles Trono de Sangre. Era la primera vez que estrenaban esta nueva formación con cambio de guitarrista Trono de Sangrepor lo que el público tenía muchas ganas de ver qué tal sonaban. El resultado fue muy satisfactorio tanto por la presencia en el escenario como por el sonido. Este se caracterizó por ser muy sólido y ya  desde el primer momento puso al público a su favor. Trono de Sangre hicieron una interpretación de sus temas más clásicos como Crepúsculo de los Dioses, Mona Lisa, Los Restos del Naufragio o El Bosque. Su sonoridad dura y su energía en todas las canciones fueron el punto álgido de su show. También cabría mencionar que presentaron canciones nuevas que esperamos ver pronto grabadas y en formato físico. Con su conocida Jugar con Cristales se despidieron del público dando las gracias a todos los presentes.

Trono de Sangre

 

BIRDS IN ROW

Birds in Row son una banda francesa categorizada como hardcore punk. Como ya os contamos en la entrevista, son un grupo muy peculiar por su posición ante determinados ámbitos del mundo de la música. Straight Edge, convicciones políticas y la necesidad de romper barreras creadas utilizando la música son algunos de los ingredientes de esta composición. Por ejemplo, una de las cosas que nos pidieron expresamente fue no utilizar sus caras en las fotos que hiciéramos, tanto en el concierto como en la entrevista. Esto se debe a la necesidad de no querer convertirse en figuras y que su música sea valorada por la imagen. Si la música es música no se debería rendir culto a la imagen de los artistas.

Otra de las peculiaridades es buscar la ruptura de la relación de poder entre el artista y el público. Birds in Row buscan equiparar esa situación tocando a la altura del público, no subidos en la tarima como el resto de los grupos. Ya nos comentaban que dado que más y más gente acudía a sus shows se vieron obligados a volver a colocarse en una tarima para que todo el mundo pudiera ver el concierto desde lejos.

También es curioso comentar su situación con el merchandising. Muchos grupos entienden el ‘merch’ como una forma de financiar el proyecto de la banda. Otros incluso lo llevan más lejos y tratan de ganar dinero, como si de una empresa se tratara. Birds in Row rechazan esa visión. Por el contrario, ofrecen una política de ‘Paga Lo Que Quieras’ confiando en la buena voluntad de la gente de cada ciudad en la que tocan. El dinero conseguido de esta forma es utilizado en poner gasolina en su furgoneta, sin más pretensiones. Tal y como nos dijeron en la entrevista, ellos no hacen música para vender camisetas.

Tras esta algo extensa descripción de la filosofía de la banda, es más sencillo hablar de su música y de su directo. El concierto en la Wurlitzer fue absolutamente espectacular. Lo primero en destacar es la puesta en escena íntima y preciosista. Careciendo de los típicos focos, la banda opta por unas luces dispersas en todo el escenario que dan un toque alegre y cálido al mismo tiempo que juegan con el contraste de un fondo iluminado y los músicos en la penumbra. De esta forma se genera un entorno en el que evitas fijarte en los músicos al mismo tiempo que te resulta agradable la estancia.

Presentando su notable disco We Already Lost the World, pudimos escucharlo prácticamente íntegro. Se sumaron temas como You, Me & The Violence de su disco homónimo u O’ Dear de su pasado Personal War (2015). Las canciones más disfrutadas fueron sin duda su potente Love is Political, 15-38 y, en especial, We vs Us y I Don’t Dance, temas con los que cerraron un show espectacular.

El sonido fue algo absolutamente sublime. Si por lo general la mayoría de conciertos en la Wurlitzer pecan de un sonido bastante sucio y poco definido este fue totalmente la excepción. Esto se debe en su gran mayoría al equipo que traían, de muy alta calidad, cosa que parece ser marca de la casa en todas las bandas de Deathwish.

En general las sensaciones recibidas fueron muy satisfactorias. El contacto con el público fue enorme, apoyado con grandes speeches de su frontman. Es más, incluso animaron al público a quedarse un rato más en la sala tras la finalización del show para conversar con la banda e intercambiar opiniones acerca de música, sus trabajos o de la experiencia vivida. No deja de ser otra rareza de una de las bandas más impresionantes y rompedoras que he escuchado últimamente.

A modo de conclusión, creo que es importante remarcar la forma de trabajar de esta banda. No es algo baladí puesto que si más bandas toman ejemplo podríamos estar ante una auténtica revolución en la forma de entender la industria. Muchas bandas más modestas han tratado de subvertir valores tradicionales cambiando las relaciones establecidas. Si esta filosofía la tomaran bandas algo más grandes, podríamos experimentar algo bastante interesante.

El hecho de tratar de acabar con la sacralización del músico, con ese poder que los convierte en intocables y semidioses, es un punto a destacar. Este hecho también enfatiza la comunidad que se crea en la música. Si dejamos de ver a los artistas como algo superior y los tratamos como realmente son, personas, nos daremos cuenta de que el arte es una actividad meramente humana. Esto lleva a la conclusión inevitable de que, si todos somos personas, todos tenemos capacidad creativa, igual que la persona que tenemos enfrente. Tal y como nos comentaron en la entrevista, probablemente muchas de las personas que estaban entre el público tenían una banda, hoy ellos estaban viendo a Birds in Row y mañana Birds in Row podrían estar entre el público viendo a su banda.

La conclusión es: ¿qué cambia eso? Absolutamente todo. No existe una relación vertical entre las bandas, sino horizontal. Llegamos a la esencia de la actividad a realizar, creamos música y la compartimos, sin nada más.

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